domingo, 16 de febrero de 2020

RUTA POR MÓSTOLES


Parque Nelson Mandela. ¿La naturaleza se acerca a la ciudad, o viceversa?.

Últimamente para los que vivimos en la ciudad, nos puede sorprender como algunos animales salvajes se dejan ver de vez en cuando por este entorno tan urbano y artificial.
Es anecdótico ver y leer en periódicos u otros medios, citas de búhos reales en Fuenlabrada, zorros en Villa de Vallecas, jabalíes en el barrio de las Tablas, o hasta una mismísima nutria en las aguas del Manzanares en las cercanías del Puente de San Isidro.
Y aquí surge el eterno debate de si la naturaleza se acerca a la ciudad o es la ciudad la que invade las zonas no urbanas o rurales.
Actualmente somos 7.000 millones de habitantes en la Tierra, y a partir del año 2000 más de la mitad de la población mundial vivía en ciudades.
De seguir este ritmo demográfico en pocas décadas llegaremos a los 10.000 millones de habitantes, comprometiendo la diversidad biológica del planeta.
El proceso urbanizador ha crecido exponencialmente desde la Segunda Guerra Mundial y a día de hoy contamos con varias “megalópolis”, ciudades de más de 10 millones de habitantes, la gran mayoría ubicadas en el Tercer Mundo.
La fauna no es ajena a esta inmensa transformación. Es un fenómeno global.
No es extraño ver en ciudades tan populosas como Los Ángeles, coyotes pasear tranquilamente por sus calles, o a propietarios de perros en Bombay tenerlos a buen recaudo para no ser depredados por leopardos.
A escala local, la Comunidad de Madrid no es ajena a estos cambios de hábitats, y no es extraño ver conejos, perdices, alcaravanes, en varios puntos de la ciudad de Madrid.
En estudios sobre tendencia de poblaciones de aves, se ha constatado que las aves forestales están en aumento, y por el contrario las esteparias han visto disminuir de manera alarmante sus poblaciones.
Es curioso comprobar como en zonas urbanas han crecido especies ligadas al medio forestal como pito real, pico picapinos, carboneros comunes, herrerillos comunes o agateadores comunes.
Exportamos nuestro modelo urbano a las zonas rurales con la construcción de urbanizaciones de segunda residencia, vertederos, y vías de comunicación como autopistas y autovías.
Modestamente, soy de la opinión de que no es que la naturaleza se acerque a la ciudad, es que la ciudad se expande cada vez más, alterando los ecosistemas que la rodean.
Otra cosa es que con los impactos ecológicos que sometemos a la fauna, desgraciadamente esta tenga que adaptarse a estos cambios tan bruscos en un periodo de tiempo tan corto.
Hay especies que salen beneficiadas, como las oportunistas, como urracas, estorninos negros, gaviotas, o cernícalos vulgares, y otras que están perdiendo la batalla como los sisones, avutarda, cernícalos primillas o aguiluchos cenizos.
Un lugar donde se ve esta dualidad urbana-rural, es el Parque Nelson Mandela de Móstoles.

(Parque periurbano Nelson Mandela en el municipio de Móstoles).

Situado en el triángulo de los municipios de Móstoles (Móstoles Sur), Fuenblabrada (Loranca) y Arroyomolinos, es un parque periurbano con dos lagos artificiales, y dotado de merenderos, y zonas para pasear y montar en bici.
La vegetación está compuesta de pinos, cipreses, algarrobos, almendros, encinas, y zonas arbustivas como romero, y tomillo.

(Entre las especies arbóreas del parque, se encuentran los almendros).

Las orillas de los lagos está ocupada por una alineación de vegetación de ribera, compuesta por carrizo, cañas, juncos churreros, álamos y sauces.

(Vegetación de ribera en lago del Parque Nelson Mandela).

Estando ubicado en las afueras de Móstoles, en la zona de Móstoles Sur, la zona está rodeada de zonas esteparias, y zonas de cultivo.
A las especies de aves propias de cualquier parque urbano como urraca, gorrión común, mirlo común o ánade real, hay que añadir especies esteparias como cogujadas comunes, alondras comunes, perdices rojas.
El parque es un oasis de biodiversidad entre la ciudad y la zona rural, y la abundancia de conejos hace que no sea difícil ver campear al buitre negro o el águila imperial por sus alrededores.
Incluso dentro del parque nos podemos llevar buenas sorpresas ornitológicas, como el avetorillo común, que algunos ejemplares usan el parque como zona de invernada.
La ruta propuesta es una ruta circular con principio y fin en la Avenida de la Vía Láctea-Géminis en la parada de la línea del autobús 524. Es de 2 horas de duración y de dificultad fácil.

(Ruta circular de 2 horas de duración y dificultad fácil por el Parque Nelson Mandela).

Visitando los dos lagos del parque y la zona de estepas y huertas aledañas al parque.
-Ficha técnica de la ruta.
-Tipo de ruta: circular.
-Punto de inicio y final de la ruta: Avenida Vía Láctea-Géminis, parada del autobús 524.
-Distancia: 4 kilómetros.
-Desnivel: prácticamente llano. Punto más alto 646 metros, punto más bajo 637 metros.
-Dificultad: fácil. Apta para todos los públicos.
-Duración: 2 horas, con paradas para ver aves.
-Patrimonio natural: parque periurbano.
-Accesos al Parque Nelson Mandela.
-En coche: autovía A-5 salida 14, luego tomar la M-50 y posteriormente la Avenida de la ONU y finalmente la Calle Osa Mayor. 30 minutos desde Madrid.
-En autobús. Línea 524 Madrid (Príncipe-Pío)-Móstoles Sur. 50 minutos desde Madrid.
-En bicicleta. Desde la estación de cercanías de Móstoles el Soto se tarda 20 minutos al parque. La ruta es ideal para hacerla en bici.
-Recomendaciones de la ruta.
-En el parque hay merenderos para pasar un buen día de picnic.
-No dar de comer a las aves del lago. Podemos provocarles problemas intestinales y atraemos a las ratas.
-Aprovechar para rastrear con los prismáticos la zona esteparia aledaña al parque. Es zona de dispersión de grandes rapaces como buitre negro o águila imperial.
Este es el relato de una ruta que realicé la tercera semana de Febrero de 2020.
Era mi segunda visita al Parque Nelson Mandela de Móstoles, ya que lo había visitado hace 2 años antes. El objetivo de la ruta era ver el avetorillo común que hibernaba en uno de los lagos del parque.
El autobús 524 me dejó a unos 15 minutos de una de las entradas del parque. Llevábamos unos días con unas nieblas persistentes, que en aquel día no levantaba y que a pesar de ser las 16.00 de la tarde, parecía ya casi de noche, con una luz muy mala para diferenciar las especies.
La niebla era tan densa y cerrada, que comenzó a precipitar, con una leve llovizna que esperaba que no me estropeara la ruta.
Al llegar a las inmediaciones del parque vi volar las primeras especies de la lista, varias gaviotas sombrías  y otros tantos cormoranes grandes.
Tras subir un pequeño repecho ya podía ver el primer lago del parque, y a mi derecha la zona esteparia, con algunas huertas y edificaciones.
En un tendido eléctrico vi posadas un nutrido grupo de cotorras argentinas. Al poco salieron volando despavoridas, como si algo les hubiese asustado. Poco tuve que esperar para ver qué fue los que las puso en alerta, dos milanos reales que pasaron planeando por encima de ellas.
Con la humedad de días anteriores, la primavera había llegado adelantada al conjunto del parque, y había un inmenso tapiz amarillo de crucíferas, y algunos almendros ya estaban en flor.
Bajé la cuesta, y me pegué a la vegetación de ribera del primer lago que estaba compuesta por sauces, álamos, juncos churreros y una buena línea de carrizo.
Los primeros ánades reales hicieron acto de presencia, seguidos de algunas fochas comunes.
Comencé a rastrear la línea de carrizo de la otra orilla del lago buscando el avetorillo, pero parecía que en aquella tarde tan plomiza no iba a dar su brazo a torcer.
Seguí rodeando el lago, y el trasiego de los mosquiteros comunes era constante, y no era raro encontrarse algo a cada pocos metros que recorría.

(Mosquitero común. Phylloscopus collybita).

En los aledaños, del lago, en sus taludes, había grandes concentraciones de fringílidos mezclados. A pesar de lo mala que era la luz, pude distinguir entre tanto bando a muchos pardillos comunes, serines vercedillos  y unos pocos verderones comunes.

(Bandos de serines verdecillos, pardillos comunes y verderones comunes).

Siguiendo caminando por el camino del lago no quitaba ojo a lo que se movía dentro de este, y pude pillar in fraganti a una gallineta común antes de que se escondiese en el carrizo.
Oí reclamar algo encima de mi cabeza, y vi dos siluetas negras, que con paciencia pude comprobar que se trataban de dos garzas reales.

(Garzas reales. Ardea cinerea).

Un poco más adelante vi a dos chicos que estaban tirando pan al lago para dar de comer a los ánades. Al festín acudieron también las fochas comunes, y un huésped inesperado, con pelo. Una gran rata parda, que se llevó entre sus dientes, media barra de pan. Esta es la consecuencia de dar de comer a las aves, que aparte de producirles problemas intestinales, atraen a los roedores. Desde aquí hago un llamamiento al civismo, cuando visitemos los parques  y en general la naturaleza.

(Rata parda. Rattus norvegicus).

Proseguí rodeando el lago, y me sorprendió ver a 5 aviones comunes en busca de mosquitos. Eran los aviones comunes más tempraneros que había visto nunca.
A parte de la gran cantidad de mosquiteros comunes, otra especie muy abundante en el parque eran los colirrojos tizones, que incluso algunos eran muy confiados y se dejaban fotografiar bien.

(Colirrojo tizón. Phoenicurus ochruros).

Seguí rastreando la banda de carrizo sin éxito en busca del avetorillo.
Al final del camino, donde se bifurcaba en dos, vi el primer aláudido de la tarde, una inquieta cogujada común.
Giré hacia la izquierda tomando el camino del segundo lago, que se pegaba a una valla metálica y que tenía vistas a la zona esteparia aledaña. Mirando en la zona de barbecho pude sumar nuevas especies.
Las primeras, un pequeño bando de perdices rojas, y posteriormente los segundos aláudidos del día, un bando de alondras comunes.
Subía a una zona de pinos, con vegetación arbustiva de retamas y romeros, donde había unos merenderos. Decidí hacer un pequeño descanso y aprovechar para rastrear aquella zona que tenía tan buena pinta para pequeños pajarillos.
Sentado en un banco comencé a apuntar el continuo goteo de nuevas especies. Por la zona de los pinos que tenía de frente comenzaron a desfilar urracas, palomas torcaces, mirlos comunes, gorriones comunes y petirrojos europeos.
El segundo lago no presentaba gran actividad de aves, salvedad hecha a 3 cormoranes grandes posados en medio del lago, y varias gaviotas sombrías sobrevolándolo.

(Cormoranes comunes. Phalacrocorax carbo).

Lo único destacable del recorrido del segundo lago fue poder fotografiar un macho de curruca capirotada.

(Curruca capirotada. Sylvia atricapilla).

Volví al segundo lago para hacer al última intentona al avetorillo. Tras dar la vuelta completa al lago y rastrear todo el carrizo, me di por rendido. Sólo pude sumar de nuevas, pito real ibérico, tórtola turca, y una tarabilla europea que estaba escondida entre las ramas de un sauce.

(Tarabilla europea. Saxicola rubicola).

Lo que si me empeciné es en fotografiar a un zampullín común que había visto al principio de la ruta e intenté fotografiar todo el rato, hasta que pude pillarle más tranquilo.

(Zampullín común. Tachybaptus ruficollis).

Asumiendo mi derrota de no haber cumplido la misión de la ruta, comencé a retomar el camino del autobús. Con lo espesa de la niebla, aunque aún era por la tarde, ya parecía noche cerrada. Grandes bandadas de estorninos negros comenzaban a volar a sus dormideros.
Cuando ya iba a guardar los prismáticos en la mochila vi las dos últimas especies de la ruta. En un tendido eléctrico había posado un cernícalo vulgar, y a escasos metros de este, posadas varias bisbitas pratenses, casi sin inmutarse ante la presencia de su depredador.
Ya sólo me quedaba andar el camino de vuelta para coger el autobús que me llevaría de vuelta a Madrid.
¡A qué esperáis para colgaros los prismáticos y la cámara de fotos y visitar este parque tan interesante!
¡Felices avistamientos!
Para acabar, adjunto la lista de especies vistas durante la ruta.

FAUNA DEL PARQUE NELSON MANDELA
AVES
MAMÍFEROS
Alondra común
Rata parda
Ánade real
Avión común
Bisbita pratense
Cernícalo vulgar
Cogujada común
Colirrojo tizón
Cormorán grande
Cotorra argentina
Curruca capirotada
Focha común
Gallineta común
Garza real
Gaviota sombría
Gorrión común
Milano real
Mirlo común
Mosquitero común
Paloma torcaz
Pardillo común
Perdiz roja
Petirrojo europeo
Serín verdecillo
Tarabilla europea
Urraca
Verderón común

-Fuentes consultadas.
-Google maps.

sábado, 25 de enero de 2020

RUTA POR PINTO


Estepas cerealistas de Pinto. La estepa acorralada.

Si hay un ecosistema muy castigado, y que muchas veces no se le da la importancia que posee, ese es sin duda la estepa.
Si hiciésemos una encuesta sobre los paisajes naturales preferidos por la gente, los primeros puestos los coparían espacios naturales tan famosos como Ordesa y Monte Perdido, Picos de Europa, Doñana o Monfragüe.
Casi nadie votaría por espacios esteparios tan interesantes como La Serena, Los Monegros, o las Estepas de Belchite.
Como he comentado en otras ocasiones en este blog, tenemos en mente el estereotipo de que las estepas son lugares inhóspitos, yermos y carentes de vida. Nada más lejos de la realidad.
Las estepas ibéricas dan cobijo a especies de aves amenazadas, algunas a nivel mundial, como la avutarda común, sisón común, aguilucho cenizo o cernícalo primilla.
En el Sur de la Comunidad de Madrid, tenemos el privilegio de contar con una muestra representativa de este ecosistema extraordinario: las estepas cerealistas de Pinto.
Esta estepa, o mejor dicho pseudoestepa, es el resultado de la degradación durante siglos del primigenio monte mediterráneo. Antiguas extensiones de encinar manchego fueron roturadas para la agricultura, convirtiendo estos parajes en olivares, almendros y cultivos cerealistas.

(Olivar en las estepas cerealistas de Pinto).

En este ambiente estepario, la vegetación arbórea es escasa. Aparecen algunas repoblaciones de pino carrasco, árboles del paraíso dispersos, y algunas formaciones de almendros.
En un ambiente tan seco y caluroso, con unos suelos muy pobres compuestos por yesos, abundan las especies arbustivas.
Es el reino de especies gipsícolas, algunas de ellas endémicas como tomillo salsero y sapero, romero, jabuna, esparto. Y otras de porte más grande como la gayomba o la retama de bolas.
En suelos un poco más desarrollados, podemos encontrar pequeñas formaciones de coscojares.
En los Arroyos de los Prados y el Arroyo Culebro podemos encontrar una banda de bosque galería compuesta fundamentalmente por carrizo y juncos.
Pero sin duda el tesoro natural de este espacio estepario son las aves.
En las estepas de Pinto podemos encontrar el último bando de avutardas comunes del Parque del Sureste. Cada vez más escaso, también podemos tener la suerte de ver algún sisón común. Es un buen refugio para una población de aguilucho cenizo cada vez más menguante. Y también podremos observar algún ejemplar de cernícalo primilla.
En el ambiente estepario podemos observar otras especies tan interesantes como críalo, collalba gris, calandria, o avefría europea.
En los carrizales de los Arroyos del Prado y Culebro se avistan especies tan sugestivas como ruiseñor pechiazul, agachadiza chica, o escribano palustre.
Toda esta riqueza natural genera que parte de la estepa cerealista esté zonificada como reserva natural “zona B” dentro del propio Parque Regional del Sureste.
A este riqueza natural hay que sumarle la arqueológica e histórica.
Durante la ruta podremos visitar el yacimiento de búnkeres de la Guerra Civil de los Yesares, y la cueva Cuniebles, de la época paleolítica.

(Búnker de la Guerra Civil en el Yacimiento de los Yesares).

A pesar de toda esta riqueza botánica, zoológica, arqueológica e histórica, esta zona esteparia está sometida a numerosos impactos ambientales, que repercuten negativamente en su conservación.
En el entorno de este espacio protegido se encuentra las instalaciones del Centro Penitenciario Madrid III. El complejo militar de la Marañosa. El polígono industrial Aymar y el Vertedero de Pinto.
Existen focos dispersos de vertederos ilegales, y vertidos de lodos de depuradoras. A esto habría que añadir molestias a la fauna, y caza furtiva.
La agricultura intensiva ha transformado el tradicional paisaje agrario, suprimiendo lindes y barbechos, y utilizando fertilizantes químicos y pesticidas, lo que ha incido en muchas especies esteparias, como el caso del sisón común, y otras especies comunes como mochuelos, codornices, trigueros, calandrias, han visto disminuir en caída libre sus poblaciones.
Este descenso alarmante de especies esteparias debe ser una señal de alerta y nos debe hacer reflexionar sobre las medidas que tenemos que adoptar para proteger estos espacios naturales tan singulares y a la vez tan frágiles.
La ruta propuesta es una ruta lineal por todo el complejo estepario, de 3 horas y 30 minutos de duración y de dificultad moderada. Desde el polígono industrial Aymar, al polígono industrial de las Arenas de Pinto.

(Ruta lineal de dificultad moderada y de 3 horas y 30 minutos de duración por las estepas cerealistas de Pinto).

Visitando la estepa cerealista de Pinto, los alrededores del Cerro Cabeza Fuerte, el yacimiento de los Yesares, y los arroyos Culebro de y de los Prados.
Ficha técnica de la ruta.
-Tipo de ruta: lineal.
-Punto inicial y final de la ruta: parada autobús 412 polígono industrial Aymar. Parada autobús 421 calle Sierra Nevada.
-Distancia: 13 kilómetros.
-Desnivel: punto más alto 629 metros. Punto más bajo 595 metros.
-Dificultad: moderada. Hay que recorrer una distancia muy larga andando, y si no estamos acostumbrados, nos puede costar un poco.
-Duración: 3 horas y 30 minutos, con paradas para ver aves.
-Patrimonio natural: estepas cerealistas de Pinto. Cerro Cabeza Fuerte. Arroyos del Prado y Culebro.
-Patrimonio histórico y arqueológico: yacimiento de Yesares. Cueva Cuniebles.
-Accesos a Pinto.
-En coche. A-4. Tomar la salida 20 y luego coger la M-841 hasta el polígono industrial Aymar.40 minutos desde Madrid.
-En autobús. Para la ida coger el autobús 412 Madrid (Villaverde Bajo-Cruce)-San Martín de la Vega, y bajarse en la parada del polígono Aymar.
20 minutos desde Madrid.
Para la vuelta. Coger el autobús 421 Madrid (Legazpi)-Pinto, en la parada de la calle Sierra Nevada. 25 minutos a Madrid.
-En bicicleta. Desde la estación de cercanías de Pinto a la carretera de la Marañosa hay unos 18 minutos. La ruta descrita es ideal para hacerla entera en bicicleta de montaña.

-Recomendaciones para la ruta.
La ruta es ideal para hacerla en Primavera. Evitar el Verano ya que hay zonas en las que apenas hay sombra.
Si la vamos a hacer en Invierno, calcular bien las horas de luz.
No hay agua en todo el recorrido, así que mejor aprovisionarnos con bastante líquido.
En época de rueda de la avutarda en los meses de Marzo y Abril, extremar las precauciones, no nos acercaremos a ellas, y o bien, no visitar la zona en estas fechas, u observarlas con telescopio a una distancia más que prudencial.
Respetar el patrimonio del yacimiento de los Yesares y la Cueva Cuniebles.
Hay buenas pistas para transitar por ellas andando o en bici. No salirse de los caminos, y evitar en la medida los vehículos a motor.
Pasaremos por algún coto de caza. Tomar precauciones en época de caza.
Este es el relato de una ruta que realicé la segunda semana de Enero de 2020.
Llevábamos un par de semanas de Invierno, y el primer temporal de frío azotó la Península, con un frío gélido en la Comunidad de Madrid.
Decidí hacer la visita por la tarde para tener algo más de calor. Era una ruta que tenía  en mente hacerla hace mucho tiempo, ya que sólo había hecho parte de ella, y con el aliciente de que hace días atrás habían citado una lechuza campestre por allí, especie que  no había visto, pero que sería todo un reto buscarla una zona esteparia tan grande.
En poco más de 20 minutos el autobús procedente de Madrid me dejó en la puerta del polígono industrial Aymar de Pinto. Una gran explanada a la entrada el polígono era el punto de partida de mi ruta ornitológica.
En un cable eléctrico estaban posadas dos palomas torcaces y una urraca, las primeras especies de la lista.
El día era muy claro, radiante, con buena visibilidad, y a esas horas de la tarde incluso el sol “picaba” en la espalda.
Comencé a barrer con los prismáticos la zona de cultivos cerealistas, y para mi sorpresa pude ver volar al ras del cultivo, un bello ejemplar de aguilucho pálido, que finalmente cruzó la carretera.
Comencé a andar por la pista de tierra conocida como “camino de Oreja”, que bordea la valla del polígono industrial, y donde hay una plantación lineal de almendros.
Comenzó un desfile incesante de pequeños pajarillos. Primero la tocó el turno a unos cuantos serines verdecillos. Poco después gorriones comunes, posteriormente pinzones vulgares, y al final pillé posados dentro del polígono unos cuantos pardillos comunes.

(Pinzón vulgar. Fringilla coelebs).

A mi izquierda disfruta de unas magníficas vistas de la estepa, y en ella había una pequeña vaguada donde se levantó una gran rapaz. Al principio con la luz no la distinguía, hasta remontó más el vuelo y pude comprobar que se trataba de un aguilucho lagunero occidental
En otro gran almendro, esta vez la concentración era de gorriones morunos, que al detectar mi presencia, volaron en bandada hacia dentro del polígono.

(Gorriones morunos. Passer hispaniolensis).

Comencé a oír un ruido intenso por encima de mi cabeza, como el motor de un avión. Cuando el sol me dejó ver, me quedé sorprendido al ver la gran concentración de cigüeñas blancas que sobrevolaban mi cabeza.

(Cigüeñas blancas. Ciconia ciconia).

El bando comenzó a hacer círculos para luego tomar dirección norte, hacia el vertedero. Poco después le tocó el turno a las gaviotas. Primero, una gran bandada de gaviotas reidoras, y entre tantas de estas, se coló algunas gaviotas sombrías.
Después aquel desfile gaviotero, le tocó el turno a los milanos reales.
En el rato que pasé parado pude contar hasta siete sobrevolando el polígono, y no serían los únicos que vería durante el camino.

(Milano real. Milvus milvus).

Poco a poco iba dejando atrás el polígono y llegando a la pista del camino de Valdeciervos, que es donde habían citado la lechuza campestre.
El camino comenzaba a descender, y de frente me encontré un gran almendro, de donde salieron volando un grupo de estorninos negros como si huyeran de algún depredador. Poco después se despejaron las dudas, pues muy cerca había posado un milano real, que alzó al vuelo cuando me vio.
Cuando este se fue volando a la zona del olivar, el almendro fue rápidamente ocupado por un pequeño grupo de escribanos trigueros.
El trasiego de conejos por el camino era constante, y en algunos tramos del camino se veían sus madrigueras.
Llegué a la intersección de los caminos de Oreja y Valdeciervos, y en un lado del camino otro almendro de gran porte, esta vez ocupado por un grupo de estorninos pintos.

(Estorninos pintos. Sturnus vulgaris).

De un pequeño majano salió una rapaz muy clara, que me puso en alerta por si podía tratarse de la lechuza campestre. Cayó detrás de una loma, y me dirigí a ella. Cuando la subí había una zona de cultivo de cereal muy alto, y aunque estuve rastreando varios minutos, no encontré recompensa.
A unos cuantos metros de distancia, había posada una rapaz en un majano. Con los prismáticos pude identificarla como un busardo ratonero.
Comencé a bajar la loma para ir a la zona de olivar del punto de la lechuza campestre. En una zona de barbecho pegada al camino, aparecieron corriendo varias perdices rojas, asustadas ante la presencia en el cielo de varios ejemplares de milano real.
Volví a coger el camino de Valdeciervos, atravesando una zona de cultivo de cereal. Por encima de este comenzaron a aparecer varias bisbitas pratenses que fueron a refugiarse a una zona de olivar.
Después de varios metros de camino, donde algunas zonas tenía bastante escarcha en zonas de umbría, llegué al punto que me envío mi compañero Gabriel para buscar a la campestre. Estuve un buen rato rastreando toda la zona de olivar a conciencia, y sólo pude ver varios estorninos negros posados en un olivo.
Asumiendo la derrota de no ver otro bimbo, proseguí mi camino en dirección a la carretera de la Marañosa.
Volvía atravesar otro olivar, pero esto con un aspecto más natural. Con zonas de barbecho, y tapizado en algunos sitios con las denominadas “malas hierbas”, tan ideales para pequeños pajarillos.
Me detuve un buen rato en este olivar tan interesante, y fue muy grata la espera porque primero vi un carbonero común, después un cistícola buitrón, y para terminar varios mosquiteros comunes.

(Mosquiteros comunes. Phylloscopus collybita).

El sol comenzaba a ponerse por el Oeste y me comenzaba a molestar la luz.
Llegué a una especie de cerro con buenas vistas, donde había una serie de puestos de caza para las perdices. Por encima de ellos pasó volando muy rápida una abubilla.
En un prado cercano al camino, había una gran concentración de lavanderas blancas qué estaban tan ensimismadas picoteando el suelo, que no se dieron cuenta de mi presencia.
Al fondo se podía ver la imponente mole del vertedero de Pinto. Una gran concentración de gaviotas, milanos, y cigüeñas blancas lo sobrevolaban.
Más adelante, pude fotografiar una buena concentración de jilgueros europeos posados en un árbol.

(Jilgueros europeos. Carduelis carduelis).

Justo antes de cruzar la carretera al vertedero, oí el canto lastimero del avefría europea, que me pasó volando a escasos metros.
Otra vez volví a sorprender un importante bando de pardillos comunes,  que estaban posados en un olmo pegado a la carretera.

(Pardillos comunes. Carduelis cannabina).

Tomé el camino de Getafe a Gózquez que me llevaría al Cerro Cabeza Fuerte por donde suelen moverse las avutardas. Crucé varios prados de bella composición paisajística, que con la luz de la tarde parecían la típica foto de fondo de pantalla de un ordenador. En un majano en una de ellos, pillé posado un macho de colirrojo tizón.

(En Pinto podemos contemplar estepas de gran belleza paisajística).

Ya podía ver la parte de atrás del Cerro Cabeza Fuerte. Había calculado mal la duración de la ruta. Me estaba quedando sin luz, así que tuve que optar por no subir al cerro si quería volver a coger el autobús con algo de luz.
Desde la falda del cerro había unas buenas vistas de Madrid capital, empañadas por la enorme “boina” de contaminación que la cubría.
La última especie que pude que ver con luz fue un grupo de grajillas occidentales que volaban en dirección a lo alto del cerro.
Tuve que acelerar el paso, y ya apenas me quedaban 15 minutos de luz, así que también tuve que dejar la visita al arroyo Culebro para otra ocasión.
Sólo me dio tiempo a ver un rato los búnkeres de la Guerra Civil del yacimiento de Yesares.
Prácticamente ya sin luz, pasé cerca del Culebro y oí una gran concentración de aves, pero con la luz tan escasa, me quedé con las ganas de saber que eran.
Crucé el tramo que me queda de la Cañada Real Galiana, para atravesar el polígono de las Arenas, y coger en sus cercanías el autobús de vuelta a Madrid, con el sabor agridulce de no haber visto la lechuza campestre, pero contento por haber disfrutado de una jornada pajarera tan productiva.

¡A qué esperáis para calzaros las botas y colgaros los prismáticos y disfrutar de este espacio tan interesante!
¡Felices avistamientos! Rafa Almena.
Concluyo el relato con las especies avistadas durante la ruta.

FAUNA DE LAS ESTEPAS CEREALISTAS DE PINTO
AVES
MAMÍFEROS
Abubilla
Conejo
Aguilucho lagunero occidental
Aguilucho pálido
Avefría europea
Bisbita pratense
Busardo ratonero
Carbonero común
Cigüeña blanca
Cistícola buitrón
Colirrojo tizón
Escribano triguero
Estornino negro
Estornino pinto
Gaviota reidora
Gaviota sombría
Gorrión común
Gorrión moruno
Grajilla occidental
Jilguero europeo
Lavandera blanca
Milano real
Mosquitero común
Paloma torcaz
Pardillo común
Perdiz roja
Pinzón vulgar
Serín verdecillo
Urraca
Fuentes consultadas.
-Google maps.
-www.parqueregionaldelsureste.org