domingo, 5 de septiembre de 2021

RUTA POR VALDELAGUNA

 

Ruta de las fuentes. Mosaico de paisajes.

Si algo sorprende cuando viajamos por algún pueblo de la Comarca de las Vegas en la Comunidad de Madrid, es su variedad de paisajes y ecosistemas.

Cualquiera que se dé una vuelta por alguno de sus sugerentes pueblos como Colmenar de Oreja, Belmonte de Tajo o Estremera, podrá disfrutar de paisajes tan variados como zonas de cultivo (cereal, olivo y vid), manchas de monte mediterráneo, pinares de repoblación, bosques de ribera y humedales.


(En la zona Sureste de la Comunidad aún podemos encontrar restos del antiguo encinar manchego que cubría antaño gran parte de su territorio).

No es de extrañar que este patrimonio natural haya motivado el proyecto de proteger el Valle del Tajuña como parque regional, impulsada por asociaciones ecologistas como Ecologistas en Acción, Arba o El Soto.

Todo esta variedad de ecosistemas, algunos de ellos en buen estado de conservación, repercute en la variedad ornitológica, encontrándonos en la Comarca de las Vegas aves tan escasas e interesantes como águila perdicera, sisón, avutarda, ganga ibérica, o bigotudo.

Una de las rutas más interesantes de la zona Sureste de la comunidad es la ruta de las fuentes, en el pueblo de Valdelaguna.


(Cartel indicativo de la ruta de las fuentes en Valdelaguna).

Esta ruta tiene un alto interés paisajístico, medioambiental y etnográfico. Paisajístico por su variedad de ecosistemas, medioambiental por su riqueza en aves y anfibios, y etnográfico porque visitaremos tres fuentes rehabilitadas, que son refugio para la cría de anfibios.

Durante nuestro recorrido atravesaremos zonas de cultivo, manchas de monte mediterráneo, e incluso un pequeño bosque de ribera, en el área recreativa de Valviejo.


(Bosque de ribera en el área recreativa de Valviejo, en Valdelaguna).

Esta riqueza y calidad de ecosistemas redunda en la variedad de aves que podemos ver a lo largo del recorrido, con especies como oropéndola europea, alcaudón real, collalba rubia, curruca cabecinegra, culebrera europea, águila calzada, busardo ratonero, colirrojo real, o mosquitero musical.

Como anécdota decir que el gentilicio de los habitantes de Valdelaguna es valdeguneros o “abubillos”.

Visitaremos las fuentes de la Tejera, María y Valviejo esta última en un  área recreativa que cuenta con bancos y mesas de madera, y columpios para los niños.

Las fuentes han sido restauradas, y se les ha habilitado unas rampas de piedra a los anfibios para entrar y salir de ellas sin problemas. Y en el área recreativa de Valviejo se ha construido una charca artificial para ellos.


(Fuente de Valviejo).

Durante la ruta nos cruzaremos con el antiguo trazado ferroviario que unía Morata de Tajuña con Colmenar de Oreja, y que coincide con una ruta más larga, la del páramo a la vega, que transcurre desde Colmenar de Oreja a Perales de Tajuña.


(Antiguo trazado ferroviario entre Perales de Tajuña y Colmenar de Oreja).

La ruta propuesta es una ruta circular de 10 kilómetros y 3 horas y 30 minutos de duración, de dificultad media.


(Ruta circular de dificultad media por Valdelaguna. Google maps).

Ficha técnica de la ruta.

-Tipo de ruta: circular.

-Dificultad: media.

-Punto de inicio y fin de la ruta: cruce con carretera M-315.

-Duración: 3 horas y 30 minutos, con paradas para ver aves.

-Distancia: 10 kilómetros.

-Desnivel: punto más alto, 769 metros. Punto más bajo, 677 metros.

-Época recomendable: todo el año.

Cómo llegar a Valdelaguna.

-En coche: coger la A-3 Madrid-Valencia hasta la salida 41. Luego tomar la M-317. 30 minutos.

-En autobús: línea 337 Madrid (Conde de Casal)-Valdelaguna. Luego desde la Plaza del Ayuntamiento debemos andar unos 20 minutos al comienzo de la ruta. 1 hora y 10 minutos en total desde Madrid.

-En bicicleta: Coger el metro hasta Arganda del Rey. Desde ahí la vía verde del Tajuña hasta Perales de Tajuña, y desde este pueblo, tomar la ruta de la vega al páramo. 1 hora y 50 minutos.

Recomendaciones de la ruta.

-Aunque se puede hacer en cualquier época del año, Otoño y Primavera son las estaciones más recomendables. Si optamos por hacerla en verano, madrugar y evitar el sol del mediodía.

-Llevar agua, ya que el agua de las fuentes no es potable.

-Cómo vamos a visitar una zona de anfibios, extremar las medidas contra el hongo que los está diezmando.

-Llevar botas. En época de lluvias los caminos se embarran con facilidad, y hay zonas que el caminar se hace casi impracticable.

-Toda la ruta está señalizada. Un pequeño tramo coincide con la ruta del “páramo a la vega”. Aquí prestaremos atención para no despistarnos.

Este es el relato de una ruta que realicé los primeros días de Septiembre de 2021.

Esta era una ruta que tenía en mente desde hacía mucho tiempo.

Aprovechando mi estancia en Madrid, y que nos encontrábamos en pleno paso post-nupcial, no me lo pensé dos veces y cogí en primer autobús que salía para Valdelaguna.

El recorrido desde Madrid me dejó comprobar los destrozos que había provocado la “Dana” que habíamos padecido el día anterior. Los daños eran muy visibles desde Colmenar de Oreja a Valdelaguna, pasando por Belmonte de Tajo. Y aquello me presagiaba que las pistas de la ruta iban a estar muy embarradas.

Después de callejear por las calles del pueblo con un paseo agradable de unos 20 minutos, crucé el puente sobre la M-317 y llegué al punto de inicio de la ruta. Un cartel indicaba el comienzo.

La primera especie del día poco tardó en aparecer, un escribano triguero, cantando encima de un almendro.


(Escribano triguero. Emberiza calandra).

Comencé a dejar atrás unas naves industriales, y al acercarme a una valla metálica, vi posado un alcaudón real , que no pude echarle una foto. Tras este, salieron volando un pequeño grupo de urracas.

Tenía de frente unas magníficas vistas de los montes que rodeaban el pueblo. Poco a poco se iba levantando la bruma de la mañana, lo que hacía las vistas aún más interesantes.


(Paisaje de la ruta de las fuentes en Valdelaguna).

El camino comenzaba a descender, serpenteando, y ya se mostraban los efectos de las lluvias torrenciales. En muchas de sus zonas había grandes surcos, tierra arrastrada y piedras, y había zonas que era difícil mantener el equilibrio.

Al girar una curva muy cerrada, en un almendro sorprendí a un verderón común, acompañado de unos cuantos jilgueros europeos.

Muy despacio, y esquivando muchas grietas llegué al fondo del valle, donde el camino ya era un auténtico patatal. Las botas patinaban, y tardé en atravesar una vaguada porque las botas se quedaron clavadas literalmente en el barro.

A mi izquierda, había una zona una mancha de monte mediterráneo con coscojas y encinas. En una de ella, estaban posadas, varias palomas torcaces.

A mi derecha había una zona de barbecho, y un gran almendro. De él salió volando una gran rapaz. Con la bruma no distinguí de que se trataba, podía ser un azor o un ratonero, pero la luz era muy mala, y me quedé con las ganas de ver de qué se trataba.

Y al poco rato, apareció la primera sorpresa de la mañana. De mi izquierda salió volando lo que parecía una collalba. Tuve la fortuna de que se posará en el barbecho, y me llevé la grata sorpresa al comprobar que se trataba de una collalba rubia occidental.


(Collalba rubia occidental. Oenanthe hispanica).

Estuvo posada un rato, lo que me permitió disfrutar de su bonito plumaje, y sacarla un par de fotos.

Comencé el ascenso a la fuente Tejera. El caminó está de lo más impracticable. La lluvia había arrastrado grandes piedras, y a pesar de las botas, tenía que esquivarlas, si no quería acabar con un esguince de campeonato.

Tras un camino tormentoso por el barro y las piedras llegué a la fuente Tejera. Allí pude ver muchos renacuajos, y la rampa de piedra que habían puesto para la entrada y salida de los anfibios.

Aproveché para hacer un alto y beber un poco de agua, y mientras estaba calmando la sed, en un cercano chopo se posó un papamoscas cerrojillo, muy abundantes en esta época de paso.

Seguí en ascenso hacia la segunda fuente, y tras un largo camino, me sorprendió no ver ningún ave. Parecía como si de repente, se hubiesen esfumado todas de golpe.

Llegué a una especie de altiplano con unas magníficas vistas, que incluían la sierra del Guadarrama, e incluso a lo lejos las torres de la Castellana.

En un pinar junto a una zona de barbecho aparecieron dos cogujadas montesinas persiguiéndose, que cuando se cansaron, optaron por descansar en lo alto de la copa de un pino.


(Cogujada montesina. Galerida theklae).

Un poco más adelante, el camino tenía mejor firme, no había barro y además era en pendiente descendente, lo que hizo que en poco tiempo llegase a la segunda fuente, fuente María.


(Fuente María. Se puede apreciar la rampa de piedra para anfibios).

Allí había una zona con matorral y arbustos, así que decidí hacer una espera para ver nuevas especies de aves.

Primero fue el turno para un impaciente carbonero común. Luego le tomó el relevo un herrerillo común, y poco después apareció un festival de mosquiteros musicales.

Seguí avanzado ya que el sol comenzaba a estar muy alto, y el fresco de la mañana iba remitiendo. El camino hacía un giro brusco de 180 grados, para adentrarse en una zona de almendros.

En uno de ellos me llevé la segunda sorpresa del día, un bonito ejemplar de colirrojo real macho. Una pena no poder sacar una foto a esta bella ave.

En la zona de la derecha del camino, volvía a aparecer una mancha de monte mediterráneo, con una zona de arbustos cerrada, ideal para currucas, así que hice un alto en el camino y esperé a ver que salía. Allí añadí dos más para la lista, curruca zarcera, que estaba en paso, y curruca cabecinegra.

Llegué al cruce con la senda del páramo y la vega. Se podía ver el antiguo trazado de la vía a Colmenar de Oreja.

Había un cartel que indicaba a Valdelaguna, y me fie del cartel, y comencé a bajar. Al rato de cruzar una zona de viñedo me di cuenta de que me había equivocado de camino, así que decidí volver a subir, habiendo gastado muchas fuerzas por lo mal que estaba el camino, pero por lo menos reconfortaban las vistas desde arriba de este.

En lo alto de un coscojar, estaban muy activas un gran grupo de golondrinas comunes, que intuía que se estaban dando un buen festín con los mosquitos. Al rato lo corroboré porque se unieron a la comilona varios vencejos pálidos, y poco después, otros tantos aviones comunes.

Cuando las fuerzas me empezaban a fallar por fin vi el cruce de la carretera a Morata. Ya sólo me quedaba un rato para llegar a área recreativa de Valviejo y poder sentarme un rato en sus bancos.

Nuevamente otra zona de monte mediterráneo.

Según iba avanzando por el camino, iban levantando de los arbustos y coscojas aledañas pequeños pajarillos como pardillos comunes y serines vercecillos.

Echaba en falta a lo largo de la ruta de haber visto alguna rapaz, salvo que la que no pude identificar. Y cuando pensaba que en la lista no iba a apuntar ninguna de esta especie llegó la tercera sorpresa del día. Un elegante ejemplar de culebrera europea que tuve la suerte de que planeara sobre mi varias veces, lo que me permitió sacarla varias fotos.


(Culebrera europea. Circaetus gallicus).

El sol ya era molesto, así que aproveché la sombra y el fresco del pequeño bosque de ribera de la zona de Valviejo para descansar y ver al última fuente del recorrido. Junto a ella había una charca artificial para anfibios, que desgraciadamente estaba seca.

Tras reponer fuerzas en los bancos y mesa de madera, rastreé un poco el bosque de ribera, donde sumé para la lista, gorrión común, mirlo común, y tórtola turca.

Crucé la carretera con precaución, y los lados de su calzada se extendían zonas de viñedos y olivares. En uno de ellos había picoteando varias cogujadas comunes.

Poco a poco la carretera iba descendiendo ya se veían a lo lejos las primeras casas del pueblo.

Después de una buena caminata vi la nave industrial del punto inicio de la ruta. Justo a tiempo para bajar y coger el autobús de regreso a Madrid.

Antes de cruzar el puente de la carretera a Morata, un buen bando de estorninos negros cerraba la lista, de esta jornada tan interesante.

¡A qué esperáis para colgaros los prismáticos y la cámara, y disfruta de esta ruta tan interesante!

¡Felices avistamientos!

Rafita Almenilla.

Para terminar subo la lista de especies avistadas durante la ruta.

FAUNA RUTA DE LAS FUENTES

AVES

Alcaudón real

Avión común

Carbonero común

Cogujada común

Cogujada montesina

Colirrojo real

Collalba rubia occidental

Culebrera europea

Curruca cabecinegra

Curruca zarcera

Escribano triguero

Estornino negro

Golondrina común

Gorrión común

Herrerillo común

Jilguero europeo

Mirlo común

Mosquitero musical

Paloma torcaz

Papamoscas cerrojillo

Pardillo común

Serín verdecillo

Tórtola turca

Urraca

Vencejo pálido

Verderón común

Fuentes consultadas.

-Google maps.

-Wikiloc.

domingo, 22 de agosto de 2021

RUTA POR EL DISTRITO DE PUENTE DE VALLECAS

 

Parque de Azorín. A la sombra del Cerro del Tío Pío.

Si a cualquier vallecana o vallecano le preguntásemos cuál es su parque favorito, sin duda la respuesta mayoritaria sería el Cerro del Tío Pío o parque de las Siete Tetas.

Las magníficas vistas que se ven de parte de la ciudad de Madrid desde él, unido a los agradecidos atardeceres, lo convierten en el parque más popular del barrio.

Como ya he comentado en el blog en una entrada dedicada a esta zona verde, es un magnífico balcón natural para contemplar el paso de grullas comunes, gaviotas sombrías y reidoras, y otras rapaces como milanos negros o buitres leonados.

Pero existe otro parque en el distrito de Puente de Vallecas, que tiene el título honorífico de ser el parque más antiguo del distrito. Se trata del parque de Azorín.

Este parque que data de la década de los 70 del siglo pasado, es un parque en estado óptimo de conservación. Consta de tres niveles en pendiente.

En la zona más baja se encuentra la zona infantil, con columpios. La zona intermedia es la zona de paseo, con caminos asfaltados, y la zona más alta es donde se encuentra el estanque, y una zona con aparatos de gimnasia para que se ejerciten las personas mayores.


(Zona de paseos, en el parque de Azorín, del distrito Puente de Vallecas).

Llama la atención su variedad de especies de árboles y arbustos, en un espacio tan pequeño. Destacan sus imponentes cipreses de Arizona, ocupados por una nutrida colonia de nidos de cotorras grises.

También encontramos castaños de indias de gran porte, plátanos de sombra, pinos carrascos, y cedros del Himalaya.


(Pinos carrascos en el Parque de Azorín, del distrito Puente de Vallecas).

Completa la riqueza florística arbustos como la adelfa, el durillo, romero, o el aligustre, que hará las delicias con sus frutos a especies como verderones comunes, currucas capirotadas, o mirlos comunes.


(Mirlo común. Turdus merula).

Aunque es más pequeño que su hermano mayor el Cerro del Tío Pío, es también un buen balcón natural, para ver las dos migraciones anuales.

Además, como está enclavado en una zona tan urbana como es la populosa Avenida de la Albufera, es un oasis de biodiversidad que atrae a numerosas especies de aves.

Su variada y cuidada vegetación, unida a la existencia del estanque, donde van a beber y bañarse las aves, lo convierten en un lugar muy atractivo para especies tan variopintas como palomas zuritas, pitos ibéricos, petirrojos europeos, jilgueros comunes, verderones comunes, agateadores comunes, o lavanderas blancas.

Al estar situado en una zona de paso hacia el Parque del Sureste, y el vertedero de Valdemingómez, no es raro ver volar sobre él, especies tan interesantes como buitres leonados, buitres negros, milanos negros, gaviotas reidoras, o abejarucos europeos.


(Milano negro. Milvus migrans. Sobrevolando el parque de Azorín).

Aparte del atractivo ornitológico, mencionar que entre la Avenida de Buenos Aires, el mismo parque, y la calle Arroyo del Olivar se descubrió un yacimiento de un poblado calcolítico. En él se han encontrado objetos de sílex, cabañas y restos de animales domésticos y de caza.

Otro aliciente más para visitar este parque tan interesante.

Ficha técnica de la ruta.

-Tipo de ruta: circular.

-Dificultad: baja. Ideal para hacerla con niños.

-Punto inicial de la ruta: Calle Teniente Muñoz Díaz.

-Punto final de la ruta: Avenida de la Albufera.

-Duración: 1 hora y 45 minutos.

-Distancia: 3 kilómetros.

-Punto más alto: 650 metros.

-Punto más bajo: 645.

-Desnivel: casi nulo.

-Época recomendada de visita: todo el año.


(Ruta circular de dificultad baja y de 1 hora y 45 minutos de duración por el parque de Azorín de Puente de Vallecas).

Accesos al Parque de Azorín.

-En coche: Avenida de la Albufera, Calle Teniente Muñoz Díaz o Arroyo del Olivar.

-En autobús. Líneas 54-58-103 y 136. Tienen parada en la Avenida del Albufera y la Calle Arroyo del Olivar.

-En metro: Línea 1. Para Avenida de Buenos Aires y Portazgo.

Recomendaciones de la ruta.

Aconsejable hacer la senda botánica para identificar las especies que hay en el parque.

Ideal hacer una espera en el parque para observar como bajan a beber y bañarse las aves. Las mejores horas son por la mañana al amanecer, y al atardecer.

Mirar al cielo en dirección a la zona Este, ya que es zona de trasiego para aves que van al Parque del Sureste y al vertedero de Valdemingómez.

Este es el relato de una ruta que realicé a mediados de Agosto de 2021.

Segunda visita a Madrid por motivos laborales, un año y un mes después desde mi marcha a tierras extremeñas. Y que mejor homenaje a mi querido barrio que visitar uno de los parques más emblemáticos de Vallecas, con permiso del Cerro del Tío Pío.

Esta vez no hizo falta usar el transporte público para visitar el parque, ya que desde mi casa en Vallecas son unos 25 minutos andando, cruzando el parque del Cerro del Tío Pío, y aprovechando para pajarear a través de él.

Esta vez utilicé la entrada de la Avenida de la Albufera, esquina con calle Teniente Muñoz Díaz.

Tenía que darme prisa antes de que el sol se pusiera en lo más alto a mediodía, ya que estábamos padeciendo una insoportable ola de calor.

Lo único positivo de la canícula, era que qué las aves bajarían en mayor frecuencia y número a beber y bañarse en el estanque, lo que permitiría fotografiarlas a placer,  desde un sitio apartado no molestarlas.


(Paloma torcaz, columba palumbus, bebiendo junto a palomas domésticas).

Comencé la ruta en el cartel informativo de la ruta botánica, en la zona infantil, una zona muy concurrida y donde no se suelen ver muchas especies. Así que me apresuré a subir a la zona intermedia de los paseos.

Entre la claridad de las copas de los magnolios pude ver algunos vencejos comunes que en pocos días nos abandonarían en su prodigiosa migración a tierras africanas.

En la zona de césped de debajo de los magnolios había mucha actividad de estorninos negros y gorriones comunes, buscando ansiosamente algún insecto que llevarse la pico.

Un poco más adelante, les tocaba el turno a los mirlos comunes, tan abundantes en este parque y que se han adaptado tan bien a las zonas urbanas.

A contraluz, en la rama de un magnolio vi una pequeña ave que no lograba identificar. Cuando pude esquivar los rayos del sol pude comprobar que se trataba de un petirrojo europeo.

Comencé a bordear el camino de los cedros donde existe una gran colonia de nidos de cotorras grises.


(Cotorras grises. Myiopsitta monachus).

Por un momento sus cantos eran tan estridentes, que se hacían insoportables, así que decidí acelerar el paso y llegar al estanque que era la zona que más me interesaba.

Al llegar, lo primero que me encontré es con la pequeña colonia de ánade real que se ha formado, y que hace tiempo que han criado.


(Ánade real. Anas platyrhynchos).

Me aparté a varios metros de estanque bajo la sombra de un castaño de indias con buena sombra, y sólo era cuestión de tiempo el ver que especies iban bajando al estanque a saciar su sed y a bañarse.

Y en pocos minutos comenzaba el carrusel pajarero. Las primeras en aparecer fueron las palomas torcaces. Poco después se le unieron, una bandada de las aves más bonitas del parque, la paloma zurita.


(Paloma zurita. Columba oenas).

Las dos palomas en fila, apenas dejaban espacio para las siguientes visitantes, las tórtolas turcas.

En el poco espacio que dejaban, se colaron varios gorriones comunes, que aprovecharon para darse un merecido baño.


(Gorriones comunes. Passer domesticus).

Después de un buen rato de observación, comencé a mirar en todo lo alto en dirección Este a ver si pasaba alguna rapaz. Varios minutos infructuosos me decidieron a volver a bajar a la zona intermedia. Y allí la cosa se empezó a animar.

Lo primero en una picea un animador agateador común comenzó a subir por el tronco del árbol.

En ese mismo árbol, encima de unas piñas, dos  aguerridos carboneros garrapinos picoteaban incansablemente para sacar los piñones.

Pasando rápidamente por la colonia  de cotorras grises, llegué a una zona más abierta, y allí, en la rama de un algarrobo, vi mi primer papamoscas cerrojillo de la migración post-nupcial.

En un claro bajo unos pinos, aparecieron varias urracas jóvenes, que me había sorprendido no haber visto aún ninguna. Y justamente me pasó en el pito ibérico, que lo había oído en la zona infantil y aún no lo había visto, y apareció uno en una zona pisos, que el pobre muy despistado tardó en salir de las zonas de las terrazas.

Como ya hacía mucho calor y en el estanque no aparecía nada interesante, me interné en una zona un poco más cerrada de vegetación e hice una espera.

La paciencia dio sus frutos, ya que al camuflarme bien, comenzaron a aparecer jilgueros europeos, verderones comunes y gorriones molineros.

(Verderón común. Chloris chloris).

Y en un arbusto cercano vi un pajarillo que había capturado un gusano. Al principio lo di como hembra de colirrojo real, pero luego ante las dudas me confirmaron que se trataba de un petirrojo europeo joven.


(Petirrojo europeo. Erithacus rubecula).

El sol apretaba de lo lindo, así que decidí dar por concluida la visita, y aprovechar el trayecto de vuelta a casa por el Cerro del Tío Pío.

Hice un último intento escrudiñando las alturas a ver si veía alguna rapaz y añadí como última especie de la lista a dos golondrinas comunes que cerraban esta jornada tan interesante.

¡A qué esperáis para visitar este parque tan interesante, dentro de Madrid!.

¡Felices avistamientos!.

Rafita Almenilla.

Termino el relato con las especies avistadas durante la ruta.

 

FAUNA DEL PARQUE DE AZORÍN

AVES

Agateador común

Ánade real

Carbonero garrapinos

Cotorra gris

Estornino negro

Golondrina común

Gorrión común

Gorrión molinero

Jilguero europeo

Mirlo común

Paloma torcaz

Paloma zurita

Papamoscas cerrojillo

Petirrojo europeo

Pito ibérico

Tórtola turca

Vencejo común

Verderón común

 

miércoles, 8 de julio de 2020

RUTA POR EL DISTRITO DE PUENTE DE VALLECAS


Parque forestal de Entrevías. De vertedero, a balcón de Madrid.

Si hay un apelativo que se ha ganado a pulso la ciudad de Madrid, ese es sin duda la ciudad de las cuestas.
La acción erosiva desde el Cuaternario del río Manzanares ha generado un sistema de terrazas fluviales, que ha propiciado que la ciudad cuente con muchas elevaciones y magníficos miradores. No es extraño que el origen árabe de la villa y corte, la primigenia “Magerit” naciera en la antiguo Alcázar árabe de la explanada de la Catedral de la Almudena, cerca de la Cuesta de la Vega.
Este sistema de terrazas ha sido catalogado como Bien de Interés Cultural, debido a su riqueza arqueológica.
De estas terrazas han salido yacimientos de sílex, he incluso los restos de un mastodonte que actualmente se pueden contemplar en el Museo Arqueológico.
Una zona de Madrid donde se puede contemplar este accidente geológico, son las terrazas de los cerros de Entrevías y el aledaño Parque Forestal de Entrevías.
Este inmenso parque urbano, es uno de los más grandes de la ciudad, contando con casi 500.000 metros cuadrados de extensión.
Antaño era un vertedero que en los 70 se regeneró con un pinar de repoblación. Un auténtico pulmón verde para el distrito de Puente de Vallecas.
La vegetación del parque está compuesta en su mayoría por coníferas. Destacan como especies arbóreas el pino carrasco, pino piñonero, las arizónicas y el Cedro del Atlas.
En cuanto a la vegetación arbustiva destacan especies como la adelfa, la gayomba o el junco churrero.
El parque cuenta con zonas infantiles, deportivas, un auditorio y un estanque artificial, y dos pequeñas lagunas unidas por un arroyo artificial, que hace las delicias de las aves que habitan el parque.
Cuenta con un magnífico mirador, con unas espléndidas vistas de Madrid, pudiéndose ver parte de la Sierra del Guadarrama, el Parque Lineal del Manzanares, y la zona sur metropolitana.
Para los amantes de la ornitología, el parque nos deparará muchas sorpresas.
En la zona del pinar podremos observar especies tan interesantes como herrerillo capuchino, piquituerto común, o agateador europeo.
El que haga que el parque limite con el parque Lineal del Manzanares, propicia que desde el mirador del parque podemos ver un trasiego continuo de especies como gaviotas reidoras, gaviotas sombrías, milanos negros y reales, busardos ratoneros, u otras rapaces como águilas calzadas e incluso algún buitre negro.

(Milano negro. Milvus migrans).

Los taludes de las terrazas del Manzanares son hábitats ideales para especies como el abejaruco europeo, mochuelo común o colirrojo tizón.
Otras especies de interés que se pueden ver en el parque son pito real ibérico, pico picapinos, abubilla, cernícalo vulgar, y pequeños pajarillos como pinzón común, serín verdecillo, jilguero europeo, o verderón común.
La ruta propuesta es una ruta lineal, de duración 2 horas y 45 minutos y dificultad baja.

(Ruta lineal de duración baja de 2 horas y 45 minutos de duración).

Ficha técnica de la ruta.
-Tipo de ruta: lineal.
-Punto inicio de la ruta: Calle Ronda del Sur en la parada del autobús 102. Punto final de la ruta, Calle Lagartera en la parada del autobús de la línea 24.
-Distancia: 7 kilómetros.
-Desnivel: punto más alto 619 metros. Punto más bajo 577 metros.
-Dificultad: baja.
Accesos al Parque Forestal de Entrevías.
-En coche: coger la Calle Méndez Álvaro, luego la Avenida de Entrevías, posteriormente la Calle Serena para acabar en la Calle Ronda del Sur. 22 minutos desde el centro de Madrid.
-En autobús. Las líneas 102, 103 y 111 de la EMT paran en la calle Ronda del Sur, junto al parque.
-En tren de cercanías. Parada Asamblea de Madrid-Entrevías. Desde la estación, 20 minutos andando.
-En bicicleta. El anillo ciclista pasa por el sur del parque.
Recomendaciones de la ruta.
En las fechas que realicé la ruta, parte del parque estaba en obras, con una valla metálica que impedía el acceso a zonas del parque. Informarse antes de hacer la ruta.
La ruta es recomendable todo el año, pero si la vamos a hacer en verano, mejor hacerla evitando las horas centrales.
Para ver el paso de rapaces, son mejores las horas centrales del día, cuando el sol calienta más y hay térmicas. Si lo vamos a hacer en verano, buscar una buen sombra y observarlas desde el mirador del parque, ya que tenemos una visión más amplia.
Este es el relato de una excursión qué realicé la primera semana del mes de Julio de 2020.
Después del largo confinamiento, y para ir cogiendo ritmo y recuperar el tiempo perdido sin ver especies nuevas, comencé a hacer rutas por mi entorno más cercano, sin necesidad de coger el transporte público. El Parque Forestal de Entrevías me coge a una hora de casa andando, así que decía acercarme una mañana calurosa de principios del mes de Julio.
Poco después de llegar a la Calle Ronda del Sur, me colgué los prismáticos y la cámara y empecé a anotar la lista de las especies vistas en la ruta. Las primera como casi de costumbre, las más urbanas y cosmopolitas. Varios ejemplares de sonoros vencejos comunes, y otras tantas ruidosas urracas comunes.
Poco a poco me fui internando en el pinar del parque, buscando el estanque donde hacer una espera para ver que especies bajaban a beber. Antes de llegar al estanque, comencé a rastrear las copas de los pinos carrascos, apuntando dos especies típicas de estas formaciones arbóreas: carbonero común, y carbonero garrapinos.
Subí una pequeña cuesta que acababa junto al estanque, y en una pradera que estaba a mi izquierda había un popurrí de aves compuestas por palomas torcaces, serines verdecillos y mirlos comunes.
Junto al estanque había unos grandes cedros del Atlas ocupados por grandes nidos de cotorras grises. Era curioso ver como a modo de simbiosis, esos nidos eran usados por algunas palomas zuritas, un comportamiento que ya había visto en otros parques de la ciudad como el de Tierno Galván o el de María de Austria.
Me puse debajo de la sombra de un gran cedro con vistas al estanque para ver que bajaba a beber. Aparecieron un pequeño grupo de palomas torcaces, y posteriormente otras tantas urracas comunes.

(Paloma torcaz. Columba palumbus).

Cuando ya me aburrí de ver las mismas especies y ya me iba a ir, vi un ave posada en lo alto de un árbol que no identificaba de que especies era. Se estaba limpiando las plumas, y en principio pensé que se trataba de un verderón común. Pero al verle el pico curvado me llevé la primera sorpresa del día. ¡Era un piquituerto común! Me parecía muy raro que en un pinar tan grande, y habiendo estado varias veces no lo hubuiese visto hasta entonces.

(Piquituerto común. Loxia curvirostra).

Estaba tan ensimismado echándole fotos, que tardé en darme cuenta de que había otra en una rama de al lado.
Cuando ya tenía una buena ristra de fotos, decidí dejarlos tranquilos y bajar a la zona sur del pinar. Bajando hacia esa zona, el pinar se aclaraba, lo que dejaba ver una buena porción de cielo, y el continuo trasiego de los vencejos comunes. Y tras estos, se empezaron a dejar ver los primeros milanos negros con dirección aledaño Parque Lineal del Manzanares.
Llegando hasta el anillo ciclista, había un pequeño arroyo seco, que a pesar del calor tórrido que comenzaba a apretar, aún guardaba un poco de humedad, que lo reflejaba su vegetación con numerosos juncos churreros. Allí con el frescor, decidí hacer una espera.
Primero hicieron acto de presencia varios gorriones comunes, para luego dar paso a un gorrión molinero. Ya por último se dejó ver una tórtola turca que pronto se percató de mi presencia.
Nuevamente el pinar se aclaraba y comencé a oír los típicos reclamos de “pit-pit-pit” de los aviones comunes que poco tardé en verlos con los prismáticos.
Y de repente, desaparecieron como si hubiesen visto algún depredador alado. Al rato apareció una silueta de un aguilucho que al principio no conseguí distinguir. Trate de echarle un par de fotos, pero salían algo oscuras, así que decidí mejor tratar de identificarlo con los prismáticos antes de que lo perdiese de vista.
Tras un buen rato, me llevé la segunda sorpresa del día, sorpresón diría al momento, ¡un aguilucho cenizo! ¡Era el primero que veía dentro de la ciudad! ¡La mañana estaba siendo de lo más provechosa!
Seguí una pequeña senda que acababa en el anillo ciclista. Allí comencé a oír el reclamo inconfundible del abejaruco europeo, que al rato localicé posado sobre un pino seco. Estaba alimentándose de un insecto qué no llegué a identificar. Tras una buena sesión de fotos, le dejé tranquilo que reposara en su posadero.

(Abejaruco común. Merops apiaster).

Cerca de donde estaba comenzó a cantar con su típico relincho el pito real, que jugaba al escondite detrás del tronco de un pino. Y curiosamente en la copa del mismo pino estaba su primo, el pico picapinos  tambolireando.

(Pito real ibérico. Picus sharpei).

El sol iba ganando altura, y ya comenzaba a calentar de lo lindo. Y esto era aprovechado por las rapaces, ya que comencé a ver un buen flujo de milanos negros hacia el Manzanares.
Subí a una pequeña loma que tenía vistas a las vías del tren. Allí pasaron volando un pequeño grupo de estorninos negros.
Más adelante ya se veía las cocheras de la EMT de Entrevías y junto a ellas, los interesantes taludes de las terrazas del Manzanares. Comencé a rastrearlos con los prismáticos a ver que especie nueva podía sacar. Muchas golondrinas comunes volaban entorno a los taludes para surtirse de mosquitos. Y en lo alto del talud pude pillar in-fraganti una hembra de colirrojo tizón que con esa pose, parecía que estuviese apoyada en el balcón, viendo la gente pasar por la calle.
Subí otra cuesta para acabar en un mirador, que no era el principal. Desde allí partía una pequeña senda botánica, con carteles informativos. La última vez que visité la zona las lagunas artificiales estaban sin agua y llenas de basura. Afortunadamente en aquella ocasión estaban limpias y por el arroyo artificial que las unía corría el agua.
Allí decidí hacer una espera a ver que especies bajaban a beber. Las primeras en aventurarse fueron unas palomas torcaces. La siguiente fue una paloma zurita,  y por último bajaron unos estorninos negros.
Decidí esconderme tras un árbol con vistas a la segunda laguna. Mientras hacía la espera pasó sobre mi cabeza una abubilla.
Con paciencia fueron animándose algunas especies a bajar a beber. Y pude sumar dos especies nuevas, entre ellas una lavandera blanca.

(Lavandera blanca. Motacilla alba).

Volví a subir por la cuesta de la senda botánica y me animé a echar el último vistazo a las lagunas. Allí vi como bajaban a beber unos cuantos jilgueros europeos y pude fotografiar un juvenil.

(Jilguero europeo. Carduelis carduelis).

Crucé la carretera que llevaba a las cocheras, y me adentré en otro pinar. El calor ya era axfisiante, eran las 11 de la mañana, y el sol ya molestaba lo suyo. Lo único positivo era que ya comenzaban las térmicas y las rapaces comenzaban a animarse. Y aquí llegó la tercera sorpresa de la mañana. Dos espectaculares ejemplares de buitres negros volando en dirección al Parque del Sureste.

(Buitre negro. Aegypius monachus).

Nuevamente vi dos pitos reales ibérico, y esta vez pude fotografiar uno.
En una valla de piedra estaba posado un cernícalo vulgar. Resguardado tras un pino, lo pude fotografiar, y me deleitó con una escena de caza, pues con un picado, se llevó un pequeño ratoncillo al pico.

(Cernícalo vulgar. Falco tinnunculus).

Ya quedaba menos para llegar al mirador principal, cuando me topé con una valla metálica, por obras en el parque. No me hizo ninguna gracia porque tenía que dar un gran rodeo, y el sol no daba tregua. Resignado volví a rodear el pinar,  al menos tuve la fortuna de observar un águila calzada volando entre dos milanos negros.

(Águila calzada. Hieratu pennatus).

Atravesar el pinar fue un suplicio porque había zonas abiertas donde apenas había sombra. Por allí poco vi, a excepción de dos verderones comunes, nueva especie para la lista.
Por fin llegue al mirador principal. Y me senté en un banco de madera para descansar un poco y disfrutar de las magníficas vistas de Madrid que se ven desde él.
Aproveché para mirar la zona del Parque Lineal del Manzanares, allí vi dos cigüeñas blancas qué iban a cerrar esta jornada pajarera tan interesante.
¡A qué esperáis para visitar este parque urbano tan interesante, sin moveros de la ciudad! ¡Felices avistamientos!
Rafa Al.
Para acabar, añado la lista de especies vistas durante la ruta.

FAUNA DEL PARQUE FORESTAL DE ENTREVÍAS
AVES
Abejaruco europeo
Abubilla
Águila calzada
Aguilucho cenizo
Avión común
Buitre negro
Carbonero común
Carbonero garrapinos
Cernícalo vulgar
Cigüeña blanca
Colirrojo tizón
Cotorra gris
Estornino negro
Golondrina común
Gorrión común
Gorrión molinero
Jilguero europeo
Lavandera blanca
Milano negro
Mirlo común
Paloma torcaz
Paloma zurita
Pico picapinos
Piquituerto común
Pito real ibérico
Serín verdecillo
Tórtola turca
Urraca común
Vencejo común
Verderón común

Fuentes consultadas.
-Google maps.
-Página del Ayuntamiento de Madrid.