martes, 6 de marzo de 2018

RUTA POR NUEVO BAZTÁN Y OLMEDA DE LAS FUENTES


Senda de Valmores. La Alcarria Madrileña., la comarca olvidada.

Si hiciésemos una encuesta a las madrileñas y madrileños, y turistas que visitan nuestra Comunidad, sobre su paisaje favorito de nuestra región, sin duda ganaría por abrumadora mayoría la Sierra del Guadarrama, con sus idílicas cumbres nevadas, y sus vistosos pinares que jalonan las faldas de sus cumbres.
Una de las comarcas madrileñas más desconocidas para el público en general, dentro y fuera de nuestra provincia es la Alcarria Madrileña.
Su equivocado estereotipo de lugar seco e inhóspito contrasta con su rica y variada lista de ecosistemas naturales: páramos calizos, ríos, bosques de ribera, bosque de pino carrasco, olmedas, quejigares, monte mediterráneo, humedales, o estepas cerealistas.
La histórica comarca de la Alcarria comprende las provincias de Guadalajara, Cuenca y Madrid. En nuestra Comunidad se circunscribe entre las cuenca de los ríos Henares y Tajuña.
A la belleza de sus paisajes cabe añadir su rico patrimonio histórico-artístico, con bellos pueblos qué aún mantienen la arquitectura tradicional castellana de los siglos XV y XVIII. Pueblos que merecen una sosegada visita son Campo Real, Tielmes, Olmeda de las Fuentes, Orusco, o Villar del Olmo.
En nuestras visitas culturales no está de más descubrir su rica cultura gastronómica. Pueblos en los que aún la actividad ganadera y agrícola cuenca con importancia en su economía, podremos degustar productos típicos de la zona como el aceite de Morata de Tajuña, el afamado queso de Campo Real, o los vinos de denominación de origen de Arganda del Rey.
Consumiendo estos productos locales, contribuimos con la economía local, y fomentamos la protección de paisajes agropecuarios tan importantes para las aves como son los olivares o las estepas cerealistas.
Para el amante de la ornitología, esta comarca es una zona magnífica para contemplar algunas de las especies más amenazadas de la avifauna ibérica y europea.
Se encuentra limitada por la ZEPA “Estepas cerealistas del Jamara y Henares”, el Parque Regional del Sureste, y la IBA (Área de importancia para las aves) “Alcarria de Alcalá”.
En la zona de páramo de calizas y margas, así como en los cantiles yesíferos encontraremos especies tan interesantes como halcón peregrino, búho real, águila perdicera, chova piquirroja, collalba negra o mochuelo europeo.
Los bosques de ribera y humedales son el hogar de especies emblemáticas como garza imperial, calamón, o martinete común.
Los bosques de pinos de repoblación y monte mediterráneo son el hogar de rapaces como el azor, gavilán, o el águila calzada.
Pero sin duda, el ecosistema más importante desde el punto de vista ornitológico de la comarca es sin duda la estepa cerealista.
En ellas encontramos la mayor población de sisón común que hay en toda la provincia. A esta especie tan escasa la acompañan otras tan atrayentes como la avutarda, aguilucho cenizo, aguilucho pálido, lechuza campestre, alcaraván común, cogujada montesina, o collalba gris.
Uno de los pueblos  más atractivos de la Alcarria Madrileña es Nuevo Baztán. Situado a 45 kilómetros de la capital fue fundado por el polifacético Juan de Goyeneche, que oriundo de Navarra, dejó impronta en el nombre del pueblo. Creó en el pueblo un pequeño centro industrial de vidrio y paños, aprovechando las calizas de los paisajes circundantes y encargó al arquitecto José Benito Churriguera la urbanización del municipio.

(Palacio de Goyeneche del siglo XVIII y estilo barroco en el municipio de Nuevo Baztán).

De su magnífico casco urbano destaca el Palacio de Juan de Goyeneche, y la iglesia dedicada al santo Francisco Javier, ambos considerados Bien de Interés Cultural. En el resto del pueblo destacan las bonitas viviendas de los trabajadores del campo del siglo XVIII, así como el Museo Etnográfico de la Comunidad de Madrid, al qué es muy recomendable una visita para conocer la historia del pueblo.
El resto de valores artísticos y etnográficos se contemplan con restos de fábricas de tinte, El Paredón de San Blás, y el despoblado de Valmores, con los restos de la iglesia de homónimo nombre. Cuenta la leyenda que aquel poblado estaba maldito y los vecinos lo abandonaron fundando el vecino pueblo de Olmeda de las Fuentes.
En cuanto a los valores naturales destacan el Valle del Arroyo de la Vega, los Arroyos de Reguerón  y Barranco de Valdeñigo, uno de los mejores quejigares de la Comunidad de Madrid, encinares, y zonas de cultivo.
Dentro del casco urbano encontramos un espectacular ejemplar de olmo de 16 metros de altura. Declarado árbol más emblemático de España por la ONG Bosques Sin Fronteras, e incluido en el Catálogo de Árboles Singulares de la Comunidad de Madrid.
Desde el Mirador del Balconcillo tendremos unas magníficas vistas de todo el Valle del Arroyo de la Vega.
La ruta propuesta es una ruta circular de dificultad media, ya qué hay que salvar una buena pendiente, de 3 horas y 30 minutos de duración. La ruta se puede acortar, si no visitamos los restos de la Iglesia de Valmores.

(Ruta circular de 3 horas y 30 munituos de duración y de dificultad media, por Nuevo Baztán y Olmeda de las Fuentes).

Accesos a Nuevo Baztán:
-En coche. A-3 salida 22. Luego coger la M-300, después la M-209, la M-220 y finalmente la M-219. 39 minutos desde Madrid.
-En bicicleta. Coger el metro hasta Arganda del Rey y luego ir por Campo Real y Pozuelo del Rey. Este recorrido transcurre por carretera, así que extremar las precauciones. 1 hora y 30 minutos.
-En autobús. Línea 261. Madrid (Avenida de América) - Villar del Olmo. 1 hora y 10 minutos desde Madrid.

Recomendaciones para la ruta.
-Evitar el verano, pues hay parte del recorrido qué se hace por zonas de cultivo sin apenas sombra.
-Al bajar al Valle del Arroyo de la Vega extremaremos las precauciones, sobre todo en invierno, ya que hay zonas de umbría, y las escarchas nos pueden jugar una mala pasada. Recomendable llevar botas.
-Para llegar a los restos de la Iglesia de Valmores no hay camino. Se llega a ella por una vereda, que en épocas como primavera puede quedar oculta por el crecimiento de la vegetación. Extremar las precauciones en esta zona.
-Llevar agua, ya qué no hay ninguna fuente cuando abandonemos el pueblo.
-A lo largo de la ruta hay carteles indicativos, aunque hay zonas donde no tendremos referencia. Mejor descargarse la ruta en el móvil o ir con mapa.

(Baliza informativa de la ruta de la Senda de Valmores en Nuevo Baztán).

Este es el relato de una ruta qué realicé en Otoño del año pasado.
Mediados de Noviembre del año pasado. Nuevo Baztán me recibió con una mañana gélida, con escarcha por las aceras de sus calles. Seguíamos con la preocupante tónica general de otoño muy seco. Cielo sin nubes, sin atisbo de una triste nube, qué rompiera esa monotonía.
Había llegado muy temprano al pueblo, y apenas se veía nada. Quedaba poco para que la luz de alba hiciera acto de presencia, así que aproveché para admirar el fastuoso Palacio de Goyeneche, toda una obra arquitectónica para deleitarse.
Poco a poco el bar de la plaza del pueblo iba llenándose de madrugadoras trabajadoras y trabajadores, alguna de ellas y ellos, listas y listos para empezar las labores agrícolas.
Mientras esperaba a que los primeros rayos del sol iluminaran el paisaje circundante, aproveché para echar un ojo a las casas típicas de pueblo del siglo XVIII habitadas por gente que se dedicaba a la agricultura y ganadería. En una de ellas vivía mi amiga Marijose, que actualmente vive en mi pueblo, en Badajoz. En el tejado de una de estas casas labriegas, anoté la primera especie de la mañana, una urraca.

(Urraca, pica pica).

Cogí un pequeño tramo de la carretera que va a Valverde de Alcalá, para poco después tomar una pista que partía a su derecha y que con un cartel informativo, marcaba el inicio de la ruta de la Senda de los Valmores.

(Cartel informativo en el inicio de la Senda de Valmores).

La mañana era tan fría, qué las aves aún se mostraban muy perezosas, esperando a que el sol, calentará aún más.
Según iba dejando las últimas casas del pueblo me adentraba en un encinar, con encinas de gran porte. En las copas de las encinas comenzaban a desperezarse los primeros verdecillos y palomas torcaces.

(Serín verdecillo, serinus serinus).

Más adelante, en un barbecho, y haciéndose pequeñas bolas, para no tiritar de frío, había varios pinzones vulgares, picoteando en el suelo, lo que podían echarse al pico.
El camino iba descendiendo poco a poco por una zona de campos de cultivos, salpicados de encinas. Según iba ascendiendo el sol, los tonos anaranjados de las zonas de cereal junto con las encinas, le daban un colorido muy vistoso, digno de ser fotografiado.
Comencé a rastrear las lomas de estas zonas de cultivo, lugar ideal para los corzos, y en lo alto de una copa de una encina, se hayaba posado un arrendajo euroasiático con una bellota en el pico, recordándome qué estaba ave es clave para el crecimiento de los bosques, al enterrar las bellotas de las encinas y alcornoques y otras quercíneas, en el suelo.
Tras dejar el bosque de encinas, el paisaje cambió radicalmente, pasando a una importante formación de pino carrasco de repoblación, con sotobosque de arbustos. 

(Bosque de repoblación de pino carrasco en la Senda de Valmores).

Entre los pinos, discurría el Arroyo del Reguerón, con más pena que gloria, pues apenas era un hilo de agua.
En lo más alto de las ramas de los pinos, había movimiento de pequeños pajarillos, y tras muchos minutos de paciencia, puede observar con los prismáticos un par de juguetones mosquiteros comunes.
Tras un buen rato recreándome en aquel atractivo pinar llegué al borde un barranco, con indicaciones a los Paredones de San Blas, unas ruinas de antiguas fábricas de tintes y vidrios.
Las vistas del Valle del Arroyo de la Vega eran espléndidas. En lo alto de un cerro ya se veían las ruinas de  la Iglesia de Valmores, así que comencé a descender hacia el valle, con mucha precaución, pues había muchas piedras sueltas en la bajada del camino.
Al llegar al fondo del valle la pista mejoraba bastante, con un buen firme, y comencé a coger el camino que subía el escarpe donde de se encontraban las ruinas de la iglesia. Una parte del camino había sido ocupado por el cauce del arroyo, y parecía milagroso, que con la sequía que veníamos padeciendo, bajara con un con caudal tan importante, señal de que aquellas formaciones calizas, eran muy permeables y contaban con un buen manantial.

(Arroyo de la Vega en Nuevo Baztán).

El camino seguía hacia una finca privada pero se desviaba mucho del escarpe donde estaban las ruinas, así que decidí coger una pequeña vereda que comenzaba a subir aquellos imponentes cerros.
Aunque la pendiente era muy pronunciada, audaces encinas de gran porte desafiaban la gravedad y con sus imponentes raíces, sujetaban las lomas de las pendientes.
Entre los arbustos, salió asustado un macho de mirlo común.
Tras una dura ascensión, llegué a lo alto del cerro, donde la vegetación arbustiva estaba muy crecida. Tenía que ir con mucho cuidado, porque con el rocío de la noche, las botas me resbalaban cada dos por tres.
Tras sortear una buena formación de juncos churreros, señal de humedad en el terreno, llegué a las llamativas ruinas de la iglesia de Valmores, único testimonio del despoblado, y qué según contaba las leyendas, sus habitantes lo abandonaron por una maldición qué azotó el pueblo.

(Restos de la Iglesia de Valmores, en Olmeda de las Fuentes).

Aproveché para hacer un pequeño descanso en el camino y volver a disfrutar de las interesantes vistas del valle del Arroyo de la Vega, donde se podía ver perfectamente la división entre las formaciones de pino carrasco y el hermoso quejigar, de los mejores conservados de la Comunidad de Madrid.

(Vistas del Valle del Arroyo de la Vega desde la Iglesia de Valmores).

Comencé el descenso al valle del arroyo, con muchas dificultades, pues me equivoqué dos veces de camino, hasta que pude conseguir dar con la vereda que me volvía a llevar al cauce del arroyo. En arbolillo sin hojas, estaba cantando un macho de verderón común,  aprovechando los rayos del sol para calentarse.

(Verderón común, chloris chloris).

Comencé a caminar por la pista paralela al cauce del arroyo. A mi izquierda había una buena formación de arbustos de ribera, con juncos y espadañas, y mi derecha el magnífico quejigal, que sus colores otoñales, le hacían aún más vistoso.
La zona del arroyo era ideal para rastrear en busca de pequeños pajarillos. Los primeros en hacer su aparición, fueron dos traviesos chochines. Poco después comencé a oír el típico reclamo del cistícola buitrón, que no tardó en hacer acto de presencia.
Entre las ramas de un almendro, se concentraba un pequeño grupo de gorriones molineros y gorriones comunes,  y entre ellos me llevé la sorpresa al ver que les acompañaba un escribano montesino.

(Gorrión común, passer domesticus y escribano montesino, emberiza cia).

Continuando el camino, llegué a otras ruinas, que en este caso se trataban de una antigua fábrica de tinte.

(Ruinas de fábrica de tintes en Nuevo Baztán).

Reanudé el camino, disfrutando del atractivo de los quejigos, y volvía a prestar mi atención a la zona del arroyo. Allí se encontraba posada encima de un arbusto, una hembra de tarabilla europea.

(Tarabilla europea hembra, saxicola rubicola).

Hubo un momento en que estaba desorientado, pues el camino se bifurcaba en dos. Primero opté por coger el que se pegaba a la carretera que iba a Olmeda de las Fuentes, pero tras varios minutos mi intuición me dijo que no iba por buen camino. Hice bien en volver sobre mis pasos, porque al momento encontré una baliza que me indicaba que ese era el camino correcto.
El camino trazaba un brusco giro de 180 grados, y comenzaba a subir una importante pendiente.
Las encinas comenzaban a volver a mezclarse con el quejigar, y entre las ramas de uno de ellos, se dejó ver un macho de carbonero común.

(El quejigar de la Senda de Valmores en Nuevo Baztán, es uno de los mejor conservados de la Comunidad de Madrid).

Las casi 3 horas de recorrido ya comenzaban a hacer mella en mis piernas, y estaba deseoso de llegar de nuevo al pueblo, entre otras cosas porque iba un poco justo para coger el autobús del camino de vuelta a Madrid.
El camino se estrechó tanto que quedó reducido a una diminuta vereda, que rodeaba un pequeño viñedo, a la izquierda de los quejigos.
Tras subir una loma, ya se volvía a ver las imponentes vistas del Palacio de Goyeneche.

(Vistas del Palacio de Goyeneche desde la Senda de Valmores).

Llegué a una explanada donde estaban las primeras casas del pueblo. En el suelo, pude fotografiar a un simpático petirrojo europeo, que apenas se asustaba de mi presencia.

(Petirrojo europeo, erithacus rubecula).

Según iba avanzando por el casco urbano, me iba recreando en los tejados de las casas observando a la fauna alada. En un canalón, se ocultaban una pareja de gorriones comunes.

(Hembra y macho de gorrión común, passer domesticus).

Y en la casa del al lado, en lo alto de una antena de televisión, unos cantarines estorninos negros iban a cerrar la lista de especies de la ruta.

(Estorninos negros, sturnus vulgaris).

Como aún me quedaban algunos minutos antes de que llegase el autobús, y estaba muy cerca de su parada, aproveché para visitar el fastuoso olmo del pueblo, que quién me diría que al año siguiente los olmos de mi pueblo, Cabeza del Buey, iban a ser elegidos árbol de España, y optaban a árbol europeo del año. Faltan 4 semanas para saber el desenlace. A ver si tenemos un poco de suerte.

(Olmo catalogado como árbol singular, en el casco urbano de Nuevo Baztán).

¡A que esperáis para colgares los prismáticos y la cámara de fotos, y ¡disfrutar de esta rincón de Madrid tan atractivo! ¡No os defraudará!
¡Felices avistamientos!
© Rafa Ac.
Termino el relato añadiendo las especies vistas a lo largo de la ruta.
FAUNA DE LA SENDA DE VALMORES
AVES
Urraca
Serín verdecillo
Paloma torcaz
Arrendajo euroasiático
Mosquitero común
Mirlo común
Pinzón vulgar
Verderón común
Chochín común
Cistícola buitrón
Gorrión molinero
Escribano montesino
Tarabilla europea
Carbonero común
Gorrión común
Petirrojo europeo
Estornino negro







2 comentarios:

  1. Como bien dices es una magnífica ruta para otoño pillando el amarillo de los quejidos. La subidita a las ruinas románicas de la ermita se las trae, mas "molesta" de lo que parece. Para otra ocasión te recomiendo hacer una circular hasta Olmeda de las Fuentes por un fantástico camino enlazando desde la bajada de las ruinas. El pueblo de Olmeda, sin duda, el mas fotogénico de la zona y uno de los mas atractivos de Madrid. No es un sitio de rapaces pero casi siempre se ve alguna. No tuviste suerte en eso ese día.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por la recomendación Paco. Esa la tengo pendiente. De rapaces no hubo suerte. Y de especies más bien escaso. Un saludo.

    ResponderEliminar