jueves, 26 de mayo de 2016

RUTA POR BATRES

RUTA POR BATRES
RUTA POR EL MONTE DE BATRES

Monte de Batres. La casa del águila imperial.
La Comunidad de Madrid cuenta con el privilegio de ser uno de los últimos refugios de una de nuestras joyas faunísticas, el águila imperial ibérica. Una majestuosa ave de presa, reina de los ecosistemas mediterráneos y qué entre la década de los 60 y 70 rozó la línea de la extinción.

(Águila imperial ibérica, aquila adalberti, en el Monte de Batres).

A partir de este punto de inflexión, gracias al magnífico esfuerzo de unos pocos iluminados conservacionistas, luchando contra la mentalidad de la época en donde todo depredador era considerado como alimaña a erradicar, nuestra querida rapaz poco a poco comenzó a remontar el vuelo. Desde  aquella oscura época, hasta nuestro días, ha tenido qué esquivar numerosas amenazadas qué han podido dar al traste con sus programas de conservación. A la caza sistemática qué se la sometió, le siguió el uso de veneno, los tendidos eléctricos, el expolio de nidos, y las epidemias de mixomatosis y neumonía vírica hemorrágica qué diezmaron las poblaciones de conejos, presa clave en la alimentación de nuestra águila.
Actualmente la Península Ibérica cuenta con 400 parejas aproximadamente y si las medidas de conservación no se relajan, nuestra joya alada va camino de cambiar de estatus de protección de especie en peligro de extinción a vulnerable.
La Comunidad de Madrid cuenta con la esperanzadora cifra de 55 parejas, lo que supone el 12% de la población mundial. Las zonas donde se distribuye son las siguientes: ZEPA Alto Valle del Lozoya, ZEPA del Monte del Pardo y Soto de Viñuelas, ZEPA Encinares del Alberche y río Cofio, ZEPA Llanuras cerealistas del Jarama y Henares y Parque Regional del Guadarrama.
Dentro del Parque Regional del Guadarrama podemos encontrar entre 3-4 parejas. Este espacio protegido es un importante corredor ecológico qué de Norte a Sur, une los espacios naturales de la Sierra del Guadarrama, el Valle del Tajo y las estribaciones de los Montes de Toledo, lugares donde habita o se la puede ver en dispersión.
En el Parque Regional del Guadarrama cabe destacar la zona protegida del Monte de Batres. Un pintoresco monte-isla de 500 hectáreas, qué resalta sobre el cauce del Guadarrama. Una gran mancha de monte mediterráneo compuesto fundamentalmente por encinas, retamas y otras especies mediterráneas, y qué cuenta con la máxima figura de protección. Todo el monte es privado, compuesto por numerosas fincas. En él también encontramos una curiosidad geológica, como es la impresionante cárcava del Arenal, qué hará las delicias de los apasionados de esta ciencia. También cuenta con un bosque de ribera en buen estado de conservación, situado en la margen izquierda del río Guadarrama.

(Vía pecuaria en el Monte de Batres).

La ruta propuesta es una ruta circular con salida y fin en la Calle del Águila en la carretera M-404. La duración aproximada es de 2 horas y 30 minutos, y es de dificultad media. Aunque tenemos una pequeña pendiente hasta la subida a la cima del monte, luego el camino es todo bajada hasta el río Guadarrama.
Accesos al Monte de Batres.

(Ruta circular por el Monte de Batres de 2 horas y 30 minutos de duración, de dificultad media).

-En coche. Coger la A-42 Madrid-Toledo hasta la salida 27. Desde Torrejón de la Calzada tomar la M-404, y pasada una rotonda cuando estemos en Batres, al cruzar un puente sobre un arroyo, nos encontraremos una pista forestal señalizada a la entrada del monte. 40 minutos desde Madrid.
-En autobús. Línea 460. Madrid-Parla-Batres. Desde el intercambiador de Plaza Elíptica. 1 hora aproximada desde Madrid. Luego desde el pueblo tendremos qué andar por una pista qué bordea el Arroyo del Sotillo para llegar a la entrada del monte. Desde el pueblo a la subida al monte hay unos 40 minutos andando.
-En bicicleta. Desde la estación de Móstoles el Soto, se puede tomar parte de la Vía Verde del Guadarrama, y una vez llegado al río, seguir un camino en sentido sur hasta el monte.
Este es el relato de una excursión qué realicé con mi compañero Alberto en el pasado mes de Marzo. Agradecer su inestimable ayuda en esta ruta, así como su colaboración con algunas fotos qué ilustran esta entrada del blog.
Era una tarde de finales del mes de Febrero. El día estaba despejado, pero corría algo de viento. Ya se comenzaba a respirar por doquier la cercana primavera. La pista qué nos llevaría a la cima del cerro estaba señalizada con carteles del Parque Regional del Guadarrama, y mojones con las rutas qué se podían hacer en él. Después de equiparnos con los prismáticos y las cámaras de fotos comenzamos la subida al monte.
La dehesa lucía en todo su esplendor. Las jaras comenzaban a sacar su flor, y los cantuesos y el romero, expulsaban su típico y agradable perfume.
Alberto me dio indicaciones sobre rapaces qué comenzaban a levantar el vuelo. Allí en lo alto aparecieron los primeros busardos ratoneros. Al momento, detrás de estos, apareció la silueta inconfundible de un milano real. De los últimos del invierno, qué en breve darían paso a sus parientes los milanos negros.
Comenzamos a oír el característico reclamo del herrerillo capuchino, pero la dehesa era tan densa, qué no se dejaron ver.
En mitad del camino, aprovechando los charcos de las últimas lluvias, comenzaron a bajar varios pinzones vulgares y verdecillos a beber.
En el fondo de un pequeño valle, había unas explotaciones ganaderas. En el tejado de una casa de labor se  arremolinaban estorninos negros, gorriones comunes y algún gorrión molinero.

(Estornino negro, sturnus unicolor).

Tras un paseo muy ameno, llegamos al vistoso mirador de las Cárcavas del Arenal. Es un gran barranco en unos de los flancos del monte, donde la erosión hídrica ha ido excavando una gran grieta, y allí donde no hay vegetación la acción erosiva se muestra con toda su grandiosidad.
Las vistas desde su alto son sencillamente bucólicas. Por el Sur las estribaciones de los Montes de Toledo, y al Oeste el río Guadarrama, el Alto del Mirlo (las primeras estribaciones de Gredos), el Pico Almenara (el último pico de la Sierra del Guadarrama) y el pueblo de Navalcarnero.

(Cárcavas del Arenal).

A modo de foto aérea se puede intuir fácilmente por donde discurre el río Guadarrama, flanqueado por un inconfundible bosque de ribera.
Y desde lo alto de las cárcavas con los prismáticos, mirando al río Guadarrama llegó la sorpresa del día.
Le estaba comentado a Alberto qué era muy extraño qué con todo lo que había salido el año pasado a “pajarear” no hubiese visto ningún águila imperial, y en ese momento Alberto dirigió su mirada a un gran sauce del río Guadarrama, cuando dijo sorprendido: “mira Rafa estoy viendo un gran águila”. Cogí rápidamente los prismáticos y cuando le vi las hombreras grité con enorme sorpresa: “espera, espera, ¡es un águila imperial!.
De la emoción, se me enrolló la correa de los prismáticos con la cámara, y mientras deshacía el desaguisado, Alberto volvió a decir: ‘tío qué está haciendo la cópula!. ¡Arggggggggggg!, dije para mis adentros. Me estaba perdiendo el cortejo de ave favorita, y no me dio tiempo a hacerlas una foto.
Las pareja estaba apareándose en un gran sauce, y allí en la misma copa estaban posadas sin prestar mucha atención una nutrida bandada de palomas torcaces y urracas, sus potenciales presas.
Cuando acabaron el cortejo, una de ellas comenzó a planear por encima de nuestras cabezas, de manera majestuosa. Le faltaba una de las secundarias, pero no le quitaba un ápice a la belleza de un ave tan formidable.

(Águila imperial ibérica, aquila adalberti).

Después de deleitarnos con el vuelo de esta señorial rapaz el tocó el turno a otra de menor envergadura, pero igual de interesante. A modo de flecha, surgió rauda y veloz de entre unas encinas para perderse en un pequeño valle. A Alberto le dio el tiempo justo para hacerla una foto y comprobar qué era un gavilán común.

(Gavilán común, accipiter nisus).

Casi en la cima del cerro había un chalet abandonado qué era la típica edificación qué era un auténtico foco de atracción para rapaces como mochuelos y lechuza comunes, y mamíferos como martas o murciélagos.
Por su deteriorado tejado comenzaron a aparecer las primeras golondrinas comunes qué ya nos anunciaban qué el fin del invierno estaba más cerca.
En la base del cerro el camino qué llevábamos se bifurcaban en 3 nuevos. Ya se comenzaban a ver los primeros chalets de la urbanización Cotorredondo, pertenecientes al término municipal de Arroyomolinos.
En un tendido eléctrico comenzamos a oír el típico canto de la alondra totovía, y al poco tiempo la pudimos observar columpiándose sobre el cable. En seguida, le tomó testigo un hermoso ejemplar de cernícalo vulgar atento a la aparición de su próxima presa.
Antes de comenzar el camino de descenso hacia el río Guadarrama, Alberto sacó su aplicación de geo-caching, y junto a una gran piedra en el tronco de una encina encontró un caché, en el que dejamos nuestra firma, a modo de testigo de nuestra ruta.

(Caché en el Monte de Batres).

El camino de bajada hacia el río se hizo de lo más ameno, contándome Alberto sus peripecias en sus jornadas de escalada, así como sus avistamientos de rastros de lobos  por la provincia de Ávila, mi próximo gran reto.
Pocas novedades en especies. Resaltar la gran abundancia de palomas torcaces qué se refugiaban en la zona más densa del encinar.

(Paloma torcaz, columba palumbus).

Sobre la línea de vegetación de ribera volaba planeando una silueta negra. Pensé que era otra rapaz, pero al momento Alberto la descartó y con mejor luz salí de dudas, viendo qué se trataba de un cormorán grande.
Llegamos al camino qué flanqueaba el río Guadarrama. Allí comenzamos a oír el popular sonido del pito real, pero no pudimos verlo.
A lo largo del camino había grandes balsas de agua, resultado de las últimas lluvias. Un poco más adelante, pudimos ver las típicas “bañas de jabalíes”, donde estos grandes suidos se dan importantes baños para desparasitarse.
Alberto vio un zorzal charlo entre la espesura del bosque de ribera. Me tuvo qué ayudar mucho con los prismáticos, para qué lo pudiese ver.
Antes de cruzar la última cancela qué nos llevaría a la carretera, y después al coche anoté un inquieto petirrojo europeo qué se dejó ver de manera fugaz.
Antes de subirnos al coche 5 ejemplares de busardos ratoneros planeaban sobre el Arroyo del Sotillo a ver si llevaban algo al pico, y cerraban esta jornada tan interesante.
¡A qué esperáis para calzaros las botas y descubrir este espacio tan seductor!
¡Felices avistamientos!
© Rafa Al
Acabo el relato añadiendo las especies vistas a lo largo de la ruta.

FAUNA DEL MONTE DE BATRES
AVES
Águila imperial ibérica
Alondra totovía
Busardo ratonero
Cernícalo vulgar
Cormorán grande
Estornino negro
Gavilán común
Golondrina común
Gorrión común
Gorrión molinero
Milano real
Paloma torcaz
Petirrojo europeo
Pinzón vulgar
Serín verdecillo
Urraca
Zorzal charlo

2 comentarios:

  1. Buena descripción de vuestro encuentro con la "imperial".
    Y no parece zona para haber visto cinco rapaces, nada menos. Ahora quizá sea un poco tarde, con los calores que están empezando.
    Por cierto, ¿que es un cache?
    Un saludo, amigo

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  2. Hola Paco. Es una zona muy buena para rapaces y aves forestales. Mejor visitarla en Primavera, Otoño e Invierno. Un caché es una caja qué deja la gente con objetos y marca las coordenadas de gps para qué lo encuentre otra persona. Suelen meter pequeños objetos, para qué te lleves uno, y dejes tú otro, y firmes en un papel como qué lo has encontrado. Hay miles de cachés repartidos por toda España e incluso en el mundo. Es una aficción el encontrar estos objetos qué se llama geocaching. Un saludo.

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