RUTA POR SAN
MARTIN DE LA VEGA. LOS ALBARDALES.
Los Albardales. El
oasis artificial.
Una de las
actividades humanas qué más transforma el medio natural, y los ecosistemas, es
sin duda la agricultura.
A partir de la
década de los 50 y 60 en España comienza un proceso implacable de desecación de
importantísimos humedales, tanto de interior como costeros. Todo ello
encaminado a convertir estas supuestas “áreas insalubres” en grandes
extensiones de regadíos como arrozales o maizales, o de productos hortofrutícolas.
Ejemplos de esta espectacular transformación lo tenemos en los casos tan
tristemente famosos como la desecación de la Laguna de la Janda (Cádiz), o la
alteración hidrológica del Acuífero 23 en Ciudad Real.
Paradójicamente
a toda esta intensa transformación, se crean nuevos humedales artificiales, cuando
se inundan grandes extensiones de arrozales y maizales. Los arrozales del Delta
del Ebro, la Albufera de Valencia, o los de las Vegas Altas del Guadiana,
constituyen buenas zonas de invernada para multitud de especies de aves.
El caso
paradigmático qué nos ocupa, son los Albardales. Este pequeño humedal
artificial constituye uno de los mejores carrizales de toda la Comunidad de
Madrid. Se encuentran situados cerca del núcleo urbano del pueblo de San Martín
de la Vega, en la vega baja del río Jarama, e incluído dentro del Parque
Regional del Sureste.
Constituye un
espeso carrizal rodeado de grandes masas de maizales, con vegetación compuesta
por carrizo, espadaña, tarays y algún pino carrasco.
(Los Albardales, San Martín de la Vega). |
Durante los meses
de Junio a Octubre, el cupo sobrante de agua de los maizales lo recoge el
humedal, y estas aguas se unen a un acuífero qué hay por debajo de él.
El atractivo
para los ornitólogos, es qué es uno de los escasos lugares de la Comunidad de
Madrid para poder ver limícolas en cantidad, y en número de especies. Es una
buena zona de descanso para las aves en su migración post-nupcial, y a esto se
une qué se convierte en un pequeño oasis artificial, como foco de atracción, en
un entorno tan seco como son los cerros yesíferos del Parque del Sureste.
A finales de
Agosto y principios de Septiembre, durante el paso post-nupcial, se puede
observar al carricerín cejudo, el ave más amenazada de Europa, lo que demuestra
la importancia que tiene este humedal como área de descanso para las aves
migratorias.
A las migratorias,
se unen las estivales y las residentes. Así dependiendo de la época del año en
qué visitemos el espacio podremos observar especies tan interesantes como
morito, pechiazul, agachadiza chica, combatiente, chorlitejo chico, carricero
común, etc.
Este humedal es
de tal importancia qué el Ayuntamiento de San Martín de la Vega lo protegió con
la figura de Reserva Ornitológica, y actualmente está gestionado por la
Sociedad Española de Ornitología.
A pesar de estar
protegido sobre el papel, sufre numerosas amenazas qué a futuro pueden
comprometer su protección. Uso de pesticidas en los campos cercanos, vertidos
incontrolados, escombreras e incendios son los problemas más acuciantes qué
amenazan este espacio tan privilegiado. En él se suelen producir cíclicos incendios.
Algunos agricultores queman grandes extensiones de carrizo como medida de lucha
contra insectos y roedores, lo puede provocar una alta mortandad de aves, y les
priva de sus zonas de refugio. Prueba de esta práctica criticable y tan poco
selectiva, fue el gran incendio qué se produjo en 1997 y qué arrasó la friolera
de 20.000 m2 del espacio.
Medidas de
conservación como eliminación de puntos negros de escombreras, el mantenimiento
de una lámina de agua permanente todo el año, repoblación de zonas aledañas a
los caminos agrícolas, o evitar los incendios intencionados del carrizo, pueden
hacer qué este pequeño espacio sea uno de los humedales más importantes del Sur
de Madrid.
Accesos a los
Albardales.
-En coche. Coger
la A-4 hasta la salida 22, y luego tomar la M-506 hasta la rotonda del Parque
Tierno Galván. También la A-4 salida 9, y luego la M-301, hasta la misma
rotonda. 40 minutos aproximadamente desde Madrid capital.
-En autobús.
Línea 412 Madrid (Villaverde Bajo Cruce)-San Martín de la Vega). Bajarse en
plaza Miguel de Unamuno. Desde allí cogemos la Avenida de los Abogados de
Atocha hasta la rotonda de la antigua estación de cercanías. 45 minutos desde
Madrid.
Línea 413 Pinto
(FF.CC)-San Martín de la Vega. 30 minutos desde la estación de cercanías de
Pinto. Luego el mismo recorrido andando desde la plaza Miguel de Unamuno.
-En bici. Existe
un carril bici qué sale desde el Barrio de los Rosales en Villaverde y llega
hasta la entrada del mismo pueblo. 2 horas y 15 minutos desde Madrid.
La ruta propuesta
es una ruta circular por los Albardales con principio y fin en la parada del
autobús a Madrid. Es de dificultad baja y tiene una duración aproximada de 3
horas.
(Ruta circular de 3 horas de duración por los Albardales). |
Este es el
relato de un salida qué realicé a principios del mes de Septiembre de 2015, a
finales de verano.
Animado por la
buena experiencia del año pasado en la que fue mi primera visita a los
Albardales, con buenos avistamientos de limícolas, y con una cita reciente de
morito el fin de semana anterior, decidí acercarme una tarde a probar suerte.
Desde la parada
del autobús a la entrada a los Albardales hay unos 30 minutos de caminata así
qué me entretuve viendo la arquitectura tradicional del pueblo. Aún hoy día, en
el, quedan casas de campo con sus patios para los aperos de labranza, y en
muchos garajes hay gente que vende sus productos de huerta. San Martín es
quizás junto con Ciempozuelos, uno de los pocos pueblos del Parque Regional del
Sureste, qué han sabido conservar mejor, buena parte de su primitivo patrimonio
arquitectónico.
A las afueras
del pueblo, llegué al carril bici, que era flanqueado en su margen izquierda
por un inmenso maizal. Allí en sus hojas, se agolpaba un buen bando de gorriones
comunes, la primera especie de la lista. A la derecha del camino en
unas antenas muy altas, había dos cigüeñas blancas, de esas qué se
quedan con nosotros a pasar el invierno. Entre la inmensa mole de ramas qué formaban
su colosal nido, criaban algunos estorninos negros.
En un claro del
maizal decidí echar un vistazo y asusté a un pequeño grupo de tórtolas
turcas.
El día estaba
muy encapotado, típico día de tormenta de finales del verano. En lo alto de las
nubes volaban golondrinas comunes qué hacían bonitos picados a ras del suelo
para poderse llevar algún incauto mosquito al pico.
En pocos minutos
llegué a la estación abandonada de cercanías. Ejemplo esclarecedor del impacto
de la crisis, y de la qué ahora la naturaleza se había hecho dueña de semejante
mole abandonada. Su techo era aprovechado como posadero para palomas
torcaces y tórtolas turcas. Por sus andenes abandonados, a modo de
película apocalíptica, eran ocupados por traviesos conejos y gazapillos.
Por mi izquierda
apareció una sombra qué iba a toda velocidad a posarse sobre una antena de la
estación. Cuando se posó, pude comprobar qué se trataba de un alcaudón
meridional.
Aunque había
parado de chispear, las nubes qué venían del Sureste eran muy compactas, y al
fijarme en ellas, apareció un enorme bando de jilgueros qué sin duda
huían del pequeño aguacero qué me recibió al bajarme del autobús.
Justo a la
entrada a la rotonda del Parque Tierno Galván vi un pequeño arroyo qué era el
desagüe del canal de riego. Allí había
una pequeña congregación de ánades reales y ya se comenzaban a
ver las primeras limícolas. Tras estos apareció primero un andarríos grande y luego
un andarríos
chico lo qué me permitió poder apreciar las diferencias entre ambas
especies. Delante de todas ellas había un limícola qué hacía graciosos
equilibrios con una pata. Me costó mucho identificarla, pues no se daba la
vuelta y no la veía de frente. Tras varios minutos de paciencia, y con la guía
en la mano pude comprobar qué se trataba de un andarríos bastardo. Poco
después hizo acto de aparición una juguetona lavandera boyera.
(Ánades reales, anas platyrhynchos). |
Tomé la pista
agrícola qué cruzaba el inmenso maizal, y a mi izquierda había una alberca por
donde pasaba un pequeño canal. Aproveché para subirme a ella y poder tener
mejor campo de visión. Al fondo del canal había cuatro fochas comunes nadando en
busca de comida, y junto a ellas una lavandera blanca.
A pocos metros
del canal el carrizo estaba muy alto, lo que me indicaba qué estaba a la
entrada de los Albardales.
(El sobrante del riego de los maizales hace qué se inunden los Albardales). |
Me quedé a
observar con los prismáticos entre una pequeña apertura qué había en el carrizo
y comencé a apuntar nuevas especies para la lista. Primero apareció un macho de
cuchara
europeo en eclipse. Nadando en grupo, mezcla de fochas comunes y gallinetas
comunes. En un prado encharcado, muy camufladas, dos cigüeñuelas
barrían con su pico el fango en busca de invertebrados. Tras ellas, un imponente ejemplar de garza imperial.
(Garza imperial, ardea purpurea). |
Vuelvo a la
pista agrícola, y tras unos metros el carrizo desaparece y se ve en toda su
extensión la lámina de agua. Dos zampullines chicos se lanzan a
bucear al unísono ante mi presencia. Me detengo a ver dos garzas imperiales qué
estiran sus majestuosos cuellos para detectar mi presencia. En ese instante veo
una gran figura negra con un cuello muy largo, y me pongo a alerta. Tras unos expectantes
minutos llega la sorpresa del día. ¡Dos moritos!. Mi primer avistamiento de
este especie para Madrid. Sin hacer mucho ruido y alejándome todo lo que pude
del camino pude deleitarme un buen rato con su presencia, y sacarles unas
cuantas fotos.
(Morito, plegadis falcinellus). |
Tras un buen
rato observándolos con los prismáticos decidí marcharme para no molestarles y
continué mi camino por la pista agrícola hasta un pequeño camino qué torcía a
la izquierda y bordeaba el carrizal. Un poco antes, dos cigüeñas blancas se
posaron en la laguna procedentes de los nidos cercanos de las antenas del
pueblo.
(Cigüeñas blancas, ciconia ciconia). |
A lo lejos se
veían los imponentes cantiles yesíferos del río Jarama. Me paré en una zona de
barbecho qué había entre el maizal. Primero pude ver unas urracas qué buscaban
comida en el suelo. Al fondo se posó una cogujada común. Y encima de una boca
de riego se posó un ave qué al principio no distinguía con luz. Tras un poco de
paciencia, la segunda sorpresa del día. ¡Una tarabilla norteña!.
Especie qué por estas fechas se ve en migración post-nupcial en muchos lugares
de Madrid.
(Cerros yesíferos del río Jarama en el Parque Regional del Sureste). |
Cogí el camino
qué llevaría a la otra orilla del carrizal. En lo alto patrullaba un bonito aguilucho
lagunero qué hizo levantar el vuelo a unos asustados ánades
reales.
La vereda qué
acaba en la pista agrícola opuesta, estaba invadida por un espeso carrizal.
Cruzarlo se hizo muy tortuoso, tanto qué eché en falta un machete a modo de los
expedicionarios del Amazonas. Tras unos angustiosos minutos, salí de aquella
maraña, y en lo alto de las nubes apareció un milano negro. Seguramente
alguno de los rezagados, porque dos semanas antes me había hartado de ver
cientos y miles cruzando el Estrecho de Gibraltar en Tarifa.
Avanzando por la
pista agrícola llegué a un gran barbecho en medio del maizal, y me metí en él
para ver si veía algo interesante. A lo lejos se veían los imponentes cerros
yesiferos de la Marañosa. Junto a ellos, y modo de postal apareció una bandada
de avefrías.
(Pista agrícola en los Albardales). |
Poco a poco iba
ganando altura y tenía a mis pies la laguna, pero sólo veía la parte seca, ya
que la inundada la rodeaba una gran masa de carrizo.
En un carrizo
junto a un gran pino carrasco aparecieron unos juveniles de pájaro
moscón y poco después el macho con su famoso antifaz negro.
Pequeños grupos
de aviones
zapadores sobrevolaban la laguna cazando a vuelo un buen puñado de
molestos mosquitos, cosa que agradecía.
En lo alto de un
gran árbol seco se posaron tres bonitos ejemplares de verderones comunes.
Antes de llegar
al punto de partido, donde hay una abertura en el carrizal donde se tiene buena
visión, un zarcero común me puso alerta con su melodioso canto.
Volví a echar un
vistazo a la laguna pero sin ninguna especie nueva a sumar a la lista. Decidí retomar
el camino de vuelta para coger el autobús, y como punto final pasaron sobre mi
cabeza una buena formación de garcillas bueyeras camino de sus
dormideros a orillas del río Jarama.
¡A qué esperáis
para calzaros las botas, y preparar vuestros prismáticos y cámara, y disfrutar
de este lugar tan interesante!.
¡Felices
avistamientos!.
© Rafita Almenilla.
Para concluir
adjunto lista de especies avistadas durante la ruta.
FAUNA
DE LOS ALBARDALES
|
|
AVES
|
MAMIFEROS
|
Aguilucho lagunero occidental
|
Conejo
|
Alcaudón meridional
|
|
Ánade real
|
|
Andarríos bastardo
|
|
Andarríos chico
|
|
Andarríos grande
|
|
Avefría
|
|
Avión zapador
|
|
Cigüeñuela
|
|
Cigüeña blanca
|
|
Cogujada común
|
|
Cuchara europeo
|
|
Estornino negro
|
|
Focha común
|
|
Gallineta
Garcilla bueyera
|
|
Garza imperial
|
|
Golondrina común
|
|
Gorrión común
|
|
Jilguero
|
|
Lavandera blanca
|
|
Lavandera boyera
|
|
Milano negro
|
|
Morito
|
|
Paloma torcaz
|
|
Tarabilla norteña
|
|
Tórtola turca
|
|
Urraca
|
|
Verderón común
|
|
Zampullín chico
|
|
Zarcero común
|
Hola, me encanta tu blog, perdona, sabes algo más del morito, es que estoy intentando hacer un estudia de las aves de la zona. Un saludo. Si puede ser me podría decir si lo ha avistado más veces?
ResponderEliminarHola Diego. Es la primera vez qué lo veo por allí. Pero el año pasado ya estuvimos y se vió justo el día anterior qué visité los Espartales. Parece ser qué se ve ha visto otros años atrás. Para verlo te recomiendo qué lo vayas a ver la última semana de Agosto y primera de Septiembre qué es cuando el agua sobrante de los maizales cercanos llenan los Albardales. Un saludo.
ResponderEliminarMuchas gracias eso aré jje
Eliminar