miércoles, 24 de diciembre de 2014

RUTA POR HUMANES DE MADRID. PARQUE NATURAL PRADO DE LA CASA.

RUTA POR HUMANES DE MADRID.
PARQUE NATURAL EL PRADO DE LA CASA.
Parque Prado de la Casa. Oasis en la estepa cerealista.
Cuando uno pasea por alguno de los cascos urbanos de algún municipio del gran sur metropolitano madrileño, le llama la atención la mezcla de estilos arquitectónicos de las viviendas. En una misma calle podemos encontrar típicas casas bajas con fachada encaladas y patio interior, típicas de pueblo agrícola y ganadero, junto a construcciones más modernas como chalets, pisos adosados o urbanizaciones.
Muchas ciudades populosas del extrarradio sur madrileño como Fuenlabrada, Leganés o Móstoles, a finales de los 60 eran pequeños pueblos dedicados a la agricultura y la ganadería. A partir de esta década experimentan una importante explosión demográfica debido a la población emigrante qué llegaba de otras regiones españolas, y convirtieron estos pequeños municipios rurales en grandes ciudades dormitorio qué reclamaban nuevas infraestructura de transporte y vivienda.
Está explosión demográfica tuvo repercusión en la naturaleza y los paisajes de estos primitivos núcleos rurales, cambiando radicalmente la fisonomía de muchos de ellos. Donde antes había cultivos cerealistas, olivares, viñedos, dehesas y bosques de riberas, en pocas décadas, el paisaje se fue llenando de polígonos industriales, autopistas, trenes de alta velocidad, y centros comerciales.
Muchas localidades contaban con una dehesa, zonas de pasto o bosques de ribera donde llevaban a pastar el ganado y recolectaban leña y frutos qué les proporcionaban estos bosquetes, como bellotas, setas, o frutos silvestres.
Algunas de aquellas “dehesas boyales” a día de hoy se han convertido en parques periurbanos destinados a uso y disfrute a modo de ocio y esparcimiento para los vecinos de estas ciudades tan pobladas.
Un buen ejemplo lo tenemos en el Parque Natural el Prado de la Casa en el municipio de Humanes de Madrid.
Es un parque periurbano situado a poca distancia del casco urbano de la ciudad. Es atravesado por el Arroyo de Valdenovillo, qué posteriormente se une al Arroyo del Prado de la Casa, este desemboca en el Arroyo Humanejos, para posteriormente verter sus aguas en el Arroyo Guatén a modo de corredor ecológico, uniéndose con los Estragales de Pinto, un área muy importante para las aves esteparias.
El Parque tiene en su interior un pequeño lago, y la vegetación qué lo rodea está compuesta por chopos, álamos, fresnos, sauces, olmos, tarays,  y arbustos ornamentales. En la periferia del parque encontramos un pequeño bosquete de pino piñonero, olivares y estepas cerealistas.

la vegetación del interior del Parque se compone de chopos, fresnos, álamos, sauces y pinos piñoneros fundamentalmente.

Su situación geográfica teniendo al Oeste el Parque Regional del Guadarrama, y al Sur la IBA “Secanos de Torrejón de Velasco y Valdemoro”, y tratándose de una pequeña zona húmeda en medio de la estepa cerealista, hace qué sea un foco de atracción para numerosas aves como ánades reales, pitos reales, palomas torcaces, estorninos negros, así como pequeños pajarillos como verderones comunes, verdecillos, jilgueros pardillos, o gorriones molineros. En las afueras del parque, en las colindantes estepas cerealistas, podemos observar aves esteparias como cogujadas comunes, perdices, o avefrías.
Humanes se encuentra a 23 kilómetros de Madrid capital y es la puerta de entrada a la comarca de la Sagra madrileña.

Antiguo pueblo eminentemente agrícola, con algo de cabaña ganadera, en los 70 abandona el sector primario, qué actualmente sólo ocupa el 0,4 de su economía, para dedicarse al terciario, siendo un importante foco industrial, con numerosos polígonos industriales qué se prolongan hasta la vecina localidad de Fuenlabrada.
Actualmente cuenta con una población aproximada de 20.000 habitantes, con una buena red de transportes, muy bien comunicado con Madrid capital.
La ruta propuesta es una ruta semicircular con salida desde la estación de cercanías de Humanes y fin en la cercana residencia de ancianos, para coger el autobús de vuelta qué llega hasta Getafe. Su duración son 3 horas aproximadamente, y la dificultad es baja, pues el recorrido cuenta con pocas pendientes.

Ruta semicircular de 3 horas de duración por el Parque Natural Prado de la Casa.

Accesos al Parque Natural el Prado de la Casa.
-En coche. Desde Madrid coger la A-42 Madrid-Toledo. Luego nos desviamos por la M-506 y posteriormente la M-405. Buscamos la rotonda de la carretera a Griñón y desde allí tomar la Calle Río Guatén y posteriormente la Calle Parla. Aconsejamos aparcar en la Calle Parla porque luego el camino es una vía pecuaria.
-En Cercanías. Línea C-5. 30 minutos desde Atocha. Luego coger la carretera a Griñón, Calle Río Guatén y Calle Parla. Desde la estación de cercanías unos 30 minutos andando aproximadamente.
-En autobús. Línea 468, Getafe-Serranillos del Valle. Unos 30 minutos, hasta el centro del casco urbano.
Línea 471, Humanes-Pinto. Unos 50 minutos hasta el casco urbano.
Este es el relato de una ruta qué hice a finales de Diciembre de 2014, a pocos días del Solsticio de Invierno.
Tras abandonar la estación de Cercanías de Humanes tome la Calle Ferrocarril y posteriormente la Calle Madrid, para acabar en la rotonda de la carretera a Griñón.
La tarde era muy calurosa, para las fechas otoñales en las qué nos encontrábamos.
En un pequeño parque en la carretera a Griñón, comencé a apuntar las primeras especies de la lista, y como iba siendo habitualmente, las más cosmopolitas qué podemos encontrar en cualquier casco urbano: palomas torcaces, gorriones comunes y estorninos negros.
Al llegar a la rotonda de la carretera al pueblo de Griñón, a lo lejos, sobre las vías del tren vi la primera rapaz de la ruta. Como estaba en una zona de chalets, tuve qué sacar discretamente los prismáticos, no me tomaran por un “vouyer” o “fisgón oportunista”.
Pude comprobar qué se trataba de un ejemplar de milano real qué empezaban a bajar a sus cuarteles de invernada.
A lo lejos, sobre el campanario de la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán se veía un nido de cigüeña blanca con dos individuos,  qué con tanto cambio de comportamiento migratorio, no sabía diferenciar si eran de las qué se quedaban todo el año, o de las qué volvían de manera muy temprana.
El recorrido desde la zona de chalets hasta la residencia de ancianos no deparó grandes sorpresas salvo dos especies más para apuntar a la lista: mirlo común y lavandera blanca.
Al llegar a la residencia de ancianos, en una zona de cultivo cerealista, un colirrojo tizón macho estaba subido en la empalizada de una valla para el ganado.
Detrás de él, se cernía en vuelo, un cernícalo vulgar muy abundante en estos medios esteparios.
En ese momento me despiste con el itinerario de la ruta y tuve qué consultar el mapa en el móvil. De cuantos apuros nos ha sacado Internet en el móvil. Una herramienta imprescindible para todo senderista qué se precie.
En una zona de barbecho tras la residencia de ancianos, uno de los últimos rebaños trashumantes qué quedan en Humanes, compuesto de ovejas merinas y cabras, pastaba pegado a una zona de chalets.
Una imágen muy chocante qué combinaba modernidad y especulación, con tradición y desarrollo sostenible.
Aún hoy en Humanes quedan pequeños rebaños qué practican la transterminancia,
llevando los últimos pastores, sus últimos rebaños del Sur madrileño, a otros municipios colindantes como Parla o Fuenlabrada, para qué puedan usar sus pastos. 

A pesar de ser un municipio eminentemente industrial, aún queda en Humanes una pequeña cabaña ganadera, y explotaciones agrícolas, testigos de su pasado rural.

Un poco despistado por el recorrido y sin saber qué luego ese sería punto final de la ruta, decidí volver sobre mis pasos y dirigirme a la Avenida de España y Calle Parla para buscar el Prado de la Casa.
Tras 20 minutos sobre mis pasos, llegué a la vía pecuaria qué me llevaría al Parque Natural. A lo lejos ya se veía, a modo de oasis en mitad de la campiña.

Vía pecuaria qué lleva a la entrada del Parque Natural del Prado de la Casa.

Junto la vía pecuaria, en un algarrobo seco, se concentraban un buen bando de pardillos comunes. Detrás de ellos, en una zona de cultivo, había un pequeño grupo de cogujadas comunes, quizás las aves esteparias más comunes y fáciles de observar de estos ecosistemas.
Al llegar a la entrada del parque oí qué alguien en su interior estaba tirando petardos irresponsablemente. Con ese ruido sería imposible ver algún ave, así qué decidí esperar fuera del parque, a ver si dejaba en paz a las aves del parque con sus molestos petardos.
Mientras, opté por dar un paseo por el Arroyo de Valdenovillo, donde abundaban las formaciones de juncos churreros.
Haciendo una espera, un pequeño buitrón se posó en uno de ellos, y con mucha paciencia intenté hacerle una foto, pero se percató de mi presencia y voló raudo y veloz a esconderse en la espesura.
Tras cesar los molestos ruidos de los petardos, entré en el parque. Un olmo de gran porte era aprovechado como dormidero por palomas torcaces y estorninos negros. Entre ellos, se mezclaban dos tórtolas turcas.
Continué por el arroyo y llegué al estanque artificial. Allí había una importante concentración de ánades reales junto a muchas ocas domésticas.

Anades reales (Anas platyrhynchos).

Con paciencia y en total silencio, observaba como poco a poco iban saliendo de los cañaverales las huidizas gallinetas. La concentración de gorriones comunes era muy abundante, tanto qué no pude calcular el número de individuos.

Gallineta (Gallinula chloropus).
Seguí remontando el nacimiento del arroyo. y en una zona de cascadas artificiales, una pareja de lavanderas cascadeñas jugueteaban a perseguirse.
En ese momento, comencé a oír un lejano trompeteo qué ya me era muy familiar.  Salí fuera del parque a la zona de cultivo, y teniendo como estampa la Sierra del Guadarrama a lo lejos nevada, apareció un pequeño grupo de grullas comunes volando en dirección Oeste. Un grupo bastante rezagado para las fechas en la qué nos encontrábamos.
Proseguí rodeando el parque y tomé una pequeña vereda qué acababa en una vía pecuaria. A lo lejos con los prismáticos encima de un majano, observé posada una urraca qué usaba la acumulación de piedras a modo de oteadero.
Regresé al interior del parque, y en las ramas de un chopo había una pequeña concentración de verderones comunes.
Determiné volver al estanque a ver si podía ver alguna especie nueva. Tras ver las mismas especies qué antes, sólo añadí una especie nueva a la lista, un simpático petirrojo buscando comida en una pradera de césped.
A la salida del parque me situé en una de las orillas del Arroyo Valdenovillo, a ver si se animaba alguna especie nueva.
Me paré en un álamo donde se reunían unos cuantos jilgueros. Sin hacer ruido me acerqué todo lo qué puede a ellos para poder hacerles una foto, y me aproximé tanto al tronco qué no me dí cuenta qué apoyado en él, había un mochuelo común. 

Jilgueros (Carduelis carduelis).

La situación no podía ser más esperpéntica. Primero me asusté yo del mochuelo, luego
él de mi, y seguidamente los jilgueros de ambos. La imagen era muy graciosa, una nube de jilgueros volando a toda velocidad y entre ellos un mochuelo común.
Tras este encuentro fortuito, continué por el cauce del arroyo hasta su desembocadura con el Arroyo Prado de la Casa.
A lo lejos, en lo alto de un tendido eléctrico había posados dos busardos ratoneros, inconfundibles por su marcado medallón blanco en el pecho.
Era curioso la cantidad de liebres ibéricas qué se veían corretear por los campos de cultivos y los barbechos.
Algunas de ellas levantaban la cabeza siempre alerta, con un ojo puesto en los busardos del tendido eléctrico.
Con mucha paciencia, y ocultándome en una retama, único escondite en metros a la redonda, puede sacar algunas fotos, qué ilustran este relato.

Liebre ibérica (Lepus granatiensis).

El sol poco a poco se ponía en el Oeste de la Sagra madrileña, así qué decidí volver a la residencia de ancianos donde cogería el autobús qué me llevaría de vuelta a Getafe.
Antes de llegar al casco urbano, en un instante, pasó primero un hombre a caballo, un ciclista y una chica haciendo footing, y como punto final, yo observando aves con mis prismáticos. 4 actividades recreativas, ideales, compatibles con la conservación de las vías pecuarias, y qué apenas producen impacto, no como los ruidosos “quads” qué rompen el silencio y la armonía de estos ecosistemas tan frágiles como son las estepas.
Antes de llegar a la parada de autobús, un pequeño grupo de perdices rojas, comían plácidamente en un barbecho de una zona de cultivo, lo qué facilitó qué les pudiese sacar un par de fotos, sin apenas molestarlas.

Perdices rojas (Alectoris rufa).

¡A qué estais esperando para disfrutar de este espacio tan interesante!. Coged vuestra mochila, cámara y prismáticos, y deleitaros de un placentero día de campo.
¡Felices avistamientos!.
© Rafita Almenilla.
Para concluir añado la lista de especies avistadas a lo largo de la ruta.

FAUNA DEL PARQUE NATURAL PRADO DE LA CASA


AVES
MAMÍFEROS


Paloma torcaz
Liebre ibérica
Gorrión común

Estornino negro

Milano real

Cigüeña blanca

Mirlo común

Lavandera blanca

Colirrojo tizón

Pardillo común

Cogujada común

Buitrón

Tórtola turca

Lavandera cascadeña

Grulla común

Urraca

Verderón común

Petirrojo

Mochuelo común

Busardo ratonero

Perdiz roja



2 comentarios:

  1. Buenas Rafa, Soy Juan, aficionado a la naturaleza y en especial a la ornitología. Quería darte las gracias por este blog ya que soy del sur de madrid.
    Me ha hecho ilusión tu entrada sobre esta zona, ya que son unos caminos que he recorrido bastante. Enhorabuena por el mochuelo jeje. Es muy transitada la zona pero si tienes suerte puedes ver alguna agachadiza, garcillas, collalbas y alguna que otra sorpresa.
    Lo dicho, muchas gracias por el bloq y enhorabuena.
    Un saludo.

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  2. Saludos Juan. Celebro mucho que te guste. Gracias por tus comentarios. El fin del blog es contribuir a que se conozca la naturaleza del sur madrileño que tiene muchas buenas experiencias ornitológicas que ofrecernos. Te animo a que leas las próximas entradas que iré subiendo. Un cordial saludo.

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