miércoles, 10 de mayo de 2017

RUTA POR TOLEDO

RUTA POR TOLEDO

Senda ecológica del Tajo. De pajareo por la ciudad imperial.

Me vais a permitir qué haga una excepción. Este blog nació para dar a conocer la riqueza natural, y especialmente la ornitológica, del Sur de la Comunidad de Madrid, desde del Sur de la Puerta del Sol, hasta el término municipal de Aranjuez, ya lindando con tierras toledanas. Pero creo que era necesaria hacer una incursión a tierras castellano-manchegas, aguas abajo del río Tajo desde Aranjuez.
El Camino Natural del Tajo, que coincide con la Senda Ecológica del Tajo por Toledo, es la continuación natural de la ZEPA de los Carrizales y Sotos de Aranjuez. Un gran conjunto natural y biogeográfico donde se mezclan ecosistemas tan diversos como zonas de carrizal, sotos ribereños, humedales, zonas de cultivo de regadío y secano o núcleos urbanos.

(Camino Natural del Tajo en la ciudad de Toledo).

En este gran corredor ecológico podemos encontrar especies de aves tan escasas e interesantes como el avetorillo común, martinete común, garza imperial, búho real, garcilla cangrejera, o avutarda.
La Senda Ecológica del Tajo coincide con parte del Camino Natural del Tajo, concretamente el tramo entre Villamejor (Aranjuez) y Albarreal de Tajo (Toledo), que también es parte de la Ruta de Don Quijote.

(Senda Ecológica del Tajo en la ciudad de Toledo).

La Senda comienza en el Puente de Alcántara y finaliza en el Puente de San Martín. Gran parte del recorrido es por pasarelas, y en algunos tramos nos internaremos en entramadas callejuelas del casco histórico de Toledo, lo que hace un poco más atractiva esta ruta, que combina patrimonio natural y patrimonio histórico-artístico.

(Un pequeño tramo de la Senda Ecológica del Tajo transcurre por casco urbano).

Al igual que en Madrid con el río Manzanares con Madrid-Río, el Tajo a su paso por Toledo, conforma un auténtico corredor ecológico, donde se han llegado a censar hasta 70 especies de aves diferentes.
Es destacable la colonia de ardeidas entre el Puente de San Martín y la Pasarela Colgante de Polvorines, donde en un soto bien conservado se pueden contemplar un magnífico dormidero de garcillas bueyeras, y otras especies como garzas reales, martinetes, garcetas comunes o cormoranes grandes.
La ruta propuesta es un poco más larga que la clásica, que transcurre desde el Puente de Alcántara al de San Martín. Sugiero llegar hasta la pasarela y así visitar el Puente de Alcántara, Cerro del Bú, Puente de San Martín, Pasarela Colgante de Polvorines y la colonia de garcillas bueyeras.
La ruta es circular y tiene una duración aproximada de 3 horas. Es de dificultad media por la distancia, aunque cabe la posibilidad de hacerla del Puente de Alcántara hasta el de San Martín que se tardaría entre 1 hora y media y 2 horas y es de dificultad baja.

(Ruta circular por la ciudad de Toledo de 3 horas de duración y dificultad media).

Recomendaciones para la ruta.
-Aunque hay un parking al lado de la estación de autobuses, muy cerca de donde comienza la ruta, se aconseja ir en transporte público, ya que en época estival, puentes y días festivos suele estar completo.
-Ruta ideal para hacerla en cualquier época del año, aunque en verano tendremos que madrugar ya que hay zonas donde hay poca sombra.
-En verano atención a los mosquitos. En algunas zonas del río son abundantes. Se recomienda llevar repelente o ropa adecuada.
-Aunque es poco común, puede haber zonas donde haya desprendimientos de roca. Estaremos atentos a las zonas de pendiente.
-La ruta está señalizada y tiene paneles informativos, aunque hay un pequeño tramo que transcurre por casco urbano. Estaremos atentos para no desorientarnos.
Accesos a Toledo.
-En coche. Autovía A-42 Madrid-Toledo. 45 minutos.
-En autobús. Línea VAC023 Madrid (Plaza Elíptica)-Toledo. 50 minutos. Hay un servicio exprés directo qué no para en ningún pueblo.
-En tren. AVE Madrid-Toledo. 33 minutos.
-En bicicleta. Camino natural del Tajo entre Aranjuez y Toledo. 2 horas y 30 minutos. La ruta en Toledo no es recomendable hacerla en bici porque hay tramos que discurren por casco urbano, y hay zonas donde las pasarelas son estrechas y podemos entorpecer el paso de los peatones.
Este es el relato de una ruta qué realicé en Marzo de 2017.
Una vez mi compañera Jus me comentó que conocía una colonia de martinetes muy interesante cerca del Puente de San Martín en Toledo. Había estado muchas veces antes en Toledo, una ciudad en la que me encanta perderme por sus calles rebosantes de historia, pero a la que nunca curiosamente había ido a pajarear. Esto, y el aliciente de ver los martinetes en este año qué aún no los tenía para mi “Big Year”, me convencieron para acercarme una tarde y hacer esta ruta tan peculiar.
El trayecto en autobús desde Madrid a Toledo se me pasó volando. Cuando quise darme cuenta ya tenía junto a la ventanilla la icónica imagen del Alcázar coronando la capital de Castilla La Mancha.
Tan sólo faltaban 4 días para que entrase la primavera y esta se respiraba por los cuatro costados. Toledo me recibió con un magnífico día soleado y una temperatura muy agradable, que cualquiera diría que aún estábamos en invierno.
La tarde tan apacible había animado a cantidad de turistas a visitar la ciudad. Como pude, fui alejándome del bullicio para comenzar a anotar las primeras aves de la lista. Las tempraneras golondrinas comunes y aviones comunes aprovechaban la gran estructura de la estación de autobuses para comenzar a construir sus nidos.
Tras bajar por la Avenida de Castilla La Mancha llegué al parque fluvial.
Allí en una atractiva arboleda compuesta por olmos apunté gorrión común, mosquitero común, serín verdecillo y un elegante jilguero que amenizaba la tarde con su melodioso canto.

(Jilguero europeo, carduelis carduelis).

Un nutrido grupo de grajillas occidentales voló desde los taludes del río en dirección a la parte más alta de la ciudad.
Me asomé para ver la orilla del río, y en un chopo del talud del río había posada una paloma torcaz.

(Paloma torcaz, columba palumbus).

Desde aquella atalaya había una magnífica perspectiva del río. En una zona de carrizal pude observar una gallineta común y posteriormente una focha común.

(Gallineta común, gallinula chloropus).

Continué con mi camino y llegué al imponente Puente de Alcántara, una obra de ingeniería del siglo III de origen romano. Había mucha gente apoyada en los muros del puente admirando las magníficas vistas qué se veían desde de él. En una parte del muro un curioso colirrojo tizón macho, parecía ajeno a tanta algarabía.

(Puente de Alcántara de origen romano).

Tras cruzar el puente bajé por la margen izquierda del río para pegarme más a sus orillas. En un pequeño azud, con un poco de vegetación vi la primera garza real camuflada entre el carrizo, atenta a cualquier incauto pececillo.
Había una gran construcción abandonada qué debía ser alguna antigua presa o mini central eléctrica. Sus ruinas eran aprovechadas como morada para un nutrido grupo de estorninos negros y golondrinas comunes.
Crucé el puente de la Ronda de Juanelo para volver a coger la senda ecológica, pero esta vez por la margen derecha del río.
La senda se estrechaba en una gran pared de granito. Gané bastante altura lo qué me permitió volver a tener unas magníficas vistas del río. Allí abajo volví a ver dos garzas reales qué casi pasaban desapercibidas pues estaban completamente inmóviles.

(Garza real, ardea cinerea).

Junto a ellas, en unas piedras, avisté dos cormoranes grandes, uno de ellos haciendo la típica “pose del Cristo”, para secarse las alas al sol.

(Cormoranes grandes, phalacrocorax carbo).

Retomando la senda llegué a un imponente peñón, qué se asemejaba mucho al Salto del Gitano, aguas más abajo del Tajo, ya en el Parque Nacional de Monfragüe. Se trataba del mítico Cerro del Bú, el emplazamiento primigenio de la ciudad de Toledo, con restos de una antigua fortaleza árabe, y escenario de leyendas paranormales.

(Cerro del Bú).

En una zona del peñón vi una silueta negra qué asemejaba a un mirlo común. Cuando enfoqué bien mis prismáticos, me llevé la primera sorpresa del día al darme cuenta qué se trataba de un roquero solitario.

(Roquero solitario, monticola solitarius).

Más adelante la senda se internaba en casco urbano. Me puse a callejear por unas bonitas callejuelas hasta qué pude dar con el Paseo del Barco. Alcancé un embarcadero desde donde salían las antiguas barcas qué cruzaban la otra orilla del río.
La zona del embarcadero estaba llena de ánades reales qué esperaban qué alguien les diese algo de comida.

(Ánades reales, anas platyrhynchos).

Atravesé un atractivo soto ribereño con olmos y chopos, y agradecí un poco de sombra, pues el sol ya comenzaba a hacer mella.
A escasos metros, en otra zona de pequeñas presas abandonadas el río salvaba un pequeño azud. En la otra orilla había una interesante zona de carrizo qué comencé a rastrear con los prismáticos.
Primero vi un bello ejemplar de somormujo lavanco. Poco después vi qué algo se movía entre el carrizo. Al principio le di por un gato pardo, era muy rechoncho, y con la reverberación no identificaba qué era. Cuando me puse en el ángulo correcto me llevé una gran sorpresa al darme cuenta qué se trataba de un ¡avetorillo común! Una especie de garza en miniatura muy escurridiza, y qué hacía años que no veía.

(Somormujo lavanco, podiceps cristatus).

Seguí peinando el bosquete de ribera para ver si veía algo nuevo y allí cayeron dos urracas y otros dos herrerillos comunes.
En un meandro del río había otro talud enorme lleno de puntos negros, y la luz del sol no me dejaba saber de qué aves se trataban. Cuando el sol se ocultó detrás del talud los puntos negros se convirtieron en palomas domésticas, una concentración espectacular qué le daba una curiosa nota de color.
Antes de llegar al Puente de San Martín sumé otras dos especies, curruca cabecinegra y carbonero común.

(Carbonero común, parus major).

Al rato ya me encontraba debajo del espectacular Puente de Alcántara, una obra monumental del siglo XIII de estilo mudéjar.

(Puente de San Martín de estilo mudéjar).

Bajo su formidable arco se podían ver una gran aglomeración de nidos de golondrina dáurica, casi pegados los unos a los otros, y qué en pocos días estarían ocupados por estas aves tan elegantes.
Me llevé una pequeña decepción al no ver la colonia de martinetes.
Intuí qué la colonia debería encontrarse un poco más abajo del puente, así que como aún tenía un buen margen de luz solar decidí caminar aguas abajo, hasta intentar dar con el dormidero.
Pasé por debajo del puente de la Avenida de la Cava, y por allí apareció una gaviota sombría que era premonitoria para qué llegase a la zona del dormidero. Y no me equivoqué, a pocos metros otro azud, y en su desembocadura una gran isla de vegetación compuesta por tarayes y otras especies de árboles y comencé a ver las primeras garcillas bueyeras.
Y aunque la vegetación era muy tupida, pude ver los primeros martinetes comunes. ¡Misión cumplida! ¡Qué satisfacción! Había dado con el dormidero. Aunque no me conforma con poco y quería ver mejor los martinetes y sacar buenas fotos de ellos.
Comencé a rodear las instalaciones de la Universidad de Castilla La Mancha por unas pasarelas de hierro, qué en algunos sitios daban un poco de miedo, por la fuerza con qué bajaba el Tajo. Quería cruzar a la otra orilla y subirme a lo alto del talud para tener una mejor perspectiva del dormidero.
Llegué a la llamativa Pasarela de los Polvorines, y en su alto tenía unas espléndidas vistas de la zona Oeste de Toledo.

(Vistas de Toledo desde la Pasarela de los Polvorines).

Por encima de la pasarela comenzaron a volar varias cigüeñas blancas acompañadas de un pequeño grupo de gaviotas sombrías.
Volví a remontar la orilla del río en dirección a las islas de vegetación internándome por un bosque de ribera muy cerrado. Primero se me cruzó una hembra de mirlo común y luego en taray cercano aparecieron unos inquietos mitos.
En lo alto del talud encontré una casa abandonada qué era un magnífico mirador para ver el dormidero sin molestar las aves.
El bullicio era enorme. Cientos de garcillas bueyeras entrando al dormidero se unían a garcetas comunes, cormoranes grandes y martinetes llegué a perder la cuenta.
El espectáculo era digno de contemplación. Me entretuve un buen rato fotografiando a los martinetes y cuando ya iba bien surtido de fotos, decidí retomar el camino de vuelta.

(Martinete común, nycticorax nycticorax).

El último vistazo al dormidero me reportó la última especie para la lista, dos ánades frisos.
Poco a poco el sol se iba poniendo al Oeste del Tajo, dando un espléndido color rojizo al casco urbano, con un atardecer qué hacía más bella de por si a esta ciudad tan atractiva.
¡A qué esperáis para coger vuestros prismáticos y cámara de fotos y disfrutar de esta senda tan interesante!
¡Felices avistamientos!
© Rafa Ac.
Concluyo mi relato con las especies vistas durante la ruta.

FAUNA DE LA SENDA ECOLÓGICA DEL TAJO
AVES
Ánade friso
Ánade real
Avetorillo común
Avión común
Carbonero común
Cigüeña blanca
Colirrojo tizón
Cormorán grande
Curruca cabecinegra
Estornino negro
Focha común
Gallineta común
Garceta común
Garcilla bueyera
Garza real
Gaviota sombría
Golondrina común
Gorrión común
Grajilla occidental
Herrerillo común
Jilguero europeo
Martinete común
Mirlo común
Mito
Mosquitero común
Paloma torcaz
Roquero solitario
Serín verdecillo
Somormujo lavanco
Urraca




miércoles, 22 de marzo de 2017

RUTA POR NAVAS DEL REY Y COLMENAR DEL ARROYO

RUTA POR NAVAS DEL REY Y COLMENAR DEL ARROYO

ZEPA 56. El reino de las aves rapaces.

En el Suroeste de la Comunidad de Madrid lindando con las provincias de Ávila y Toledo, existe un inmenso territorio protegido de lo más privilegiado, y en buen estado de conservación. Se trata de la ZEPA número 56 “Encinares del Alberche y río Cofio”. 83.000 hectáreas de monte mediterráneo con mayúsculas, mezclados con otros ecosistemas como ríos, embalses, zonas de cultivo y roquedos cuarcíticos.

(Dehesa de Navalmoral, en la ZEPA de los encinares del Alberche y río Cofio).

Aparte de ZEPA (Zona de especial de protección para las aves), tiene otras figuras de protección como LIC (Lugar de interés comunitario) y ZEC (Zona de especial conservación).
La ZEPA nació para proteger a la importante población de águila imperial que hay en la zona, la más grande de toda la Comunidad de Madrid, con 16 parejas. A este emblema del monte mediterráneo se le unen otras dos especies propias y amenazadas de este ecosistema tan genuino de la Península Ibérica, el buitre negro y la cigüeña negra.
A esta tríada ornitológica mediterránea, hay que añadir especies de rapaces tan singulares como búho real, buitre leonado, culebrera europea, águila real, alcotán, cernícalo primilla, elanio azul o halcón peregrino.
La variedad de ecosistemas, y su buen estado de protección hará las delicias de los ornitológos con especies como escribano montesino, oropéndola, cárabo común, piquituerto común, carraca europea, herrerillo capuchino, gorrión chillón, y un largo etcétera.
La riqueza en mamíferos no le va a la zaga. Ungulados como ciervo común, gamo, muflón, jabalí. Con carnívoros como gato montés, turón, comadreja, tejón, zorro común, y pequeños mamíferos como varias especies de murciélagos y topillo común.
La diversidad herpetológica es destacada, mencionando a especies como la culebra de escalera, lagarto ocelado, galápago leproso, eslizón ibérico o víbora hocicuda. En cuanto anfibios, podemos observar especies como gallipato, sapo común, sapo corredor, o sapo partero ibérico.
Sobresale la calidad de las aguas de ríos como el Alberche o Perales, en cuyos cauces podemos aún encontrar especies de peces autóctonos como la pardilla, calandino, cacho o boga de río.
En cuanto a la flora, la especie dominante es la encina. Junto a esta encontramos otras especies arbóreas como alcornoques, quejigos, madroños o enebros.
La vegetación arbustiva se compone principalmente por especies como jara pringosa, retama de bolas, cantueso, peonía y torvisco.
A pesar de toda esta riqueza natural, este espectacular espacio no está exento de impactos ecológicos.
Quizás el más recordado es el desdoblamiento de la M-501 conocida como la “carretera de los pantanos”, con la ya famosa polémica del excremento de lince que supuestamente se encontró en las inmediaciones de la autovía. Polémicas aparte, la UE y el Tribunal Supremo denunciaron el desdoblamiento de la autovía por incumplir la directiva de hábitats y de fauna y flora silvestre. A día de hoy la controversia sigue en pie.
Las construcciones de nuevas urbanizaciones de segunda residencia, siguen fragmentado hábitats en alguno de los 12 municipios que componen la ZEPA.
En los últimos años se han producido varios incendios forestales, algunos de gran magnitud como el tristemente recordado entre Robledo de Chavela y Valdemaqueda, donde sus consecuencias negativas aún se dejan notar a día de hoy.
En época estival el entorno del Embalse de San Juan se ve masificado, con la consecuencia de molestias a la fauna que provoca tal concentración de personas, en un entorno limitado.
La Dehesa de Navalmoral es una enorme dehesa entre los municipios de Navas del Rey y Colmenar del Arroyo, donde pasta el ganado bravo, con buenas formaciones de encinar y enebro, zona de campeo del águila imperial, debido a su alta densidad de conejo.
La ruta propuesta es una ruta lineal de 2 horas de duración y dificultad media, comenzando en el casco urbano de Navas del Rey y terminando en el casco urbano de Colmenar del Arroyo, visitando el Centro de Fauna José Peña, la Dehesa de Nalvalmoral, el Mirador del Valle del Alberche y los restos de una explotación minera en Colmenar del Arroyo.

(Ruta lineal de 2 horas duración entre Navas del Rey y Colmenar del Arroyo de dificultad media).

Recomendaciones para la ruta.
-Vamos a transitar por zonas con ganado bravo. Procuraremos no molestar a vacas y terneros, y siempre cerraremos las cancelas después de atravesarlas.
-Una parte de la ruta cruza cotos de caza. Tendremos precaución en la época de caza.
-Estamos en una zona de campeo y cría del águila imperial. Si detectamos algún nido, mantendremos una distancia prudencial, evitando molestias, no sacar fotos, y no revelar el emplazamiento del nido. Seamos conscientes que molestar o fotografiar el nido, sin los permisos correspondientes, puede tener consecuencias nefastas para la puesta, además de estar penado por ley.
-No salirse de los caminos. La ruta transcurre por vías pecuarias y no es necesario salirse de ella. En época de invierno y primavera puede haber arroyos con caudal crecido, así que se recomienda ir con botas de montaña.
-Si hacemos la ruta a la inversa, desde Colmenar del Arroyo, es ideal hacer una visita al Centro de Fauna José Peña, donde hay una muestra de especies animales que habitan en la Sierra del Guadarrama.
Accesos a Navas del Rey.
-En coche. M-501. 44 minutos desde Madrid. La ruta se inicia desde las cercanías del Centro de Fauna José Peña.
-En autobús. Línea 551 Madrid (Príncipe Pío)-El Tiemblo/Cebreros.  1 hora desde Madrid.
Accesos a Colmenar del Arroyo.
-En coche. M-501 hasta salida 37. Luego la M-510. 46 minutos desde Madrid.
-En autobús. Madrid (Moncloa)-Colmenar del Arroyo. 70 minutos desde Madrid.
La ruta es ideal para hacerla en bicicleta. La estación de tren más cercana es Zarzalejo, y desde allí se tarda 1 hora aproximada hasta Navas del Rey.
Este es el relato de una ruta qué realicé a mediados de Marzo de 2017.
A tan sólo una semana de primavera, y apurando los últimos días de invierno, decidí hacer una escapada a la Sierra Oeste. El objetivo de mi visita era doble: por un lado ver si habían llegado ya los cernícalos primilla del primillar de Navas del Rey, e intentar ver y fotografiar el águila imperial ibérica, una de mis aves favoritas.
Las dehesas que se extienden entre los municipios de Navas del Rey y Chapinería, tienen las más altas densidades de imperiales de toda la Comunidad de Madrid. El excelente grado de conservación de sus dehesas, unido a la gran concentración de conejos, su principal pieza de caza, hace que sea relativamente fácil verla campear, incluso en los aledaños del Centro de Fauna José Peña.

(La densidad de conejos en las dehesas de Navas del Rey es muy alta, pieza de caza fundamental para el águila imperial ibérica).

Aún recuerdo con nostalgia, cuando haciendo prácticas en el aledaño Centro de Educación Ambiental del Águila en Chapinería, pudimos ver una tarde, el combate entre dos parejas de imperiales, algo realmente espectacular, que se me ha quedado grabado en la retina por mucho tiempo.
Nos encontrábamos en fechas donde habían acabado el cortejo y comenzaban con la puesta, así que multiplicaría mis posibilidades de verla.
Tras una hora de viaje en autobús, regocijándome con los vistosos paisajes de la ZEPA 56, llegué al casco urbano de Navas del Rey.
Se palpaba en el ambiente la cercanía de la primavera. Había gran bullicio de gorriones comunes y las golondrinas comunes  hacían vuelos rasantes, algunas de ellas pasando muy cerca de donde me encontraba.
Tras un pequeño paseo desde la parada del autobús llegué a la explanada del cementerio donde me recibieron tórtolas turcas y urracas comunes.
Subí un pequeño murete de piedra para tener una buena visión del primillar. Estaba tan concentrado en buscar los primillas qué no me di cuenta que a mi derecha estaban las instalaciones del Centro de Fauna José Peña. Y me llevé una buena sorpresa al comprobar qué estaba muy cerca de la instalación de los lobos ibéricos.
Allí había una pareja de lobos ibéricos. Se les veía estresados, ya qué repetían continuamente el mismo recorrido en círculo.

(Instalaciones de lobos ibéricos en el Centro de Fauna José Peña).

Justo el fin de semana anterior había participado en la manifestación por la protección del lobo ibérico en la Puerta del Sol. Ante esta imagen me negaba a creer que el futuro del lobo ibérico fuese ese. El de los últimos lobos ibéricos pertrechados en cautividad, y no en libertad conviviendo en paz con los ganaderos. Tanto unos como otros tienen todo el derecho a vivir en armonía. Cada uno de ellos cumple una excelente labor biológica en el buen mantenimiento de los hábitats.
Después de este encuentro tan casual me dediqué a mirar con detalle el primillar. Tras unos minutos ni rastro de los primillas. Aún hacía frío, y en esta zona de Madrid suelen ser más tardíos que en otras zonas del Sur.
Me tuve que conformar con ver algunas grajillas occidentales que aprovechaban los nidales del primillar para poner sus puestas.

(Grajillas occidentales, corvus monedula, en el primillar de Navas del Rey).

Rodeé el cementerio y pronto di con el inicio de la senda marcada con balizas, y con un gran cartel explicativo de la ruta.

(Cartel informativo en la ruta por la Dehesa de Navalmoral).

Un pequeño arroyo, con buen caudal, atravesaba la pista por donde transitaba. Junto a este se había formado una bonita charca, ensalzada con los colores de los ranúnculos que la cubrían. En ella, había una pequeña concentración de ánades reales, y entre tanto pato se coló una juguetona lavandera blanca.

(Lavandera blanca, motacilla alba).

La Dehesa de Navalmoral lucía con todo su esplendor, por las lluvias invernales. En el horizonte se veía el majestuoso Pico Almenara. El último pico de la Sierra del Guadarrama antes de fundirse con las primeras montañas de la Sierra de Gredos.

(Pico Almenara, último pico de la Sierra del Guadarrama antes de unirse a la Sierra de Gredos).

Con el cielo despejado, sólo roto por alguna nube pasajera, comenzaron a aparecer las primeras rapaces de la jornada. Inicialmente a lo lejos, pude identificar un busardo ratonero, y poco después le tocó el turno a un elegante ejemplar de milano real.

(Milano real, milvus milvus).

Comencé atravesar zonas de ganado bravo. Las vacas y terneros rumiaban tranquilamente, poco interesadas en mi presencia. Entre ellas una inmensa concentración de estorninos negros ponía una nota de color oscura a estos bonitos prados verdes.

(Estorninos negros, sturnus unicolor, entre ganado bravo).

La vía pecuaria comenzaba subir una pequeña loma, y cuando coroné la pendiente, volví a atravesar otra cancela. En esta zona la dehesa ya comenzaba a cerrarse más, pasando a tener una estructura de bosque frondoso.
A lo lejos se veía una de las famosas torretas usadas para el trasvase del Embalse de Valmayor a Picadas. Comencé a oír un reclamo característico a modo de “crac-crac-crac” repetitivo. Por un momento pensé que se trataba de las grajillas de la torre, pero no. Ese reclamo ya lo había escuchado antes y sólo podía tratarse de una imperial. Comencé a rastrear sin éxito con los prismáticos, hasta que el reclamo se hizo más cercano. Y tras una buena barrida con los prismáticos allí estaba. ¡El águila imperial! ¡Qué gozada! Era espectacular verla volar tan majestuosa. La joya de las rapaces ibéricas y una de las cuatro especies de águila más amenazadas del mundo, y allí estaba, ofreciéndome un recital de planeos y picados. Hasta tuve el privilegio de ver un pequeño combate entre la emperatriz de las águilas y un busardo ratonero.
La ruta no había sido en balde y había cumplido uno de mis objetivos.

(Águila imperial ibérica, aquila adalberti).

Con este buen sabor de boca, continué con la ruta. Pronto llegué a otra pequeña laguna en mitad de la dehesa. Allí nuevamente otra concentración de azulones, y entre ellos un inesperado visitante, un andarríos grande.

(Laguna en la Dehesa de Navalmoral).

Las sorpresas no quedaban allí, porque en lo alto de un cardo, había posado un alcaudón real que lo usaba a modo de mirador privilegiado.

(Alcaudón real, lanius meridionalis).

La senda comenzaba a serpentear por una dehesa más cerrada, con mezcla de encinas y enebros, alguno de ellos de gran porte. En aquel bosque tan tupido se escondían bandadas de palomas torcaces y rabilargos ibéricos.

(A lo largo de la ruta podemos encontrar algunos enebros de gran porte).

En algunos tramos del camino aparecían grandes bolos graníticos típicos de la Sierra del Guadarrama, qué eran aprovechados para realizar marcas del GR o camino de gran recorrido.
Según iba ascendiendo, tenía unas magníficas vistas del valle del Alberche, Sierra del Guadarrama, estribaciones de Gredos y de Madrid capital, con las icónicas Torres de la Castellana a lo lejos. Justo cuando estaba mirando el sky-line madrileño apareció a lo lejos un señorial buitre negro.

(Buitre negro, aegypius monachus).

En los claros de la dehesa, había buenas formaciones de jaras pringosas, a las que les quedaba poco tiempo para echar la flor, e impregnar el campo de su característico olor a ládano. Entre ellas cantaba una escurridiza curruca cabecinegra, y en unos pinos cercanos hicieron acto de aparición dos carboneros comunes, y posteriormente un pinzón vulgar.
La senda por la que transité durante más de una hora terminaba en una pista muy grande con un gran cartel informativo sobre la ruta, y una señal de vía pecuaria. Aquí podía haber dado la vuelta y regresar de nuevo a Navas del Rey. Pero si el mapa, y después el gps no me fallaban, esa vía pecuaria me llevaría a Colmenar del Arroyo, y como me veía con fuerzas y ganas, decidí continuar el camino hacia el pueblo.
Tras varios minutos de camino de subida, llegué a un mirador con un cartel que confirmaba qué estaba en el Mirador del Valle del Alberche. Un encantador mirador natural con vistas a varios picos de las estribaciones de Gredos, y de la Sierra del Guadarrama. Desde allí el camino presentaba una fuerte pendiente de bajada, qué agradecía después de una buena caminata sin apenas tregua.

(Mirador del Valle del Alberche, en Colmenar del Arroyo).

A la izquierda del camino encontré una casa abandonada digna de la película de Psicosis. Junta a ella había una cantera abandonada. Al instante encontré un panel explicativo indicando qué era una antigua mina abandonada. La verdad es que el sitio era muy atractivo para los que nos gustan los pueblos abandonados. Pero la finca estaba vallada, así que me conformé con sacar fotos desde su exterior.

(Antigua explotación minera en Colmenar del Arroyo).

Ya veía las primeras casas de Colmenar del Arroyo y a lo lejos de nuevo las Torres de la Castellana.

(Vistas de Colmenar del Arroyo con las Torres de la Castellana al fondo).

El camino era flanqueado por un pequeño arroyo, y me pegué a él para ver si observaba algún pequeño pajarillo. Como premio pude descubrir al escurridizo arrendajo euroasiático tan típico de estos ecosistemas serranos.
A los lados del camino nuevas explotaciones ganaderas con algunas charcas para abrevar el ganado, y que constituían un pequeño oasis de biodiversidad, donde los pequeños pajarillos del bosque bajaban a beber.

(Lagunas estacionales en la dehesa, de vital importancia para el ganado y las aves).

Después de casi dos horas de trayecto aparecieron los primeros chalets del pueblo, qué rompían la estética paisajística de la dehesa.
En unos chopos cercanos cantaban al unísono varios serines verdecillos a los que poco después se le unieron un mirlo común.
Poco después, sobre un cable un poste de la luz pude fotografiar a un simpático herrerillo común.

(Herrerillo común, cyanistes caeruleus).

Un muro de piedra flanqueaba el camino de entrada al pueblo, y allí estaba posada una hembra de colirrojo tizón.
Antes de llegar al centro del pueblo pasé por el Parque Municipal de las Viñuelas. Tenía muy buena pinta pero andaba como de costumbre con el tiempo justo para coger el autobús de vuelta, así que no me pude parar. En otra ocasión le haré una visita en condiciones.
Luego, tras pasar por otro agradable parque en el centro del pueblo, junto al Arroyo Colmenar, donde la gente disfrutaba de este día tan soleado por fin llegué a la Plaza de España, con la interesante Iglesia de la Asunción donde una pareja de cigüeñas blancas tenían el nido.
La plaza estaba muy animada de gente y de las recién llegadas especies de aves estivales como golondrinas comunes y aviones comunes que cerraban la lista de esta ruta tan interesante.
¡A qué esperáis para calzaros echaros la mochila al hombro y disfrutar de estos rincones tan interesantes de la Sierra Oeste Madrileña! ¡No os dejará indiferentes!
¡Felices avistamientos!
© Rafa Ac.
Adjunto la lista de las especies vistas durante la ruta.
FAUNA DE LA DEHESA DE NAVALMORAL
AVES
MAMÍFEROS
Águila imperial ibérica
Conejo
Alcaudón real
Ánade real
Andarríos grande
Arrendajo euroasiático
Avión común
Buitre negro
Busardo ratonero
Carbonero común
Cigüeña blanca
Colirrojo tizón
Curruca cabecinegra
Estornino negro
Golondrina común
Gorrión común
Grajilla occidental
Herrerillo común
Lavandera blanca
Milano real
Mirlo común
Paloma torcaz
Pinzón vulgar
Rabilargo ibérico
Serín verdecillo
Tórtola turca
Urraca común