lunes, 11 de mayo de 2015

RUTA POR ARGANDA DEL REY. EL CARRASCAL DE ARGANDA.

RUTA POR ARGANDA DEL REY. EL CARRASCAL DE ARGANDA.
Carrascal de Arganda del Rey. Los últimos bosques del Parque Regional del Sureste.
Si hay un aspecto qué llama la atención del Parque Regional del Sureste es su ausencia de grandes masas forestales, a excepción de las grandes repoblaciones con pino carrasco qué se hicieron en los años 60 y 70 del siglo pasado. Excepción hecha también, a los bosques de galería qué aguantan los envites de la agricultura, en los márgenes de los ríos del parque, como los bosques ribereños del Manzanares, Jarama, o Henares.
La vegetación clímax era el típico encinar manchego. Grandes formaciones de encinas, coscojas, con sotobosque de matorrales como retamas de bolas, espartos, romero, tomillo, etc. Hoy apenas quedan restos de estos bosques primigenios, debido a las continuas talas, roturaciones, sobre-pastoreo, y el qué nos encontremos en una zona de suelos muy pobres de yesos y margas, con los índices pluviométricos más bajos de toda la Comunidad de Madrid.
Ejemplos de estos últimos reductos de encinares manchegos los podemos encontrar en el Cerro del Butarrón en San Martín de la Vega o en la Dehesa del Carrascal de Arganda del Rey.

(Carrascal de Arganda del Rey, una de las últimas muestras de encinar manchego de la zona Sureste de la Comunidad de Madrid.)
Arganda del Rey se encuentra a 30 kilómetros de Madrid capital. Cuenta actualmente con una población aproximada de 55.000 habitantes.
Es un gran polo industrial, con actividad diversificada como industrias del metal, química, madera, artes gráficas o productos alimenticios.
En su economía el sector primario aún tienen una relativa importancia derivada de existencia en su territorio de numerosas fincas dedicadas al cultivo del olivo, la vid, y el regadío. Reconocida por la calidad de sus vinos, poseen denominación de origen “Vinos de Madrid”.
El mosaico de ecosistemas qué podemos encontrar en todo el municipio se compone fundamentalmente de viñedos, olivares, humedales, y reductos de monte mediterráneo.
Parte del municipio se encuentra protegido bajo la figura del Parque Regional del Sureste, y sus 3 zonas naturales más destacadas son las siguientes:
-Laguna de las Madres. Situadas en la carretera a Chinchón y muy cercanas a las mejores lagunas del Parque Regional del Sureste, las lagunas del Porcal.
Consiste en una antigua gravera restaurada, qué posee una zona de ocio, con un embarcadero, y un restaurante. Se puede montar en barca, pasear o hacer rutas a caballo.
En este espacio natural podemos observar entre otras especies de aves, martín pescador, cormorán grande, garza real, garcilla bueyera, o somormujo lavanco.
-Laguna de la Esperilla. Muy cercana a la laguna de las Madres. A pesar de ser Reserva Natural actualmente se encuentran muy degradadas, hasta el punto de haber sacado de su interior hasta 4 coches abandonados. Urge una importante restauración de la laguna y su entorno, debido a su importante potencial natural.
-Dehesa Carrascal de Arganda.
Posee unas 131 hectáreas de extensión. Esta localizada sobre un sustrato de suelos calizos, margosos y de yesos, con alguna intrusión de rocas cuarcíticas.
Posee la figura de protección de Zona B o Reserva Integral, dentro del Parque Regional del Sureste, una de las mayores categorías de conservación.
Es una de las pocas muestras de encinar manchego qué quedan en la zona Sureste de la Comunidad de Madrid. Su vegetación clímax era un extenso encinar compartido por otras especies como coscojas, tomillos, romeros, y espartos. A esto hay qué añadir grandes extensiones de pino carrasco, procedentes de antiguas repoblaciones realizadas en los años 50 y 60 del siglo pasado.

(El esparto es un arbusto acostumbrado a vivir en suelos pobres y de escasas precipitaciones. Se realizan repoblaciones para fijar el suelo y evitar la erosión.)
 En cuanto a fauna cabe destacar la presencia de mamíferos como conejos, tejones, ardillas comunes, zorros, ginetas y jabalíes.
Para los aficionados pajareros destacaremos la existencia de rapaces como el alcotán, busardo ratonero, águila calzada, mochuelo común o cárabo. A esta riqueza faunística habría qué añadir su gran variedad en lepidópteros, alguno de ellos endémicos y en peligro de extinción.
La ruta propuesta es una ruta circular de unas 3 horas y 30 minutos de duración aproximada por la Dehesa del Carrascal de Arganda. Su dificultad es media, debido a la distancia del recorrido, ya qué bajaremos por algunas vaguadas, y posteriormente subiremos otras tantas pendientes. La ruta se hace por pistas forestales en muy buen estado, muy recomendables para ruta en bicicleta.

(Ruta circular de 3 horas y 30 minutos de dirección aproximada, de dificultad media, por el Carrascal de Arganda del Rey).
Accesos al Carrascal del Arganda del Rey.
-En coche. Coger la A-3 hasta la salida 25. Luego Ronda del Sur, y la Avenida del Instituto. Tomar la carretera M-313 dirección Morata, y en la rotonda del Mirador de Arganda la salida hacia la residencia de ancianos. 29 minutos desde Madrid.

-En autobús línea 312 Conde de Casal-Arganda el Mirador. Bajarse en la última parada, y desde allí andar 15 minutos hasta la residencia de ancianos. 40 minutos desde Madrid.
Línea 312-A Conde de Casal-Arganda el Mirador por la Poveda. Lo mismo qué la anterior.
-En metro. Línea 9. Paco de Lucía-Arganda del Rey. Posteriormente desde la estación de metro hasta la residencia de ancianos tenemos 40 minutos andando.
-En bici. Cerca del Hospital del Sureste pasa la Vía Verde del Tajuña. Seguirla hasta encontrar alguna pista forestal qué rodea la dehesa. También podemos ir en bici desde la estación de metro de Arganda.
Este es el relato de una ruta qué realicé a finales de Abril de 2015 en primavera.
El autobús procedente de Conde de Casal me dejó en la rotonda del Mirador de Arganda, en la carretera a Morata de Tajuña. Desde allí di un pequeño paseo hasta la entrada de la residencia de ancianos. Siempre entraba por una pista de tierra, entre viñedos, qué salía de la cercana rotonda anterior a la residencia. Esta vez decidí entrar por una pista forestal qué estaba justo a la entrada de la residencia, para hacer qué la ruta fuese circular. Antes de llegar a esta pista, un cartel ya me indicaba qué me encontraba en este espacio protegido.

(Entrada a la Dehesa del Carrascal de Arganda del Rey.)
Tras el cartel, se mostraba con todo su esplendor esta magnífica dehesa, y comencé a anotar las primeras especies de la lista, paloma torcaz, y urraca. Las golondrinas comunes a aquella hora de la tarde, aún se mostraban muy activas, a pesar del calor reinante. Tras varios minutos subiendo una pendiente un poco pronunciada, llegué a la entrada de la residencia, y a mi izquierda había una formación muy cerrada de pino carrasco. Allí decidir hacer un alto en el camino y comenzar a observar con los prismáticos. El canto de varios paseriformes se mezclaba en el ambiente, y poco a poco comenzaron a hacer acto de presencia. Y en aquel momento llegó la primera sorpresa de la jornada, un juguetón herrerillo capuchino, qué muy revoltoso, no se dejó fotografiar. Tras él, le acompañaban un buen grupo de verdecillos, y una pareja de verderones comunes.
Poco después atravesé la cancela de la pista forestal, y comencé a rodear el imponente edificio de la residencia. Las cornisas del edificio, eran aprovechadas por multitud de aviones comunes y vencejos comunes para hacer sus nidos.
Posteriormente llegué a una especie de mirador donde se podían contemplar magníficas vistas de todo el carrascal, distinguiendo las zonas de encinar, con las de repoblación de pino carrasco. Tras estas, en la línea del horizonte, la mega-construcción de la cementera de Morata de Tajuña, qué se puede observar desde muchos puntos de la Comunidad de Madrid. 

(Dehesa del Carrascal de Arganda del Rey, desde el mirador de la residencia de ancianos.)
A la izquierda de la pista, en una zona de matorral muy cerrado, se comenzaron a oír las primeras currucas, y con mucha paciencia puede identificar con los prismáticos una curruca cabecinegra.
El camino acaba en una zona de chalets, donde se unía a una gran pista forestal, así qué decidí tomar el camino de la derecha qué descendía a una zona de valle.
Tuve tentaciones de meterme por las pequeñas veredas qué se adentraban en lo más enmarañado del carrascal, para así ver más especies de aves, pero preferí seguir la pista grande para no perderme. Desde lo alto de la pista, vi un grupo de de mitos qué subían y bajaban con parsimonia por la zona de los arbustos.
Instantes después, llegué a una valla metálica con un pequeño parque infantil en su interior, y un cartel me indicaba qué era el área Recreativa del Carrascal.
Al asomarme a la valla, no me dí cuenta de qué justo en un pino cercano una ardilla común llevaba tiempo observándome, y cuando me acerqué salió escopetada para subirse en un gran pino piñonero. En unos cercanos bancos de madera había otra, y la del pino comenzó a chillar a modo de alarma, alertando a la otra de mi presencia.

(Ardilla común, sciurus vulgaris.)
Seguí descendiendo por el valle y comencé a oír el canto de las abubillas, y poco después, apareció una, qué fue a ocultarse a una zona de viñedos cercana.
A la izquierda del camino se abría una amplia zona de olivares y viñedos, y a lo lejos pude ver como planeaba una gran rapaz. Cuando la localicé con los prismáticos comprobé qué se trataba de un busardo ratonero.
El paseo era agradable, con cierto fresquito y comenzó a nublarse un poco. Entre las nubes apareció rauda y veloz una rapaz. Al principio por la forma de volar pensé qué se trataba de un halcón peregrino. Pero cuando pude coger los prismáticos y al ver ese pose de alas muy cerradas en forma de vencejo, me dí cuenta qué se trataba de un alcotán europeo.
Después de esta sorpresa, y con una sonrisa de oreja a oreja por el avistamiento, continué descendiendo por la pista. En los taludes qué rodeaban la misma, se comenzaban a ver los nidos de los abejarucos, y conejeras, pero ni rastro de ambas especies. A lo lejos se oían el canto de los abejarucos, pero entre la gran masa de pinos, no se podía ver ningún ejemplar.
Unos metros más adelante un cartel me indicaba el camino hacia la finca del Colmenar, así qué tenía qué coger el camino de la derecha si no quería perderme.
Sobre la valla metálica de la finca, había un simpático verdecillo, y mientras intentaba fotografiarle, justo de un almendro cercano, voló asustado un alcaudón común. 
Los primeros conejos comenzaron a hacer acto de presencia en el claro del pinar qué se extendía al otro lado de la valla metálica, y al verme, empezaron a corretear sin cesar hasta qué llegaron a una zona de viñedos. Tras ellos dos intrépidas perdices rojas huyeron cuando me vieron.
En una bifurcación tenía dudas de qué camino tenía qué tomar, pero el ruido del tráfico de la cercana autovía de Valencia me sacó de dudas.
Minutos después llegué al área recreativa de la Fuente del Valle. Una zona muy agradable con fuentes y bancos de madera, rodeada de vegetación de ribera.

(Área recreativa de la Fuente del Valle.)
Allí junto a una fuente, había una zona encharcada y era aprovechada por las golondrinas comunes para coger barro, para hacer sus nidos. Entre ellas pude distinguir una golondrina daúrica, qué con mucha paciencia, pude fotografiar.

(Golondrina dáurica, cecropis daurica.)
La zona era ideal para la oropéndola. Un pequeño valle surcado por el Arroyo del Valle, flanqueado por olmos, chopos, sauces, álamos, con adelfas y zarzas.
Y poco tardé en oír a esta bellísima ave. Al momento apareció una figura amarilla qué se escondió en lo más profundo de un zarzal. No había, se trataba de la oropéndola.
En el cercano chopo donde está posada la oropéndola, ascendía por el tronco, a modo de saltitos, un escurridizo agateador común.
El valle no podía ser más idílico. Un magnífico bosque de ribera,  donde se estaba muy fresquito, rodeada de mucha vegetación, donde abundaban los pequeños paseriformes como jilgueros, verdecillos, verderones, o pinzones vulgares. Una pena qué el ruido del tráfico rodado de la autovía le quitase algo de encanto.
Antes de cruzar un túnel bajo la autovía se me posó a pocos metros, un juvenil de pinzón vulgar.

(Pinzón vulgar, fringilla coelebs.)
En la margen izquierda del arroyo se extendía una zona de olivares y viñedos y por fin pude ver un ejemplar de abejaruco europeo.
Tras cruzar el túnel acabé por una pista qué coincidía en algunos tramos con una carretera abandonada. Esta cruzaba un bonito puente de piedra y me asomé al arroyo, y al verme, una pareja de ánades reales salió volando para perderse en la zona del pinar.
Comenzó a chispear un poco, cosa qué agradecí porque el ambiente se volvió menos caluroso. Llegué a una zona muy abierta de barbecho, con zonas de olivar y viñedo.
Tomé una pista qué se adentraba en un gran espartal y qué me volvería a llevar de nuevo a la zona del carrascal. Según iba asciendo por el cerro, la vegetación poco a poco se iba cerrando más, pasando de espartales, a coscojares y pinares. Los pequeños gazapillos se me cruzaban sin cesar por la pista de tierra.
En una zona de coscojar un alcaudón común estaba vigilante sobre una encina, y antes de qué detectase mi presencia, pude sacarle una foto.

(Alcaudón común, lanius senator.)
En una zona mixta de arbustos y viñedo, se apelotonaban una buena nube de pequeños pajarillos. Con paciencia pude comprobar qué se trataban de pardillos comunes.
Ya me quedaban pocos kilómetros para acabar en la rotonda de la carretera a la residencia, aunque antes tenía qué subir una fuerte pendiente por una zona de pinos carrascos. A mi derecha, apareció como un rayo una pequeña rapaz qué se ocultó entre los pinos. Tuve qué esmerarme un buen rato en buscarla entre sus copas, hasta qué me llevé la tercera sorpresa del día. Un elegante mochuelo común qué a lo lejos me observaba con sus penetrantes ojos.

(Mochuelo europeo, athene noctua.)
Esta simpática bolita de plumas ponía el punto y final a una jornada muy interesante por el Carrascal de Arganda.
¡A qué esperáis para calzaros las botas, y preparar vuestros prismáticos y cámara, y disfrutar de este lugar tan interesante!.
¡Felices avistamientos!.
© Rafita Almenilla.
A modo de cierre, adjunto la lista de especies avistadas durante la ruta.
FAUNA DEL CARRASCAL DE ARGANDA


AVES
MAMIFEROS


Abejaruco europeo
Ardilla común
Abubilla
Conejo
Agateador común

Alcaudón común

Alcotán europeo

Ánade real

Avión común

Busardo ratonero

Curruca cabecinegra

Golondrina común

Golondrina dáurica

Herrerillo capuchino

Mito

Mochuelo común

Oropéndola europea

Paloma torcaz

Pardillo común

Perdiz roja

Urraca

Vencejo común

Verdecillo

Verderón común



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