domingo, 8 de julio de 2018

RUTA POR NAVAS DEL REY Y PELAYOS DE LA PRESA



Vía Verde de Picadas. El tren del olvido.

Hubo un tiempo en España, donde el tren cobró una gran importancia y contribuyó al desarrollo económico de nuestro país. Desde aquellos pioneros trazados de la línea Barcelona – Mataró (1848) y de Madrid – Aranjuez (1851), para acabar en  los modernos trenes de Alta Velocidad, como el AVE Madrid-Barcelona-Frontera Francesa.
El tren convencional, a diferencia del de alta velocidad con más impactos ambientales, es un medio de transporte respetuoso con el medio ambiente, y ecológico. Se integra en el paisaje, evita las emisiones de toneladas de CO2, con el consabido ahorro de combustible.
Además, es una manera muy interesante de hacer turismo, incluso el ornitológico, practicando el “birdwatching” desde sus ventanillas.
Desde los trenes que nos llevan al Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama, por las estaciones de Cercecilla, Puerto de Navacerrada o Cotos, podemos observar a través de sus ventanillas, especies como arrendajos, culebreras, calzadas, o rabilargos.
O los trenes con destino al Valle del Tajo, como es el cercanías Madrid-Aranjuez, atraviesan lugares tan singulares como la finca del Espartal en Valdemoro, o los cerros yesíferos de Ciempozuelos. Desde este cercanías podremos observar especies tan interesantes como cernícalos primillas, alcaudones reales, grajillas occidentales o milanos negros entre otras especies.
El favorecimiento de las vías de alta velocidad en deprimento a las convencionales y trenes regionales, ha hecho que se hayan cerrado muchas de estas últimas vías.
Todo este patrimonio histórico y cultural ha sido recuperado por la Fundación de Ferrocarriles Españoles (FFE), transformando estos antiguos trazados ferroviarios en lugares aptos para realizar actividades como cicloturismo, senderismo, rutas a caballo, o rutas para personas con movilidad reducida. 2600 kilómetros de infraestructuras ferroviarias en desuso para disfrutar en plena naturaleza, pues el 90% de estos trazados atraviesan algún espacio protegido.
En Madrid contamos con 5 vías verdes:
-Vía Verde del Tajuña. Desde Arganda del Rey, hasta Ambite, con posibilidad de continuar hasta Guadalajara, al pueblo de Sacedón.
-Vía Verde de los 40 Días. Entre Carabaña y Estremera.
-Vía Verde del Guadarrama. Entre Móstoles y el Puente sobre el río Guadarrama.
-Vía Verde de la Gasolina. Desde el Barrio de La Alameda de Osuna (Barajas) al Barrio de Rejas (San Blas).
-Vía Verde de Picadas. Entre San Martín de Valdeiglesias y la Presa de Picadas.
La Vía Verde de Picadas es una vía abandonada de ferrocarril de vía estrecha que nunca llegó a funcionar, que pretendía conectar Madrid y Almorox, y posteriormente el Valle del Tiétar. Transcurre por el Embalse de Picadas en las estribaciones de la Sierra de Gredos.

(Vía Verde de Picadas, en Pelayos de la Presa).

El Embalse de Picadas cuenta con 92 hectáreas de extensión, y la cola de su embalse llega hasta la base del Pantano de San Juan.
Picadas es una presa de gravedad, destinada a producción de energía hidroeléctrica, para riego y consumo humano.
La Vía Verde transcurre por el interior de la ZEPA “Encinares del Alberche y río Cofio”. La zona ZEPA más grande de la Comunidad de Madrid, con 83.000 hectáreas de extensión aproximadamente, y unas de las mejores muestras de monte mediterráneo y en excelente grado de conservación de toda la comunidad. Prueba de ello es que en la ZEPA se encuentran 16 parejas de la amenazada águila imperial ibérica, y joyas del monte mediterráneo como buitre negro, cigüeña negra, águila perdicera, o alimoche (en paso), y posible presencia de lince ibérico.
Es una gran masa forestal, que se extiende desde las cercanías del Parque Regional del Guadarrama, a los límites provinciales con las provincias de Ávila y Toledo.
La riqueza florística es muy variada. Las masas forestales corresponden a especies como encinas, alcornoques, pinos piñoneros y rodenos, o enebros.
Le acompañan un buen sustrato arbustivo como jaras, retamas, cantuesos, o peonías.

(Cantueso. Lavandula stoechas. En la Vía Verde de Picadas).

Ficha técnica de la ruta.
-Punto de inicio: Colonia Puente de San Martín (Navas del Rey).
-Punto final: Presa de Picadas (Pelayos de la Presa).
-Distancia: 14 kilómetros (ida y vuelta).
-Desnivel: Punto más alto 538. Punto más bajo 513 metros. Prácticamente llano.
-Dificultad. Media. Aunque el perfil es prácticamente llano, si optamos por hacer el recorrido entero hasta la presa, tendremos un recorrido de 14 kilómetros ida y vuelta.
-Duración. 4 horas aproximadamente, con paradas para ver aves.
-Patrimonio cultural: Puente de San Juan, sobre el río Alberche. Siglo XV.

(Puente de San Juan del Siglo XV).

-Patrimonio natural: ZEPA encinares del Alberche y río Cofio.

(Ruta lineal de ida y vuelta de 4 horas de duración y dificultad media, por la Vía Verde de Picadas).

-Accesos a la Vía Verde de Picadas.
-En coche. M-501 hasta el pueblo de Pelayos de la Presa. Antes de entrar al pueblo, hacer una rotonda y volver por el camino que traímos, para en un desvío ir hacia el camino del parking de Picadas, donde hay una zona de merenderos. 55 minutos desde Madrid.
-En autobús. Línea 551 Madrid Príncipe Pío-El Tiemblo/Cebreros. Bajarse en la parada del Mesón el Puerto, en Navas del Rey y luego empezar la ruta en la Colonia de Puente de San Juan. 1 hora desde Madrid.
-En bicicleta. Ideal para hacerla en bici. Si la empezamos en Aldea del Fresno, tardaremos 1 hora y 15 minutos aproximadamente.
-Recomendaciones para la ruta.
-Las épocas ideales para realizar la ruta son la Primavera y el Otoño. Si la hacemos en Verano, madrugaremos y evitaremos las horas centrales del sol.
-Llevar agua pues no hay a lo largo del recorrido.
-Si llegamos en coche podemos dejarlo en la zona del parking en una zona de merenderos. Si llegamos en autobús, cruzaremos la M-501, ¡con mucha precaución pues es una carretera muy transitada!, hasta la colonia el Puente de San Juan en Navas del Rey. Desde allí cogemos una pista que pasa junto a la carretera y nos lleva al Alberche. Justo debajo del puente sube una pequeña vereda que ascenderemos hasta subir a la carretera y cruzarla junto al quitamiedos. Nos llevará a otra vereda pequeña al acabar el quitamiedos. Mucha precaución al bajar esta vereda pues tiene mucha pendiente. Después tenemos que cruzar el Arroyo del Molino de la Presa, por unas piedras sin apenas dificultad hasta el parking de la zona de merenderos.
-La ruta la podemos acortar hasta una zona de escalada. Si nos vemos con fuerzas podemos hacerla hasta la presa. A partir de la zona de escalada, nos avisan de posibles desprendimientos. Así que, a partir de allí, será nuestra responsabilidad el seguir la ruta.
Este es el relato de una ruta que realicé a mediados del mes de Mayo de 2018.
Aquel Sábado las intensas lluvias de la pasada primavera, dieron una pequeña tregua. El día estaba nublado y muy fresco, lo que me animó a acercarme al Embalse de Picadas y poder hacer la ruta por la tarde, sin agobiarme por el calor primaveral.
El autobús me dejó en la parada del Mesón del Puerto, que ya estaba muy concurrido por ciclistas y motoristas. Tras cruzar la M-501 con mucha precaución y atravesar la colonia del Puente de San Juan, la pista me dejó a orillas del río Alberche.
La tarde estaba muy abarrotada, con mucha gente de picnic y bañándose.
Cuando me pude alejar un poco del bullicio me acerqué más a la orilla del río, y allí puede ver la primera especie de la lista. Varios ánades reales que apenas le importaba la presencia de la gente.

(Ánades reales. Anas platyrhynchos).

En la parte baja del nuevo puente que cruzaba el Alberche, había una importante algarabía de aves compuestas por aviones roqueros, golondrinas comunes y aviones comunes.
Tenía un poco de miedo e incertidumbre de cómo iba a cruzar el puente de la M-501, pues es una carretera muy transitada y peligrosa para cruzarla a pie e incluso en bici. Las dudas se me despejaron al poco tiempo, al ver que una pequeña vereda subía hasta el quitamiedos de la misma. Desde allí tenía unas buenas vistas del antiguo Puente de San Juan, así como de la presa del Embalse de San Juan y en la orilla de la izquierda del Pantano de San Juan. 

(Vistas del Embalse de San Juan desde el puente de la M-501).

Al acabar el quitamiedos había otra vereda que esta sí, tenía mucha pendiente, y tuve que bajarla prácticamente de cuclillas, para no resbalar. Ya sólo me faltaba cruzar el Arroyo del Molino de la Presa para llegar a la zona de los merenderos.
Crucé el arroyo sin problemas. Tenía poco caudal y había puestas unas piedras que facilitaban su cruce. Y tras cruzar el arroyo, llegó una de las sorpresas del día. Pasó raudo y veloz un macho de oropéndola europea. Una de las aves con los colores más vistosos de la fauna ibérica, con su elegante plumaje amarillo.
Al llegar a los merenderos la masificación de gente era abrumadora.
Era un día de baño y de comidas familiares, así que decidí acelerar el paso, porque en aquella zona tan concurrida poco iba a rascar, en cuanto especies observables.
Pocos metros más adelante, un cartel de vía pecuaria y otro de senda, marcaban el inicio de la ruta al Cerrro Valdenoches, una ruta que tengo pendiente para más adelante.
Subí una pequeña loma flanqueada por unos pinos muy altos, donde puede ver un pequeño grupo de jilgueros europeos. Al poco rato había una baliza que impedía el paso a los coches, y que me marcaban el inicio de la Vía Verde.
Poco a poco iba ganando altura, y el Alberche quedaba a muchos metros abajo del camino. Las vistas de la presa del embalse de San Juan y el río Alberche eran memorables.
La pista tenía buen firme, y estaba muy animada por gente haciendo senderismo y algún que otro ciclista. El día estaba un poco nublado y el viento en calma.
Tras unas jaras, pude ver como un ejemplar joven de lagarto ocelado estaba tomando el sol, y cuando se percató de presencia, de un brinco, se ocultó bajo una piedra.
Comencé a oír el popular reclamo del rabilargo ibérico, y pude descubrir a 3 posados en lo alto de un pino piñonero.
El paisaje era de lo más vistoso. La margen izquierda del río se componía de formaciones de pino piñonero, con crestones cuarcíticos. La margen derecha estaba compuesta por una maraña impenetrable de bosque mediterráneo con formaciones de encinas, enebros y matorral bajo.

(En el embalse de Picadas predominan las formaciones de pino piñonero. Pinus pinea).

La pista hacía sucesivas curvas, siguiendo los meandros que hacía el río Alberche.

(Meandros del Alberche, en la Vía Verde de Picadas).

Aprovechando que estaba en altura, miraba la piedras que estaban en la orilla del río con la esperanza de ver alguna nutria pescando o tomando el solecito. Mientras hacía una espera al escurridizo mamífero, pasaron dos golondrinas dáurica a ras del río.
El cielo poco a poco se comenzaba a cubrir de nubes, y comenzaba a soplar algo de viento. Entre los claros de las nubes apareció la primera rapaz de la tarde. Tenía una gran envergadura, así que me decanté por un buitre. E intuía que se trataba de un buitre negro, pero hasta que no lo tuve más cerca, no pude confirmarlo.

(Buitre negro. Aegypius monachus).

Poco después el tocó el turno a un milano negro, que planeaba como podía, aguantando los envites del aire que comenzaba a ser racheado.
Las lluvias primaverales habían devuelto la vida al campo, tan castigado por la tremenda sequía otoñal. La pista de tierra era una sucesión de colores por la floración de las jaras blancas, las retamas y los cantuesos.
Y esto también era un foco de atracción para multitud de insectos que las polinizaban.

(Jara blanca. Cistus albidus).

Tras una buena caminata llegó el turno para los pequeños paseriformes.
El primero en caer fue un inquieto petirrojo europeo, que se escondía tras las ramas de un aliso.

(Petirrojo europeo. Erithacus rubecula).

Algo más adelante, les tocó el turno a dos machos de carboneros comunes, jugando a perseguirse.

(Carboneros comúnes. Parus major.)

La margen derecha del río tenía un paisaje de monte mediterráneo sin parangón, y me recordaba mucho al paisaje del Parque Nacional de Monfragüe en el río Tiétar.

(Algunos tramas de la Vía Verde de Picadas tienen similitud con los parajes del Parque Nacional de Monfragüe en Cáceres).

Aquella maraña impenetrable de monte meditarráneo de las laderas del río Alberche eran ideales para el refugio del lince ibérico. Siempre he sido partidario de que en esta zona de la Comunidad de Madrid, hay lince. O bien por una pequeña población residual, o por los provenientes de la zona de los Montes de Toledo. Tiempo al tiempo, y el lince se asentará en esta zona.
Tras una larga caminata llegué a la zona de escalada, donde me recibió un ruiodoso cuervo.
Había una baliza para evitar el paso de vehículos, y un cartel que advertía de los posibles desprendimientos a partir de esta zona. Así que crucé la baliza, siempre atento a los farallones cuarcíticos, y andando con mucha prudencia.
Unos pocos metros más adelante, el camino de bifurcaba en dos direcciones, y la de la izquierda pasaba por un antiguo túnel, que se podía atravesar sin problemas. Me picó la curiosidad de atravesarlo, cuando justo al entrar, pasó volando un avión roquero en dirección al nido que tenía dentro de él. Así que opté por no pasar y no molestar a la colonia de aviones roqueros del túnel. Siempre he dicho que el bienestar de las aves deber primar por encima de nuestra curiosidad.

(Túnel en la Vía Verde de Picadas).

Al final de un gran meandro que hacía el Alberche, vi al fondo las instalaciones de la presa de Picadas. Eran coronadas por un peñón cuarcítico sobre el cual, planeaba una pequeña rapaz.
Cuando las nubes me dejaron, lo identifiqué como un gavilán común.

(Gavilán común. Accipiter nisus).

El viento ya comenzaba a soplar con fuerza y hasta se formaban pequeñas olas en el embalse.
Decidí asomarme al borde de la presa, no sin antes sujetarme bien el gorro, para que no volase y acabara en Aldea del Fresno.
Las vistas desde lo alto de la presa eran desvanecedoras.
La altura de la presa era considerable, y allá en lo más bajo, el Alberche era apenas un hilo, muestra bien visible del impacto de las presas en los ríos y el efecto barrera de aguas abajo.

(Presa de Picadas).

Allí abajo en la pared, una buena colonia de aviones comunes habían construido sus nidos. Esta imagen me comenzó a provocar vértigo, así que decidí no estar mucho más tiempo mirando hacia abajo. Además el viento que soplaba con fuerza no me animaba a ponerme más en su orilla.
Antes de volver a retomar el camino andado, decidí volver a echar un vistazo al peñón de cuarcita, y sólo puede anotar otras especie más, un macho de colirrojo tizón.
Calculé que desde la presa tenía 1 hora y media más o menos si quería coger al autobús de vuelta a tiempo, y no esperar al siguiente si no quería volver de noche, así que decidí acelerar el paso de vuelta.
En un arroyo cercano que desembocaba en el Alberche, había en una piedra tomando el sol, un galápago leproso.

(Galápago leproso. Mauremys leprosa).

Seguí escudriñando las piedras de las orillas del río para intentar ver la nutria, y sólo pude llevarme al bolsillo una lavandera blanca.
Así que decidí volver a probar suerte con los crestones cuarcíticos, teniendo suerte con dos especies nuevas, un roquero solitario, y un escribano montesino.

(Roquero solitario. Monticola solitarius).

Antes de que se nublara por completo, volví a probar suerte rastreando las nubes, y allí apareció un águila calzada.

(Águila calzada. Hieraetus pennatus).

Con un ritmo de vuelta vertiginoso, no me di cuenta de que ya estaba en la baliza del inicio del recorrido. Seguí el camino de vuelta pero estaba vez por encima de donde estaba el merendero. Un olor a agua putrefacta impregnaba el ambiente. Al rato me di cuenta de que estaba junto a la depuradora. Seguí el camino para ver si acababa en el puente que cruzaba la M-501. Tras varios metros me di cuenta de que se desviaba mucho, así que decidí volver sobre mis pasos y volver por los merenderos.  Y justo antes de llegar a estos, comenzaron a sobrevolar a escasos metros un nutrido grupo de buitres leonados que se dejaron fotografiar a lo grande.

(Buitre leonado. Gyps fulvus).

En el camino entre el Arroyo del Molino de la Presa y la urbanización de Puente de San Juan, añadí dos especies nuevas: gorrión común, y serín verdecillo.
Llegué a la parada del autobús de vuelta a Madrid, y cuando comenzaba a repasar la lista de especies avistadas, vi una urraca, que muy habilidosa ella, se metió en una papelera del Mesón de Puerto y sacó algo de comida. Un botón de muestra de lo inteligentes que son estos córvidos.
Esta última ave, cerraba la lista de especies de esta jornada tan interesante.
¡A qué esperáis para preparar vuestra mochila y los prismáticos, y disfrutar de este rincón tan interesante!.
¡Felices avistamientos!.
© Rapha Ac.
Concluyo el relato, con las lista de especies observadas durante la ruta.
FAUNA DE LA VÍA VERDE DE PICADAS
AVES
REPTILES
Águila calzada
Galápago leproso
Ánade real
Lagarto ocelado
Avion común
Avión roquero
Buitre leonado
Buitre negro
Carbonero común
Colirrojo tizón
Cuervo
Escribano montesino
Gavilán común
Golondrina común
Golondrina dáurica
Gorrión común
Jilguero europeo
Lavandera blanca
Milano negro
Oropéndola europea
Rabilargo europeo
Roquero solitario
Serín verdecillo
Urraca










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