lunes, 3 de noviembre de 2014

RUTA POR EL DISTRITO PUENTE DE VALLECAS. PARQUE DEL CERRO DEL TIO PIO.

RUTA POR EL DISTRITO PUENTE DE VALLECAS. PARQUE DEL CERRO DEL TIO PIO.
Parque del Cerro del Tío Pío. De Madrid al cielo.
Me vais a permitir qué rinda un pequeño homenaje al barrio qué me vió nacer, y a uno de sus parques más emblemáticos y de toda la ciudad de Madrid. Se trata del barrio de Vallecas y su famoso Parque del Cerro del Tío Pío o “Parque de las 7 tetas” como lo conocemos todos los vallecanos.
Sin ánimo de exagerar, desde el Bar el Mirador, o desde alguna de sus montañas artificiales, se pueden contemplar las mejores vistas de Madrid, con unos espectaculares atardeceres. Sus vistas son memorables, y en ella se puede apreciar el característicos “sky line” de Madrid, con monumentos tan emblemáticos como el Pirulí, las Torres de la Castellana, o el Parque del Retiro. Además, se trata de un magnífico mirador natural.

Vistas del "sky line" madrileño con la Sierra del Guadarrama al fondo.
Desde el parque, se puede apreciar una gran porción de la Sierra del Guadarrama, desde la Sierra de la Cabrera hasta el Pico Almenara, y las estribaciones de Gredos, con el Pico el Alto del Mirlo como primera formación de este sistema montañoso.
Con unos prismáticos podremos contemplar otros accidentes geográficos como el Puerto de Guadarrama, la Maliciosa, El Yelmo de la Pedriza, el Monte Abantos, e incluso las estribaciones de los Montes de Toledo.

Vistas de la Pedriza del Manznares desde el Parque del Cerro del Tío Pío.
Podemos avistar los municipios del gran sur metropolitano qué rodean a la ciudad de Madrid como Getafe, Leganés, Pozuelo de Alarcón o Parla, y con unos prismáticos, otros más alejados como Torrejón de Velasco o San Lorenzo del Escorial con su famoso Monasterio.
El parque se construyó sobre los escombros de las casas derruidas de la población emigrante qué llegó a Madrid entre los años 50 y 70. La gran mayoría procedían de las comunidades de Andalucía y Extremadura.

Las "tetas" del Cerro del Tío Pío son en realidad escombreras con las casas de la población inmigrante. A principios del siglo XX había sobre ellas explotaciones de salinas.
En los 80 comienzan los primeros realojos de estas familias, en el vecino barrio de Palomeras, y es en ese mismo año cuando se construye el parque.
Todavía recuerdo allá por los comienzos de los 80 cuando las excavadoras comenzaron a modelar con los escombros lo qué hoy sería uno de los parques más carismáticos de la ciudad de Madrid. Por aquella época, siendo un niño jugaba con mi hermano y mi pandilla en lo qué se conocía como los arrabales.
En aquellos tiempos, en Vallecas acaba Madrid, y el fin de la ciudad lo delimitaba una tapia de ladrillos qué aún conserva algunos restos. Allí jugábamos felices y despreocupados por aquellos descampados, donde sólo había algunas fábricas de cerámica con la arcilla qué se extraía en esos terrenos.
Antes de qué se construyera la Colonia de los Taxistas y justo donde se encuentra el Cerro del Tío Pío, era un descampado con una laguna donde había patos, salamandras y ranas. Esta zona es un gran acuífero subterráneo y aún hoy, en muchos garajes de los pisos de la Colonia de los Taxistas se nota la humedad de la zona.
En nuestros juegos de infancia, jugando a ser exploradores, nos encontrábamos con la fauna qué poblaba aquellos míticos descampados. Tarántulas, cernícalos vulgares, conejos, lagartijas ibéricas, jilgueros, o culebras bastardas, despertaban nuestra curiosidad y el amor por la naturaleza.

El Parque del Tío Pío se encuentra situado en el distrito de Puente de Vallecas al Sureste de la Ciudad de Madrid. Limita con las calles Maruja García Romero, Ramón Pérez de Ayala, Pío Felipe y Camino de Valderribas. Situado entre la Colonia de los Taxistas y la Colonia de Santa Ana. En su interior hay un parque de bomberos y un centro de rehabilitación para discapacitados.
La vegetación del parque está compuesta por grandes praderas de césped. En sus márgenes hay plantados especies como chopos, álamos negros, olmos de Siberia, plátanos, algarrobos, formaciones de pino carrasco y moreras, coscojas, adelfas y otros arbustos ornamentales.

La vegetación arbórea del Parque del Cerro del Tío Pío está compuesta por chopos, álamos negros, pinos carrascos, algarrobos, moreras, olmos de Siberia, plátanos y coscojas.
En el parque se ven las típicas especies de aves de cualquier parque madrileño como verdecillos, mirlos comunes, gorriones molineros, estorninos negros o palomas torcaces. En época de paso se pueden ver algunas especies interesantes como mosquiteros musicales, papamoscas cerrojillos e incluso algún torcecuello, esporádicamente.
Entonces el pajarero más selecto se preguntará por qué es tan atractivo este parque para la observación de aves. Pues resulta qué es un magnífico balcón natural para la observación de la migración de las grullas a sus cuarteles de invernada en los meses otoñales. También es un magnífico mirador para ver y fotografiar los grandes bandos de gaviotas reidoras qué se desplazan a sus dormideros desde el vertedero de Valdemingómez, al embalse de Santillana en la Pedriza de Manzanares.
Accesos al Parque del Cerro del Tío Pío:
-En coche. Coger la A-3 Madrid-Valencia y tomar el desvío en la calle El Bosco y luego la Calle Maruja García Romero. 14 minutos.
-En Autobús. Líneas 143 y 141. Bajarse en la Calle Pío Felipe junto al Colegio Tajamar.
-En Metro. Línea 1 parada Buenos Aires. Luego subir por la Calle Pío Felipe pasando por el Parque de Bomberos. 10 minutos.
La ruta propuesta es lineal de unas dos horas aproximadas de recorrido de dificultad baja, con algunas pendientes, pues subiremos y bajaremos algunas de sus “tetas”, saliendo desde la estación de metro de Buenos Aires y llegando hasta la última montaña artificial.

Ruta lineal de 2 horas aproximadas de duración por el Parque del Cerro del Tío Pío.
Este es el relato de una ruta qué realicé a finales de Octubre de 2014.
Me bajé en la parada de Metro de Buenos Aires, y a su salida tomé la cuesta de Pío Felipe, hasta llegar a las inmediaciones del Colegio Tajamar.
Allí, a la entrada del parque, me recibía un gran ejemplar de coscoja, qué ya comenzaba a dejar caer sus bellotas y nos anunciaba qué en pocos días comenzaba la montanera de la bellota, muy apreciada por muchos animales, entre ellos las grullas, las protagonistas de este relato.
Llevaba ya días con ganas de ver los primeros bandos de grullas, en su camino a sus cuarteles de invernada, pero con este calor tan acusado qué estábamos padeciendo, conocidos por algunos como “veroño” se estaban retrasando.
Hacía una tarde muy tórrida, con este otoño tan anómalo qué estábamos padeciendo y el calor me empezaba a hacer mella, así qué decidí buscar sombra entre una formación de pinos carrascos.
Allí empezaron a aparecer las primeras especies de la lista. Unos simpáticos verdecillos con sus melodiosos cantos fueron los primeros en caer. Después apareció un mirlo común. Tras él, un bullicioso bando de cotorras grises fue a refugiarse a unos plátanos del cercano Parque de Azorín.
Bajé al cercano centro de discapacitados y allí junto a su pared busqué un poco de sombra y aproveché para hacer una espera.
En una ladera de la montaña, muy desforestada, con poca vegetación apareció un colirrojo tizón hembra qué se posó en un arbusto. Acto seguido un pequeño bando de gorriones comunes reclamaban su espacio y consiguieron echar a la hembra.
Aprovechando la sombra, me dediqué a fotografiar a unos simpáticos verdecillos qué se columpiaban en la valla metálica del centro de discapacitados.

Verdecillo (Serinus serinus).
Decidí seguir el camino y en la pendiente de la siguiente montaña un grupo de cuatro lavanderas blancas casi camufladas por el césped, buscando insectos dentro de él.

Lavandera blanca (Motacilla alba).
Continuando el camino, en una zona de arbustos aparecieron dos mosquiteros musicales, especie qué ya iba concluyendo su paso migratorio.
Tras dar la vuelta a toda la montaña aparecí en un camino dominado por las grandes formaciones de moreras. En ellas, un nutrido grupo de palomas torcaces se arremolinaban en sus copas para darse un buen festín con sus frutos.
Cogí el camino de subida a la Terraza el Mirador y antes de llegar a ella, en una cercana adelfa se escondía un pequeño petirrojo.
Al llegar a la Terraza el Mirador sobre una farola otra hembra de colirrojo tizón eligió un buen lugar de observación.

Colirrojo tizón hembra (Phoenicurus ochruros).
El calor reinante hacía qué el parque estuviese lleno de gente. Padres jugando con sus niños, y gente joven sentada en la montaña esperando ver atardecer.
Con tanta gente decidí separarme un poco del bullicio y coger un camino menos transitado para ver más aves.
Bajé por un camino qué me llevaba a las pistas de fútbol sala y donde hay más arbustos.
Allí, en una pradera de césped había un numeroso grupo de gorriones molineros qué picoteaban el césped en busca de comida.
Poco después,  en un gran ejemplar de olmo de Siberia me esperaba un juguetón herrerillo común.
Me escondí tras el árbol y decidí hacer una espera en una gran pradera de césped.
Primero apareció una gran bandada de estorninos negros. Mirando con los prismáticos me llevé una grata sorpresa al comprobar qué entre ellos se había colado un estornino pinto. Al poco tiempo volaron a un pinar cercano y tras ellos aparecieron tres colirrojos tizones. Estuve un rato deleitándome con sus juegos y pude sacar algunas fotos al macho, fotos qué ilustran este relato.

Colirrojo tizón macho (Phoenicurus ochruros).
Tras esta espera, decidí subir a la última montaña para intentar ver el paso de las grullas.
El sol ya iba cayendo por línea de cumbres del Guadarrama, pero de momento no había señales de ellas.
Decidí hacer un barrido con los prismáticos por los tejados de la vecina colonia de los taxistas. Allí se veían urracas y estorninos negros. Tras un buen rato de contemplación me llevé una sorpresa al ver un cernícalo vulgar qué posado sobre una chimenea, la usaba como mirador, atento a futuras presas.

Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus).
El tiempo pasaba y el sol ya iba cayendo y cada vez tenía menos luz. Ya comenzaba a decepcionarme y empecé a pensar en volver a casa, cuando al instante oí un ruido lejano qué me llamó la atención. Al principio pensé qué se trataba de algún perro, pues mucha gente iba con su mascota a pasear por el parque, pero en ese momento en el camino donde yo estaba no había nadie. Instantes después se volvió a oír el sonido, y estaba vez ya era más nítido. ¡Era el trompeteo de las grullas!. Rápidamente lo primero qué hice fue mirar al cielo a ver si las veía y allí apareció la primera bandada con su característica formación en uve. Al instante cogí la cámara y comencé a echarlas fotos.

Grullas en formación en uve (Grus grus).
Acto seguido y toda prisa, me subí a la loma de una montaña y comencé a seguir su rastro con los prismáticos.
Esta bandada comenzó a doblar hacia el Oeste y se perdió a la altura del Pico Almenara en dirección a Robledo de Chavela.
Acto seguido pude ver otro bando qué desde el Cerro de los Angeles, giró en dirección sur a la altura de Torrejón de Velasco.
Desde el Cerro del Tío Pío se pueden ver las dos direcciones qué toman las grullas en su camino al Sur de la Península.
Un grupo sigue la alineación montañosa de la Sierra del Guadarrama y desde el Alto del Mirlo, primer pico de la Sierra de Gredos acceden al Valle del Tiétar para continuar a tierras extremeñas con sus cuarteles en Monfragüe, los llanos de Trujillo, Sierra de San Pedro o Villuercas.
Otro grupo bajan por la zona Sureste de Madrid, y por la zona de Torrejón de Velasco se dirigen a los Montes de Toledo para invernar en Cabañeros, Valle de Alcudia, o los Pedroches en Córdoba.
El bando más curioso qué ví fue uno qué pasó justo por encima del Pirulí y qué también tomó rumbo en dirección al Oeste.
Tras un paréntesis donde no se volvió a ver ningún bando, un grupo de cuatro cigüeñas blancas se dejó ver volar en la cercana Colonia de Fontarrón. Estas cigüeñas blancas seguramente procedieran de la cercana colonia de Villa de Vallecas, qué a su vez venían del vertedero de Valdemingómez.

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia).
El sol ya estaba poniéndose y ya con la falta de luz no volví a ver más bandos de grullas. Era el momento para las gaviotas reidoras.
Primero aparecieron cuatro ejemplares aislados. Pero poco después aparecieron una auténtica explosión de ejemplares. Grandes bandos en forma de uve se iban repitiendo.

Gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus).
Era una gozada ver la puesta de sol y seguir con los prismáticos su vuelo en dirección al embalse de Santillana. Así estuve unos cuantos minutos hasta qué el sol se puso definitivamente no si antes disfrutar de las mejores puestas de sol de todo Madrid.

Atardecer en el Alto del Mirlo, estribaciones de la Sierra de Gredos.
¡A qué estáis esperando para disfrutar de gozar de una magnífica puesta de sol en este lugar tan interesante. Y si es contemplando del paso de las grullas os llevareis un recuerdo imborrable!
¡Felices avistamientos!.
© Rafita Almenilla.
Para finalizar adjunto lista de aves avistadas en la ruta.

FAUNA DEL PARQUE DEL CERRO DEL TÍO PÍO

AVES

Cernícalo vulgar
Colirrojo tizón
Cotorra gris
Estornino negro
Estornino pinto
Gaviota reidora
Gorrión común
Gorrión molinero
Grulla
Herrerillo común
Lavandera blanca
Mirlo común
Mosquitero musical
Paloma torcaz
Petirrojo
Urraca
Verdecillo


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