sábado, 12 de octubre de 2019


RUTA POR ESTREMERA

Playa de Estremera. Playa en los límites de Madrid.

En la década de los 60 y 70 del siglo pasado, una imagen habitual era irse a bañarse a alguno de los ríos del Sur de la Comunidad de Madrid.
Muchas madrileñas y madrileños esperaban ansiosos la llegada de los fines de semanas estivales para darse un chapuzón en ríos como el Tajo, Henares o Jarama.

(Río Tajo a su paso el término municipal de Estremera).

Este peregrinaje a zonas de baños en las afueras de la ciudad fue magníficamente retratado en la estupenda obra del gran escritor Rafael Sánchez Ferlosio el Jarama.
Por aquellas fechas las aguas de los ríos del sur metropolitano aún contaban con una buena calidad. A partir de la época del desarrollismo, los vertidos industriales, los fertilizantes agrícolas, y los fosfatos de nuestros detergentes, causaron un efecto negativo en la calidad del agua de los ríos.
Actualmente, a duras penas, aguantan pocas zonas de baño en el Sur de Madrid, y a día de hoy sólo podremos disfrutar de un buen día de baño en el río Alberche en Aldea del Fresno, y el río Tajo a su paso por Estremera.
Estremera se encuentra en el vértice más oriental de la Comunidad de Madrid, constituyendo el último municipio, antes de llegar a la vecina provincia de Cuenca. Con menos de 1500 habitantes, es aún un pueblo predominantemente agrícola.

(Vistas del pueblo de Estremera, de la Comarca de las Vegas).

Es conocido por dos lugares muy contrapuestos. Alberga el Centro Penitenciario Madrid VII, y la Playa de Estremera.
La Playa de Estremera es una zona recreativa en las orillas del Tajo, que cuenta con bancos, papeleras, juegos infantiles, duchas  y kiosco. Es una playa de arena que cuenta con una buena formación de bosque de ribera compuesta por chopos, sauces, y tarayes, entre otros, que ofrecen buenas zonas de sombra.
Para los amantes de la ornitología, este municipio ribereño, cuenta con una buena variedad de ecosistemas como estepas cerealistas, olivares, cerros yesíferos, bosque de ribera y zonas de regadíos.

(Olivares en las afueras del pueblo de Estremera).

La buena conservación de alguno de estos hábitats y su variedad, propicia una gran riqueza ornitológica con especies tan interesantes como buitre leonado, águila real, búho real, avutarda, collalba negra o garza imperial.
La ruta propuesta es una ruta circular de  3 horas de duración y dificultad media desde el casco urbano de Estremera hasta su playa.

(Ruta circular de 3 horas de duración y dificultad media, por el pueblo de Estremera).

Ficha técnica de la ruta.
-Tipo de ruta: circular.
-Punto inicial y final de la ruta: Calle Travesía de Puerta de las Viñas.
-Distancia: 5 kilómetros.
-Desnivel. Punto más alto 643 metros. Punto más bajo 556 metros.
-Dificultad: media. Por la distancia recorrida, y a la vuelta tenemos un poco de pendiente.
-Duración: 3 horas, con paradas para ver aves.
-Patrimonio natural: estepas cerealistas de Estremera. Bosque galería del río Tajo.
-Accesos a Estremera.
-En coche. Coger la A-3 autovía Madrid-Valencia hasta la salida 62. Luego tomar la M-240. 45 minutos desde Madrid.
-En autobús. Línea 351 (Ronda de Atocha-Barajas de Melo). 1 hora y 35 desde Madrid.
-En bicicleta. Vía Verde de los 40 días. Desde Carabaña. 1 hora.
Recomendaciones para la ruta.
-Ruta ideal para hacer en otoño o primavera.
-Para ver aves esteparias es ideal el uso de telescopio.
-No salirse de los caminos. La ruta es compartida por una parte del camino de Santiago y el camino natural del canal de Estremera.
-En el área recreativa hay una zona de merenderos, ideales para pararse a comer.
-Durante la ruta, hay un tramo donde tendremos que cruzar una carretera. Tomaremos precauciones al cruzar.
Este es el relato de una ruta que realicé a comienzos del otoño de 2019.
Era el segundo día del mes de otoño. Ya tenía ganas de visitar Estremera, pues siempre había estado de paso de camino a la provincia de Cuenca. Sentía mucha curiosidad por conocer sus variados e interesantes paisajes, y su riqueza ornitológica.
Me planté un domingo por la tarde con un día muy fresco y algo ventoso.
El día anterior habíamos vivido los últimos coletazos de la famosa “DANA” que afectó de manera tan drástica al Levante, y qué también se dejó notar en algunos municipios de la zona sureste de Madrid.
La tarde era de lo más agradable para dar un largo paseo. Aún quedaban algunos nubes del frente del día anterior, que se iban retirando al Este, y la temperatura era muy agradable, incluso un poco fresca, cosa que agradecí.
Pronto dejé la parada del autobús que me trajo desde Madrid, y fui callejeando para buscar la carretera a Villamanrique de Tajo, buscando la pista de tierra que partía de ella, y me llevaría a la playa de Estremera.
La primera especie de la lista fueron varios gorriones comunes, apostados en los tejados de las calles aledañas a la calle principal del pueblo.
A pocos metros encontré la pista que estaba buscando, señalizada con marcas del Camino de Santiago.
Poco a poco fui dejando atrás el casco urbano, y me fui internando en una llanura de estepas cerealistas de lo más atractiva.
La primera rapaz que se dejó ver entre las nubes, fue un buitre leonado que probablemente procediese de la colonia de las estribaciones del Sistema Ibérico.
Una gran acumulación de alpacas, de la recogida de la siega, era un hito en el paisaje que rompía la horizontalidad de la llanura cerealista. Justo de tras de las alpacas, salió otra rapaz, esta vez más pequeña, un cernícalo vulgar.

(Estepas cerealistas de Estremera).

Poco a poco el camino iba descendiendo hacia el valle del Tajo, y desde su alto, tenía unas magníficas vistas, con las estribaciones del Sistema Ibérico en el horizonte, el bosque ribereño del Tajo, y el primer pueblo de la vecina provincia de Cuenca: Belinchón.
Tras unos minutos de camino, este se bifurcaba en dos direcciones. Tomé el de la izquierda, y en mitad de este, había posadas dos  cogujadas comunes.
A mi derecha había una pequeña formación de almendros, y empezaron a salir volando asustados ante mi presencia una gran cantidad de pequeños pajarillos. Cuando se calmaron un poco, y algunos se posaron entre las ramas de los almendros, pude comprobar que se trataban de pardillos comunes.
En una pequeña vaguada, en una zona de barbecho, se posaron varios aláudidos, que al principio no logré identificar. Según me fui acercando, salieron volando muy alto, y desde gran altura empezaron a reclamar, comprobando que se trataban de calandrias comunes.
Seguí el camino descendente, hasta llegar a cruzar un tramo de carretera. Cuando la crucé, a mi izquierda se alzaban unos pequeños cerros yesíferos y allí vi una pequeña figura negra, que se posó en lo más alto de uno de los cerros. Intuía de que especie se trataba, pero cuando salió volando con tu típica “T” invertida en blanco, corroboré que se trataba de una collalba negra.

(Collalba negra, oenanthe leucura)

Me equivoqué de camino pues iba siguiendo al cauce seco de un arroyo, que atravesaba un improvisado e inoportuno vertedero ilegal. El gps del móvil me indicaba que me alejaba del camino correcto, así que rectifiqué y comencé a bajar por una pista con mucha grava, que a la sazón, sería el camino que tomaría de vuelta.
Esa pista cruzaba una zona de chalés, y acaba en otra pista señalizada como Camino Natural del Canal de Estremera.

(Camino Natural del Canal de Estremera).

Ya me quedaba poco rato para llegar a la playa del río Tajo, y tomé otra pista que rodeaba una zona de regadíos, y acaba en otra zona de chalés.
A mi derecha se alzaba una interesante formación de cerros yesíferos, que bordeaban la carretera a Villamanrique de Tajo, y a mi izquierda ya se veía el bosque galería del Tajo.
Crucé otra zona de chalés, alguno de ellos abandonados, y en una hilera de chopos que rodeaba el camino, había posado un busardo ratonero, atento a cualquier presa que se le pusiese a tiro de sus garras.
Al rato llegué al cartel que me indicaba la entrada a la playa. Crucé una cadena de hierro que impedía la entrada de vehículos y me interné por una zona de vegetación compuesta principalmente por tarayes.
Tras pasar esta formación llegué a la zona recreativa. Estaba compuesta por un pequeño parque infantil, unos merenderos muy interesantes para comer, y un kiosco.

(Playa de Estremera).

En el césped del área recreativa había varias lavanderas blancas, picoteando el suelo, en busca de insectos.
Comencé a avanzar entre la vegetación para llegar a la orilla del río. Entre las ramas de un chopo, pude ver dos papamoscas cerrojillos que se encontraban en pleno paso post-nupcial.
Llegué a la orilla del río Tajo. En una playa de arena, rodeada de vegetación ribereña compuesta por chopos, sauces, álamos y mucho carrizo, me propuse descansar un rato y disfrutar del paisaje.
A pesar de lo limpia que bajaba el agua, me chocó el no ver ninguna especie de ave, ni si quiera los concurridos ánades reales.
Continué la senda, que entre tanta vegetación tan tupida, se convertía casi en una vereda, a través del Arroyo de Valverde. Allí entre sus carrizos me salió un macho de mirlo común.
Había un pequeño puente improvisado compuesto por planchas de madera, algunas rotas y otras un poco podridas, que cruzaban por encima del arroyo. La verdad es que no me daban ninguna confianza, así que decidí no cruzarlo por precaución.
Y tras subir un pequeño talud, me encontraba en la pista que me conduciría otra vez al Camino Natural del Canal de Estremera.
Encontré una pista a mi derecha que subía un pequeño cerro, y que acababa en el pequeño acueducto del Canal de Estremera. Aquel alto prometía buenas vistas, así que caí en la tentación de subirlo. Cuando llegué a su alto, las vistas no defraudaron. Cerros de yesos, la vegetación del Tajo, una gravera justo detrás del río, y una buen atalaya para ver las aves que revoloteaban el Tajo en busca de insectos.
Primero aparecieron unas cuantas golondrinas comunes. Poco después a estas, se le unieron otras golondrinas dáuricas, y por último le llegó el turno a varios aviones comunes.
Bajé el cerro del acueducto para seguir la pista que se encontraba entre una zona de olivos y regadíos.
Al fondo del camino, pillé infraganti, a una abubilla, que pude fotografiar sin problemas.

(Abubilla, upupa epops).

En la zona del regadío, encima de un aspersor, estaba posada una tarabilla norteña, otra especie típica de este mes de paso post-nupcial.
En la zona de olivos, se juntó un gran bando de palomas torcaces, qué salieron en bandada, cuando detectaron mi presencia.
Volví a coger la pista llena de grava, para acabar de nuevo en la carretera.
Llegué a la zona de almendros, pero decidí coger otra pista que se encontraba antes de la que había cogido cuando bajé desde el pueblo.
Más adelante, en otra pequeña formación de olivo, cogí descansando a un escribano triguero.

(Escribano triguero. Miliaria calandra).

La pista transitaba por una vaguada, formada por un arroyo y con nuevamente unos cerros yesíferos de gran atractivo visual, más con la luz anaranjada por el sol que comenzaba a ponerse por el oeste.
Por detrás de la zona de alpacas, vi dos córvidos que hasta que no se posaron, no los identifiqué como cornejas negras.
Atravesé un antiguo colmenar abandonado, dentro de un pequeño bosquete de almendros y pinos carrascos, y allí encontré unos cuantos conejos qué corrieron raudos y veloces a esconderse a sus madrigueras.
Al subir otra gran cuesta tenía una magnífica vista del casco urbano de Estremera.
Por encima de mi cabeza pasó un gran bando de grajillas occidentales.
Poco a poco me iba acercando al casco urbano del pueblo. A mi izquierda otra formación de olivos, entre un campo de cereal, y entre su cultivo, pequeñas cabecitas se dejaban ver. Resultaron ser un gran bando de tórtolas turcas que se alimentaban de lo que quedaba entre los rastrojos.

(Tórtolas turcas. Streptopelia decaocto).

Llegué de nuevo a calle principal y antes de meter los prismáticos y cámara de fotos en la mochila, pude fotografiar un bando de estorninos negros posados en una antena, que ponían fin a esta ruta tan interesante.
(Estorninos negros. Sturnus unicolor).

¡A qué esperáis para calzaros las botas y colgaros los prismáticos, y disfrutar de este lugar tan interesante!
¡Felices avistamientos! (R. Almenilla).
Termino el relato con la lista de especies vistas durante la ruta.

FAUNA DE ESTREMERA Y SU PLAYA
AVES
MAMÍFEROS
Abubilla
Conejo
Avión común
Buitre leonado
Busardo ratonero
Calandria común
Cernícalo vulgar
Cogujada común
Corneja negra
Escribano triguero
Estornino negro
Golondrina común
Golondrina dáurica
Gorrión común
Grajilla occidental
Lavandera blanca
Mirlo común
Paloma torcaz
Papamoscas cerrojillo
Pardillo común
Tarabilla norteña
Tórtola turca

-Fuentes consultadas.
-Google maps
-www.todosobremadrid.com







sábado, 21 de septiembre de 2019

RUTA POR LOS DISTRITOS DE SAN BLAS-CANILLEJAS Y VICÁLVARO


Laguna de Ambroz. Tesoro natural oculto de San Blás y Vicálvaro.

Resulta contradictorio, como una de las actividades humanas que más transforma el paisaje como es la minería, se puede convertir en una oportunidad para la biodiversidad, en estos entornos tan alterados.
En el sureste madrileño tenemos buenos ejemplos con las graveras del Parque Regional del Sureste.
Algunos de los humedales más importantes del parque, fueron en su tiempo antiguas graveras. Unos después de abandonar la actividad minera, se naturalizaron, y otros fueron foco de un proceso de re-naturalización.
Buenos ejemplos son los complejos de Laguna del Campillo, Laguna del Porcal y la Laguna del Soto de las Cuevas, ambos en Rivas-Vaciamadrid y Aranjuez respectivamente.
Pero el caso más paradigmático es la Laguna del Ambroz, pues se encuentra en el mismo municipio de Madrid, concrétamente entre los distritos de San Blas-Canillejas, y Vicálvaro.

(laguna de Ambroz, entre los distritos de San Blas-Canillejas y Vicálvaro).


Se trata de un complejo de tres lagunas, una grande y dos pequeñas, alimentadas por el cauce del casi desaparecido Arroyo de Ambroz, qué antiguamente desembocaba en el Humedal de Coslada, y actualmente en algunos de sus tramos o está canalizado, o ha desaparecido por polígonos industriales y vías de tren.
La empresa Tolsa, lleva varias décadas explotando esta mina de sepiolita, y tras numerosas excavaciones llegaron a la capa freática, lo que hizo que se formara este humedal tan valioso.
A pesar de encontrarse en una zona tan urbanizada, entre las autopistas R-3 y M-40, y un polígono industrial, y soportar en su entorno varios vertederos ilegales, el humedal tiene una riqueza natural muy destacada.
En cuanto a la flora, en la zona esteparia que rodea el humedal, encontramos una zona arbustiva con especies adaptadas a ambientes salinos, como espartos, retamas, y algunos árboles diseminados como olmos, almendros y árboles del paraíso.

(Vegatación esteparia en el entorno de la laguna de Ambroz).

Las orillas de la laguna han sido ocupadas por vegetación ribereña como chopos, álamos o juncos, ideales para el refugio de la fauna local.
Este pequeño oasis es un foco de atracción para la avifauna residente. En la zona esteparia podemos encontrar especies como cogujadas comunes, perdices, cernícalos vulgares, o urracas. En la laguna junto a las residentes como ánades reales, somormujos lavancos, fochas comunes, zampullines comunes y gallinetas, en la invernada es ocupada por centenares de gaviotas reidoras y sombrías, o cercetas comunes.
En el paso migratorio nos podemos encontrar especies tan interesantes como mosquiteros musicales, papamoscas cerrojillos, o papamoscas grises.
Completa la lista de la riqueza zoológica mamíferos como el conejo o el zorro, y reptiles como la salamanquesa común, lagartija ibérica, y lagarto ocelado. También hacer mención a la riqueza entomológica, pues al ser una zona de yesos, se pueden ver especies interesantes de coleópteros y lepidópteros, algunas de ellas endémicas.
Toda esta riqueza biológica y geológica llevó al  pleno municipal del distrito en 2018 a aprobar un plan de protección medioambiental para la zona, declarando el humedal zona no urbanizable de interés medioambiental.
Es urgente desarrollar este plan con celeridad, pues la zona se ha convertido en un importante vertedero ilegal, y también es usado como improvisado circuito de motocross.
En este plan sería interesante recuperar el antiguo cauce del Ambroz, pues es un corredor ecológico entre el Este de Madrid y el río Jarama.
Se debería acondicionar el antiguo camino de Ambroz a Coslada, y hacer una ruta ciclo-turista, para conectar San Blas con Coslada. Mejorar el estado de la valla del humedal para evitar accidentes, y molestias a las aves. Instalar observatorios de aves en algunos puntos de la laguna, y eliminar los numerosos vertederos ilegales.
La ruta propuesta es circular, de 2 horas y 30 minutos de duración y de dificultad baja, por la laguna más grande del humedal.

(Ruta circular de 2 horas y 30 minutos de duración y de dificultad baja, por la Laguna de Ambroz).

Ficha técnica de la ruta.
-Tipo de ruta: circular.
-Punto de inicio y final de la ruta: paradas de autobús en la Avenida de Canillejas a Vicálvaro.
-Distancia: 5 kilómetros aproximadamente.
-Desnivel: punto más alto 687. Punto más baja 652. Con apenas desnivel.
-Dificultad: baja.
-Duración: 2 horas y 30 minutos, con paradas para ver aves.
-Patrimonio natural: Lagunas de Ambroz, y Arroyo de Ambroz.
-Accesos a la Laguna de Ambroz.
-En coche. Autopista A-3 Madrid Valencia. Luego tomar la M-40, y en la salida 14 dirigirse a la carretera de Vicálvaro a Canillejas. 15 minutos desde el centro de Madrid.
-En autobús. Línea 4 de la EMT (Ciudad Lineal-Pta de Arganda). 21 minutos.
Línea S.E de la EMT (Plaza de Alsacia-Barrio del Cañaveral). 23 minutos.
Línea 106 de la EMT (Plaza de Manuel Becerra-Vicálvaro). 23 minutos.
Línea 287 de los autobuses periféricos. (Plaza de Alsacia-Coslada, Barrio de la estación). 35 minutos.
-En bicicleta. La Avenida de Canillejas a Vicálvaro cruza el anillo ciclista. Es una ruta ideal para hacer en bici, bordeando la laguna, y coger el antiguo camino de Ambroz a Coslada,  para acabar en su estación de cercanías.
Recomendaciones para la ruta.
-Es recomendable llevar botas. Es una zona que se embarra mucho cuando llueve y aparte, tendremos que sortear desgraciadamente, alguna zona de vertidos y escombreras.
-Vamos a transitar por una zona minera. ¡Extremar las precauciones!  No acercarse al borde las canteras y menos atravesarla. Son zonas inestables con peligro de accidentes. Respetar la señalización, y estar atentos a los camiones, ya que suele haber tránsito de estos por la cantera.

(Visitaremos una zona minera. Debemos extremar las precauciones).

-No arrojar basuras. Parece obvio, pero la zona se está convirtiendo en un vertedero clandestino.
-No salirse de los caminos. Es una zona de suelos pobres de yesos con vegetación muy frágil. El camino rodea todo el perímetro de la laguna, así que no hace falta salirse de la senda.
-No hay fuentes de agua durante el recorrido.
-Para observar las aves de la laguna es muy recomendable el telescopio, pues se ven desde muy alto.
-Evitar los meses de verano, y si vamos en esas fechas, ir al amanecer o atardecer.
Este es el relato de una ruta que realicé a finales de Septiembre de 2019.
Ya hacía tiempo que tenías ganas de conocer la laguna, sobre todo a partir de un artículo que leí en el periódico hacía tiempo.
Las graveras son un poso de sorpresas para la avifauna, y está prometía que no se iba a quedar atrás. Lo curioso es que hacía varios años la había visitado sin saberlo, al hacer una ruta por el cercano Parque Forestal de Vicálvaro. Hay un pequeño paso subterráneo que pasa por debajo de la R-3 a las afueras del parque, y acabé en la gravera, pero en la laguna más oriental. A mí, la que más me interesaba era la grande, la central, que seguro que atesoraría más biodiversidad.
Así que en una tarde calurosa, pero con amenaza de tormenta de finales de verano, me decidí a explorar la zona.
Tras una infructuosa intentona de entrar por la Avenida de Canillejas, desde Vicálvaro, tuve que volver al Parque de la Vicalvarada, atravesar el Parque Forestal de Vicálvaro, para acabar en el paso subterráneo que tiempo atrás había cruzado para llegar a la gravera.
Bajé la vereda que llevaba al túnel con mucho cuidado, aún convaleciente de la lesión que tenía el pie. El paso subterráneo era digno de una película apocalíptica, todo lleno de pintadas y basura, un lugar muy degradado, que no recomendaría a nadie cruzar por la noche.
Tras pasar el mal trago del túnel, en frente ya se veía la gravera, y la primera especie que vi para la lista, fue un mirlo común qué estaba posado en un árbol del paraíso.
Comencé a ganar altura por una vereda que rodeaba la explotación de sepiolita. Había varios carteles que advertían que el acceso estaba prohibido.
Toda la explotación estaba rodeada por una valla metálica. A mi izquierda había otra valla, que separaba al Arroyo de Ambroz, o lo poco que quedaba de él.
Sobre la valla, se veían dos papamoscas cerrojillos, que en pleno paso post-nupcial eran tan habituales, hasta en zonas urbanas.
Tras una larga cuesta que se me costó ascender, con mi pie maltrecho, llegué a un llano con una buena formación arbustiva, salpicada por algún árbol del paraíso y almendros. A mi izquierda aún se veía la R-3, y a mi derecha, un gran montículo de sepiolita que rompía la uniformidad del paisaje.
Según fui avanzando entre los arbustos siguiendo la vereda pegada a la valla, y levanté del suelo dos cogujadas comunes.
Hice un alto en el camino para intentar orientarme a ver si encontraba el camino principal que rodeaba la laguna grande. En ese pequeño descanso, pasaron sobre mi cabeza una bandada de palomas torcaces.
Cuando ya iba a consultar el móvil para encontrar el camino, aparecieron dos hombres con dos podencos paseando, y gracias a su amabilidad, me indicaron donde se hallaba el camino principal.
A pocos metros encontré la valla, ya con advertencia de peligro zona minera. Comencé a rodear la valla, para poder buscar un buen punto de observación para rastrear la lámina de agua.
En un poste de la valla, me observaba posada, una urraca común.

(Urraca común, pica pica).

Aunque se estaba nublando, y se barruntaba tormenta, el calor ya era muy molesto, y deseaba con ganas ver el interior de la laguna, ya que no había ninguna sombra cerca.
Por fin, tras un largo paseo, encontré un buen punto de observación.
La lámina de agua quedaba muy abajo, y con prismáticos las aves quedaban lejanas, aun así, la visión del entorno se asemejaba a un oasis en una zona tan degradada.
En una cubeta producida por tantos años de excavaciones había una gran lámina de agua, con vegetación alrededor. Allí nadaban con total tranquilidad, sabiendo que no eran molestadas por la valla, ánades reales, somormujos lavancos, zampullines comunes, y fochas comunes.

(Ánades reales, anas platyrhynchos).

Seguí rodeando la valla de laguna, y en lo alto de un cable de una torreta eléctrica se posó un pequeño pajarillo, que con la luz lo di por cerrojillo, pero cuando me pude poner enfrente de él, me di cuenta de que se trataba de un papamoscas gris.

(Papamoscas gris, muscicapa striata).

La laguna tenía una forma aproximada de herradura, y en una de sus vértices había dos  porrones europeos, una de ellos dormido plácidamente.

(Porrón europeo, aythya ferina).

En ese vértice también aparecieron una gallineta común, y un cuchara común en plumaje de eclipse.
Seguía rodeando la laguna, sorteando varias escombreras y vertidos ilegales, que degradaban un entorno tan privilegiado. En un arbusto cercano apareció otro migrante típico de estas fechas, el mosquitero musical.
Me situé en el punto más alto de la zona oeste de la laguna. Desde allí tenía una magnífica perspectiva de todo el humedal. Volví a hacer un rastreo con los  prismáticos, y a las especies antes mencionadas, vi pasar dos tórtolas turcas que se posaron en un olmo junto a la orilla de laguna.
Intenté llegar a la laguna que está más al oeste, pero el cauce seco del Arroyo del Ambroz me impidió el paso. Y allí en frente, sobre un gran descampado y con un espectacular cumulo nimbo de fondo, estaba cerniéndose, un cernícalo vulgar.
Mis fuerzas comenzaban a flojear, así que decidí que iba a ir terminando la ruta. El móvil me mandaba por una zona de un polígono industrial que dudaba si atravesarlo, ya que con los prismáticos veía mucho trasiego de camiones. Así que decidí volver sobre mis pasos y volver al paso subterráneo de la R-3.
Volví a pegarme a la valla, y allí había posado otro papamoscas cerrojillo, que se dejó fotografiar sin problemas.

(Papamoscas cerrojillo, ficedula hypoleuca).

En un almendro cercano, pillé por sorpresa unos cuantos jilgueros europeos que se refugiaban del molesto sol.
La lesión del pie comenzó a recordarme que ya había andado bastante, y calculando el tiempo y la distancia, no llegaría al paso subterráneo, así que al final opté por atravesar el polígono para no tener que andar más tiempo.
Y al final fue la mejor opción, ya que al final del camino, salí a una carretera donde me esperaba una parada de autobuses por donde pasaban cuatro líneas. Así daba por terminada esta jornada pajarera tan interesante.
¡A qué esperáis para colgaros la cámara y los prismáticos, y visitar este espacio tan interesante!
¡Felices avistamientos!
R. Almenilla.
Termino con la lista de especies avistadas durante la ruta.
FAUNA DE LA LAGUNA DE AMBROZ
AVES
Ánade real
Cernícalo vulgar
Cogujada común
Cuchara común
Focha común
Gallineta común
Jilguero europeo
Mirlo común
Mosquitero musical
Paloma torcaz
Papamoscas cerrojillo
Papamoscas gris
Porrón europeo
Somormujo lavanco
Tórtola turca
Urraca
 Fuentes consultadas:
-Google maps.
-Diario ABC.