sábado, 3 de noviembre de 2018

RUTA POR EL DISTRITO DE USERA



Parque de Pradolongo. Parada y fonda.

En el paso postnupcial, que transcurre entre los meses de Septiembre y Octubre, los parques urbanos madrileños son zonas de descanso para numerosas especies de aves que crían en el norte peninsular, y en zonas boreales de Europa.
Es una buena época para poder contemplar especies que, o no crían en la Comunidad de Madrid, o y si lo hacen, suelen elegir las zonas más altas del Sistema Central.
En estos meses podemos observar con nuestras visitas a cualquier parque urbano, el paso de especies tan interesantes como tarabillas norteñas, papamoscas cerrojillos, colirrojos reales, currucas mosquiteras,o mosquiteros musicales, entre otras.
También podremos observar las especies estivales más rezagadas, qué aguantarán incluso las primeras semanas de Otoño como los vencejos pálidos.
Antes de volver a sus cuarteles de Invierno en tierras subsaharianas, harán sucesivas paradas en su recorrido por la Península Ibérica, y repondrán fuerzas alimentándose de insectos aún abundantes a finales del verano, o de algunos frutos de arbustos y árboles como zarzamoras, saúcos, o higos. En los parques urbanos encontrarán estos alimentos, así como fuentes de aguas permanentes.
Uno de los parques del sur de Madrid donde podemos disfrutar de la migración postnupcial, es el parque de Pradolongo.

(Vistas del parque de Pradolongo, en el distrito de Usera).

Situado en el distrito de Usera, cuenta con 72,5 hectáreas, convirtiéndolo en el cuarto parque urbano en extensión.
Dentro de él podemos encontrar una senda botánica y ecológica con carteles informativos. Un parterre con 180 especies distintas de árboles y arbustos entre las que destacan pinos, cedros, abetos, arces, sauces, tilos, avellanos, encinas, alcornoques, robles, olivos , y palmeras.

(La vegetación del parque de Pradolongo es muy variada con numerosas especies de árboles como encinas, palmeras, pinos, olivos o tilos, entre otras).

Un gran lago y un arroyo completan la descripción paisajística, y ofrece numerosos recursos y oportunidades para la avifauna local y de paso.

(Rutas circular de 3 horas de duración y de dificultad baja por el parque de Pradolongo).

Ficha técnica de la ruta.
-Tipo de ruta: circular ida y vuelta.
-Punto de inicio y fin de la ruta: estación de Cercanías de Doce de Octubre.
-Distancia: 5 kilómetros aproximadamente, ida y vuelta.
-Desnivel: Punto más alto 587 metros. Punto más bajo 579.
-Dificultad: Baja. Ideal para hacerla con niños.
-Duración: 3 horas, con paradas para ver aves.
-Patrimonio cultural: Iglesia Maris Stella. Principios siglo XX.
-Patrimonio natural: parque urbano.

(Iglesia de Maris Stella, de principios del siglo XX).

Accesos al Parque de Pradolongo.
-En coche. M-30 salida 12. Coger la Avenida de Andalucía, y luego la Calle Antonio López. 20 minutos desde el centro de Madrid.
-En Metro. Línea 3. Moncloa-Villaverde Alto. Bajarse en la estación de Almendrales, y desde allí andar 18 minutos hasta la entrada del parque. En total 33 minutos desde la estación de Sol.
-En Cercanías. Línea C5 Móstoles-El Soto-Humanes. Parada Doce de Octubre. Desde allí andar 10 minutos hasta la entrada al parque. Total: 25 minutos desde la estación de Sol.
-En autobús. Línea 81. Oporto-Hospital Doce de Octubre. Bajarse en la parada de la Calle del Dr. Tolosa Latour.
-En bicicleta. Se puede aprovechar parte del recorrido de Madrid-Río.
Por el sur del parque pasa el Anillo Verde Ciclista.
Recomendaciones de la ruta.
-El Parque de Pradolongo, tiene el dudoso honor de ser considerado el parque más peligroso de todo Madrid, cuando cae la noche. Así que no es nada recomendable quedarse al anochecer para hacer esperas, para aves nocturnas.
-Las épocas más recomendables para visitar el parque son en los meses de paso migratorio tanta prenupcial (Marzo-Abril), como postnupcial (Septiembre-Octubre). También es muy interesante visitarlo en Invierno, para ver las aves que bajan de altas cumbres de la sierra para refugiarse en él,  como petirrojos, piquituertos, lúganos, así como por la gran concentración de gaviotas reidoras y sombrías que descansan en el lago artificial.
-Para multiplicar nuestras posibilidades en número de especies es aconsejable visitar la zona del arroyo, ya que entre su zona arbustiva veremos varias especies de paseriformes.

(El arroyo que cruza el parque de Pradolongo tiene una vegetación ribereña muy bien conservada, qué es ideal para la observación de varias especies de paseriformes).

-Ya que es una zona con instalaciones deportivas es interesante si queremos ver más aves, evitar ir los fines de semana.
-El transporte público es la forma más cómoda para llegar al parque, ya que la estación de cercanías está a menos de 15 minutos andando.
-La iglesia no es visitable.
Este es el relato de una ruta que realicé a comienzos de Septiembre de 2018.
Ya se ha convertido en un clásico, que de mi vuelta de vacaciones estivales, me acerque a algún parque urbano a contemplar la migración postnupcial.
Y aquel mes de Septiembre no iba a ser una excepción. El año anterior la había observado en el Parque Felipe VI con muy buenos resultados. Pero aquel mes de Septiembre decidí volver a escrudiñar la zona sur de Madrid, y elegí el Parque de Pradolongo, en el distrito de Usera.
Era una mañana de bochorno. El mes de Septiembre había comenzado meteorológicamente hablando muy activo. Habíamos tenido un par de días de tormentas, que vendrían muy bien para activar la berrea el ciervo, y aquella mañana amaneció encapotada, con amenaza de lluvia.
Salí de la estación de Cercanías de Doce de Octubre, cercana al homónimo hospital, y en menos de 15 minutos ya me encontré en la puerta del parque.
Los tonos anaranjados de los castaños de Indias ya nos anunciaban que el Otoño astronómico entraría en pocos días.
La primera especie de la mañana fue un nutrido grupo de palomas torcaces, jóvenes y adultas, que picoteaban insistentemente el césped.

(Palomas torcaces. Columba palumbus).

Al rato les tocó el turno a las ruidosas cotorras grises, que en Pradolongo tienen una gran colonia, con abultados nidos en los cedros del parque.

(Cotorra gris. Myiopsitta monachus).

Comencé a subir una pequeña loma, donde vi a varias urracas disputándose un trozo de barra de pan.
A mi derecha, subiendo las escaleras, en un claro de césped, una concurrida multitud de gorriones molineros estaban muy activos en busca de alimento.
A mi izquierda pude ver un joven de pito real, al que poco después se le unieron dos adultos, dispuestos a darse un buen festín de hormigas, una auténtica golosina para ellos. 

(Pito real ibérica. Picus sharpei).

En aquella explanada de césped compartían festín con dos mirlos comunes y otros tantos serines verdecillos.
Al llegar a lo alto de la loma, tenía unas magníficas vistas de todo el parque. Sobre mi cabeza pasó una golondrina común, especie que en pocas semanas nos abandonaría a pasar la invernada en el África Subsahariana.
Retomando el camino, comencé a bajar una cuesta que me llevó a una de los paseos principales del parque. En las praderas de césped aledañas al camino descendente, se concentraban numerosos estorninos negros.
A la izquierda del camino principal se encontraban las pistas deportivas, y muy cerca de estas, se posó una simpática abubilla qué comenzó a barrer el suelo con su pico en busca de hormigas.

(Abubilla. Upupa epops).

Tomé un camino que me llevaría a un pequeño mirador rodeado de pinos.
En la copa de uno de los pinos piñoneros se movía incesante una pequeña pelotilla, que cuando pude enfocarla bien pude ver que se trataba de un carbonero garrapinos.
Desde lo alto del mirador volvía a tener unas magníficas, del lago, y de los oscuros nubarrones que se acercaban al parque anunciando tormenta.
Empecé a bajar en dirección al lago, y en una zona de arbustos pillé in fraganti a un hermoso petirrojo.
Decidí bordear el lago por su parte izquierda en dirección a la Iglesia.

(Lago del parque de Pradolongo. En época invernal hay una gran concentración de gaviotas reidoras y sombrías).

El lago estaba muy desangelado, apenas sin atisbo de ningún ave, esperando los primeros fríos otoñales que lo cubrirían de infinidad de gaviotas. Sólo puede ver a dos solitarias lavanderas blancas que buscaban impacientes algo que llevarse al pico.
Cuando ya tenía a mi espalda la Iglesia abandonada, vi el perfil de un vencejo sobre volando el lago. Poco después apareció otro, y después de un rato llegué a contar hasta cinco. Ya no eran fechas de vencejo común. Cabría la posibilidad de que quedase alguno regazado, así que opté por oír su canto el la aplicación del móvil, y comprobar que se trataban de vencejos pálidos.
Me acerqué todo lo que pude a la valla de la iglesia, donde en su cúpula habían posados varios estorninos negros.
En una pequeña zona ajardinada pude sorprender a una bella paloma zurita,  que muy confiada, se dejó echar un par de fotos.

(Paloma zurita. Columba oenas).

Decidí ir a la zona del parterre que rodeaba el lago, y en un pequeño entrante entre los arbustos que dejaba ver el lago, decidí hacer una espera a ver que especies bajaban a beber.

(Parterre aledaño al lago del parque).

En ese rato de espera, fue una sucesión de especies que, o iban a beber con sus vuelos rasantes, o que se tiraban en picado en busca de mosquitos.
Primero aparecieron los aviones comunes, seguidos de los vencejos pálidos, para dar paso a numerosas golondrinas comunes.
Tras un buen rato de espera, decidí tomar un camino siguiendo la ruta de la senda ecológica con paneles informativos.
Justo cuando estaba leyendo un cartel, apareció un papamoscas cerrojillo, qué se posó en un árbol muy cercano.

(Papamoscas cerrojillo. Ficedula hypoleuca).

Un poco después apareció otro, y más adelante otros dos más.
Ya comenzaba el flujo migratorio de estos pequeños pajarillos que tienen uno de los pasos postnupciales más largos, comenzando a finales de Agosto, y prolongándose hasta finales de Octubre.
En una pradera de césped cercana a los carteles informativos, se formó una concentración mixta muy numerosa de gorriones molineros y gorriones comunes, a la que posteriormente se sumaron jilgueros y serines verdecillos.

(Gorriones molineros. Passer montanus. Y jilgueros europeos. Carduelis carduelis).

Siguiendo la senda ecológica, decidí ir al arroyo artificial para probar suerte en la vegetación arbustiva que rodeaba el curso de agua artificial.
La zona del arroyo tenía muy buen aspecto, muy bien cuidada, con un sustrato arbustivo que era ideal como zona de refugio para pequeños pajarilos.
Dentro del arroyo nadaban tranquilamente cuatro ánades reales.

(Ánades reales. Anas platyrhynchos).

Seguí rastreando el curso del arroyo hasta su desembocadura en el estanque, sin sumar ninguna especie nueva.
El bochorno ya empezaba a ser un poco insoportable, y aunque estaba muy encapotado, no se animó a caer ni un pequeño chaparrón que refrescara el ambiente.
Eché el último vistazo al lago, antes de enfilar hacia la estación de cercanías.
Un último vistazo a los cielos del parque, me reportó la última especie de lista. Varias cigüeñas blancas, volando en círculo, que cerraban esta jornada de pajareo tan interesante por el Parque de Pradolongo.

(Cigüeña blanca. Ciconia ciconia).

¡A qué esperáis para sacar vuestros prismáticos y cámara de fotos, y disfrutar de este parque tan interesante!.
¡Felices avistamientos!
© Rapha Ac.
Acabo el relato con la clásica lista de especies avistadas durante la ruta.
FAUNA DEL PARQUE DE PRADOLONGO
AVES
Abubilla
Ánade real
Avión común
Carbonero garrapinos
Cigüeña blanca
Cotorra gris
Estornino negro
Golondrina común
Gorrión común
Gorrión molinero
Jilguero europeo
Lavandera blanca
Mirlo común
Paloma torcaz
Paloma zurita
Papamoscas cerrojillo
Petirrojo europeo
Pito real ibérico
Serín verdecillo
Urraca
Vencejo pálido
 Fuentes consultadas: Wikipedia y Google Maps.





viernes, 7 de septiembre de 2018

RUTA POR FUENTIDUEÑA DE TAJO


Tierras de frontera.

El río Tajo a su paso por el Sur de la Comunidad de Madrid, hace de frontera natural entre la Meseta, y el valle del mismo río.
Allá por el lejano siglo XII marcaba la línea fronteriza entre los reinos musulmanes y cristianos, manteniéndose casi de manera estable, salvo algunas incursiones de ambos bandos, la división entre la España musulmana y cristiana.
En esta divisoria fronteriza, las huestes cristianas, construyeron numerosos castillos y fortalezas a lo largo del valle del río. Hoy podemos disfrutar de este interesante legado histórico cultural, aunque desgraciadamente, algunas de estas construcciones están actualmente muy deterioradas.
Entorno a la Comarca de las Vegas tenemos varios ejemplos de estos baluartes como el Castillo de Albuer en Villamanrique de Tajo, el Castillo de Santiago en Fuentidueña de Tajo, la Ermita de la Virgen de Alarilla (antigua fortaleza musulmana), también en Fuentidueña, o el Castillo de Oreja, en Ontígola, ya en tierras toledanas.

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(Castillo de Santiago, también llamado Torre de Doña Urraca o Torre de los Piquillos, en el pueblo de Fuentidueña de Tajo).

Aparte del valor cultural, histórico y arquitectónico que atesoran estas edificaciones, son lugares ideales para los aficionados a la ornitología.
Suelen estar construidas sobre cerros de yesos, escarpes, cercanas a algunos ríos, y los huecos de sus torreones, columnas y murallas son lugares ideales para que aniden una variada avifauna. Así no es extraño que podamos deleitarnos con la presencia de especies tan variopintas como grajillas occientales, mochuelos comunes, lechuzas comunes, gorriones morunos, cigüeñas blancas, vencejos comunes, cernícalos primillas o aviones roqueros.
Fuentidueña de Tajo, con apenas 2000 habitantes, es uno de los pueblos más atractivos de la Comarca de las Vegas. Eminentemente agrícola, posee un patrimonio histórico artístico variado e interesante, con restos de la Prehistoria, romanos, musulmanes, y arquitectura industrial del siglo XIX.
La riqueza natural no le va a la zaga, y en el entorno de su término municipal podemos encontrar tres ecosistemas muy importantes para las aves.
-Sotos y riberas del río Tajo. Sotos compuestos por vegetación de juncos, espadañas, sauces, chopos, fresnos, álamos, tarayes, en un excelente estado de conservación. En este ecosistema podremos avistar especies tan atrayentes como oropéndola, pico menor, tórtola común, pájaro moscón o escribano palustre.

(Sotos ribereños en el río Tajo a su paso por Fuentidueña de Tajo).

-Zonas de cultivo de secano y zonas de regadío. Avefrías, garcillas bueyeras, codornices, aguiluchos laguneros entre las más destacadas.
-Zonas esteparias y cantiles de yesos. La vegetación es xerófila y gipsófila. Adaptada a estos ambientes tan secos y salinos. Cogujadas montesinas, collalbas negras, milanos reales, búhos reales, o chovas piquirrojas, habitan en estos ambientes tan singulares.
A esta riqueza natural hay que añadir la Cañada Real Soriana Oriental, que a modo de corredor ecológico recorre parte del municipio, uniendo ecosistemas tan diversos como núcleos urbanos, sotos y riberas, zonas esteparias, zonas de cultivo, o montes de repoblación.
Ficha técnica de la ruta.
-Tipo de ruta: lineal, ida y vuelta.
-Punto de inicio y fin de ruta: Avenida de Elena Soriano, parada de autobús.
-Distancia: 11 kilómetros, ida y vuelta.
-Desnivel: punto más alto 597 metros. Punto más bajo 547 metros.
-Dificultad: baja. Sólo tenemos una pequeña pendiente antes de llegar a lo alto de la Ermita de la Virgen de la Alarilla.
-Duración: 3 horas y 30 minutos, con paradas para ver aves.

(Ruta lineal de 3 horas y 30 minutos de duración y de dificultad baja, por Fuentidueña de Tajo).

-Patrimonio cultural: Castillo de Santiago, también llamado Torre de los Piquillos o Torre de Doña Urraca, siglos XII-XVIII. Iglesia Santiago Apostol, siglos XII-XVII. Ermita Virgen de Alarilla. Puente metálico sobre el río Tajo, siglo XIX, Fuente Salobre o Fuente de la Dueña. Mirador de Doña Urraca.
-Patrimonio natural. Sotos y riberas del río Tajo. Estepas y cantiles yesíferos de Fuentidueña de Tajo. Cañada Real Soriana Oriental.
-Accesos a Fuentidueña de Tajo.
-En coche. A-3, salida 59, y luego tomar la M-831. 37 minutos desde Madrid.
-En autobús. Línea 352 Madrid (Ronda de Atocha)-Tarancón. 1 hora desde Madrid.
Línea 353 Madrid (Ronda de Atocha)-Santa Cruz de la Zarza. 1 hora desde Madrid.
-En bicicleta. Una buena opción es coger el tren de cercanías desde Aranjuez, y desde allí ir en bici hasta Fuentidueña. Aunque son casi 3 horas de recorrido, el perfil es prácticamente llano.
Recomendaciones para la ruta.
-Las mejores épocas para realizar la ruta son el otoño y la primavera.
-Extremaremos la precaución en la zona de cantiles yesíferos. No subiendo a ellos entre los meses de Febrero a Junio, para no molestar a las aves.
-No salirse de los caminos, en especial en las zonas de yesos, porque podemos provocar erosión, y puede haber zonas peligrosas por desprendimientos.
-Respetar el patrimonio histórico artístico, sobre todo cuando visitemos el Castillo de Santiago.
Este es el relato de una ruta que realicé la segunda semana del mes de Agosto de 2018.
Reconozco que esta ruta siempre me ha gustado hacerla en toño o en primavera. En otoño para disfrutar de la variedad cromática del bosque de ribera, y en primavera porque el Tajo baja con más caudal y forma interesantes saltos de agua.
Pero tenía curiosidad por visitar la zona en plena época estival, y ver cómo iba evolucionando la migración post-nupcial.
Era la segunda semana del mes de Agosto y ya algunas especies estivales nos habían abandonado para emigrar a sus cuarteles africanos, como era el caso de los vencejos comunes, que ya se marcharon de Madrid ciudad.
El autobús desde Madrid me dejó en plena Avenida de Elena Soriano, la arteria principal del pueblo, rodeada de bonitas casas de pueblo de estilo manchego.
Pronto comencé a descender hacia el río Tajo, por un coqueto paseo peatonal flanqueado por un gran maizal. Al sur ya se veían los cantiles que rodeaban al Tajo, y sobre uno de ellos la Ermita de la Virgen de Alarilla, uno de mis objetivos de la ruta, junto con el de ver y fotografiar la collalba gris.

(Vistas de la Ermita de la Virgen de la Alarilla desde el pueblo de Fuentidueña de Tajo).

Gorriones comunes me acompañaban en mi paseo por las cercanías del maizal.
Unos cuantos aviones zapadores hacían vuelos rasantes sobre el maizal para atiborrarse de mosquitos, y dos de ellos se posaron sobre un cable.

(Aviones zapadores. Riparia riparia).

Este festín era compartido con algunas golondrinas comunes, qué aún aguantarían un mes más antes de comenzar la migración.
Crucé el bello puente sobre el Tajo obra del arquitecto Eiffel, que se integra perfectamente en el paisaje. Aproveché para observar los atrayentes sotos del Tajo. Sólo pude observar varios ánades reales.
En vez de tomar la Cañada Real Soriana Oriental, cogí una pequeña vereda que bordeaba el soto, por un área recreativa.
Tras una buena formación de juncos, me paré justo a la orilla del río, donde una pequeña presa de piedras propiciaba que se formasen unos saltos de agua muy interesantes.

(Saltos de agua en el río Tajo a su paso por Fuentidueña de Tajo).

Seguí avanzando por el bosque de ribera compuesto por chopos, sauces, olmos y álamos entre otras especies.
El sol comenzaba a calentar con justicia, y las sobras de las copas de los árboles eran aprovechadas para tomar algo de fresco por  las palomas torcaces.  

(Paloma torcaz. Columba palumbus).

Al otro lado del camino, justo en frente de la cañada real, comencé a oír el inconfundible reclamo aflautado de la oropéndola europea.
Me pasé un buen rato rastreando por los prismáticos, hasta que voló sobre mi cabeza, y fue a posarse a un árbol cercano.

(Oropéndola europea. Oriolus oriolus).

La vereda poco a poco se pegaba a un pequeño canal, y comenzaba a subir una pequeña pendiente. Desde ella tenía una buena vista del soto del río.
La vereda poco a poco se iba ensanchando, hasta terminar en la cañada real.
Había mucho contraste de paisajes entre la margen izquierda del camino, y de su derecha. A la derecha comenzaba la zona esteparia, con pequeños cerros yesíferos, y a la derecha zonas no cultivadas de regadío, y el bosque de ribera.
Transitando por la cañada real, comenzaron a verse las primeras cogujadas comunes.
A la izquierda del camino, una gran cantera rompía la armonía paisajística.
Me acercaba cada vez más al cerro yesífero donde estaba la ermita.

(Cañada Real Soriana Oriental de camino a la Ermita de la Virgen de Alarilla).

En las zonas arbustivas de la zona esteparia comenzaron a verse los primeros fringílidos, uno de mis grupos de aves favoritas.
Primero hicieron acto de presencia los jilgueros, y al poco rato les tocó el turno a los pardillos comunes.

(Jilguero europeo. Carduelis carduelis).

Cuando ya echaba en falta ver alguna rapaz, en lo alto del cerro de la ermita, comenzó a planear un águila calzada. Otra especie que ya estaba en plena migración post-nupcial.
El camino comenzaba a descender ligeramente, y era rodeado por un gran cerro yesífero, con un gran espartal. En la vaguada del cerro, había una charca con bastante agua para la época del año en la que nos encontrábamos. Un auténtico oasis, para un medio tan estepario.
Estuve haciendo una espera en la charca, donde pude ver algunos conejos que bajaban a saciar su sed.

(Conejo. Oryctolagus cuniculus).

Cuando ya me disponía a subir el cerro de la ermita, sobre los sotos del Tajo, que me quedaban por debajo, pasó volando un milano negro.
En pocas semanas seguramente, estaría en Tarifa esperando su turno para cruzar el Estrecho.

(Milano negro. Milvus migrans).

La subida a la ermita tenía una pendiente, que puede resultar un poco tediosa, pero merece la pena el esfuerzo por las magníficas vistas que se ven desde su alto. Al llegar a la puerta de la ermita, me deleité con las vistas de los cuatro puntos cardinales que se veían desde allí. El Valle del Tajo, el pueblo de Fuentidueña, las estepas de la Cañada Real Soriana Oriental, e incluso las estribaciones del Sistema Ibérico.

(Vistas desde la Ermita de la Virgen de Alarilla).

El calor ya apretaba con justicia, así que decidí acelerar el paso, y coger al autobús de vuelta a Madrid a su hora.
En el  camino de vuelta sólo anoté como especie nueva, una tórtola turca, en el soto del río.

(Tórtola turca. Streptopelia decaocto).

Cuando llegué a la parada del autobús, y viendo que aún me sobraban 45 minutos, me animé a subir al Castillo de Santiago y hacer un último intento a la collalba negra, pues tenía la intuición de que allí la vería.
Tras pasar la pintoresca fuente salobre, subí al castillo, o las ruinas que quedan de él. A pesar de ello, no le restan un ápice de belleza.

(Fuente salobre).

Rodeé todo el castillo en busca de alguna nueva especie de ave, y lo único que encontré fueron dos palomas domésticas.
Subí las escaleras que me llevaban al mirador de Doña Urraca. Allí las vistas eran tan atractivas como las que vi en la Ermita de la Alarilla.

(Vistas desde el mirador de Doña Urraca).

Y justo cuando iba a bajar del castillo para coger el autobús de vuelta, apareció entre sus ruinas la deseada collalba negra.
Al principio pensé que se trataba de un colirrojo tizón pero su cola negra en forma de “T” la delató.
Estuve un buen rato fotografiándola, y como queriendo retarme, comenzó a ocultarse en varios rincones del castillo.

(Collalba negra. Oenanthe leucura).

Cuando ya tenía varias fotos, pensé que lo mejor era retirarse y dejarla tranquila como ama y señora del castillo.
¡A qué esperáis para calzaros las botas y los prismáticos, y disfrutar de este lugar tan interesante!.
¡Felices avistamientos!
© Rapha Ac.
Termino el relato con la lista de especies avistadas durante la ruta.
FAUNA DE FUENTIDUEÑA DE TAJO
AVES
MAMÍFEROS
Águila calzada
Conejo
Ánade real
Avión zapador
Cogujada común
Collalba negra
Golondrina común
Gorrión común
Jilguero europeo
Milano negro
Oropéndola europea
Paloma torcaz
Pardillo común
Tórtola turca