viernes, 3 de abril de 2015

RUTA POR ARANJUEZ. EL MAR DE ONTÍGOLA.

RUTA POR ARANJUEZ. EL MAR DE ONTÍGOLA.
Mar de Ontígola. Regalo de reyes.
Qué los valores medioambientales de Aranjuez han sido elogiados y disfrutados desde tiempos inmemoriales, es de sobra conocidos por todos.
La Monarquía ya por el lejano siglo XVI, aprovechaba para hacer sus escapadas estivales huyendo de la bulliciosa villa y corte. En el municipio ribereño disfrutaban de agradables paseos por sus suntuosos jardines, navegaban con sus falúas por las aguas del Tajo, y practicaban la caza mayor y menor en sus cercanos bosques y dehesas.
Para los aficionados pajareros, Aranjuez cuenta con varios parajes naturales de obligada visita para disfrutar de una buena jornada ornitológica. De entre ellos los más conocidos son: el Carrizal de Villamejor y el Mar de Ontígola. Otros menos conocidos, pero no así carentes de interés, son el Soto del Lugar, el Soto de Legamarejo, Soto de las Cuevas y la Dehesa de Sotomayor. Especial mención también a los Jardines del Príncipe, de muy fácil acceso por si situación dentro del casco urbano, donde podremos avistar, dando un agradable paseo especies tan interesantes como pico picapinos, picogordo, herrerillo común, zorzales, mitos, petirrojos, autillos, palomas zuritas, grajillas, etc.
El Mar de Ontígola es uno de los espacios naturales más visitados, debido a su fácil acceso, así como por disponer de una torreta de observación, desde donde podremos disfrutar de magníficas vistas de todo el complejo del carrizal.

(Mar de Ontígola, uno de los mejores carrizales del Sur de la Comunidad de Madrid).
Se trata de una laguna artificial, un antiguo embalse del siglo XVI  proyectado por Juan de Herrera, arquitecto del rey Felipe II. Su misión consistía en llevar agua a la creciente población de Aranjuez, así como a las huertas aledañas.
Este inmenso carrizal tiene una longitud de 700 metros de largo por 150 de ancho, con una profundidad media de 5 metros. Sus aguas son salobres debido a la composición geomorfológica de sus suelos compuestos por cerros yesíferos y margosos.
La vegetación del humedal está compuesta por un gran carrizal qué se mezcla con otras especies como eneas y juncos. Los cerros qué lo rodean están colonizados por especies gipsícolas, como ontinas, retamas de bolas, esparto, romero, o tomillo. Los árboles son escasos salvo algunos ejemplares de pino carrasco de repoblación, y de tarays de gran porte, cerca de la orilla de la laguna.

(El taray es un árbol adaptado a vivir en suelos muy salinos. En el Mar de Ontígola hay algunos ejemplares de gran porte).
El humedal es importante para especies en paso, de invernada y para época estival.
Como más interesantes caben destacar: avetorillo, calamón, chorlitejo chico, garza imperial, y una de las mayores colonias de aguilucho lagunero de la Comunidad de Madrid. Hace algunos años se ha llegado avistar flamenco común, procedente de las cercanas lagunas de Villacañas en Toledo.
Otro espacio muy ligado al Mar de Ontígola y qué completa su riqueza natural, es la finca del Regajal. Un gran coscojar, separado por la vía del tren qué va a Ocaña, y qué es una importante reserva de mariposas. Es tal su importancia mundial qué la UICN (Unión internacional para conservación de la naturaleza) le catalogó como uno de los lugares mundiales de más riqueza en lepidópteros. Como muestra decir qué se han llegado a catalogar 303 especies distintas de mariposas, algunas de ellas en peligro de extinción.

(La finca del Regajal, situada muy cerca del Mar de Ontígola, es una gran coscojar, con gran riqueza en lepidópteros, algunos de ellos en grave peligro de extinción).
El Mar de Ontígola fue declarado reserva natural en 1994, y tiene otras figuras de protección como zona ZEPA (Carrizales y Sotos de Aranjuez) y LIC (Vegas, cuestas y páramos del Sureste de Madrid).
A pesar de su protección sobre el papel, el Mar de Ontígola sufre importantes agresiones medioambientales como los trazados de la A-4 y R-4, y el AVE a Valencia, qué producen un importante efecto barrera. Existen vertidos incontrolados, y la depuradora del cercano municipio del Ontígola vierte sus aguas al humedal.
La ruta propuesta es una ruta semicircular. Comienza en la estación de cercanías de Aranjuez, visita al Mar de Ontígola y para terminar en la parada de autobús de regreso a Madrid.
Es de dificultad media si la hacemos andando desde la estación de cercanías, con duración de unas 3 horas.
Si nos acercamos al aparcamiento del Mar de Ontígola en coche, la ruta es de dificultad fácil de unas 2 horas de duración.

(Ruta semicircular de 3 horas de duración por el Mar de Ontígola).
Accesos al Mar de Ontígola.
-En coche. Situado a 50 kilómetros de Madrid. Tomamos la A-4 hasta la salida 37. Continuamos por la M-307 hasta la rotonda del polígono industrial si vamos a acceder por esta entrada. Si vamos a dejar el coche en el aparcamiento del Mar de Ontígola coger la TO-2542 en dirección al pueblo de Ontígola. 44 minutos desde Madrid.
-En cercanías. Línea C-3. 44 minutos. Desde la estación al Mar de Ontígola hay 28 minutos de trayecto pasando por estas calles: Carretera de Toledo-Calle Jacinto Guerrero-Calle Santiago Rusiñol-Calle Abastos-Antigua carretera de Andalucía, hasta la rotonda del polígono industrial.
-En autobús. Línea 423. Estación Sur de Autobuses-Aranjuez. 1 hora desde Madrid.
Después 18 minutos andando desde la parada del autobús. Calle Infantas-Calle del Rey-Camino de las Cruces-Camino del Mar Chico.
-En bicicleta. Aranjuez cuenta con un servicio de alquiler de bicis. www.aranbike.es
Este es el relato de una ruta qué realicé el mes de Enero de 2015.
Después de la caminata desde la estación de cercanías llegué a la entrada del humedal en el polígono industrial. A la entrada hay una señal qué pone “humedal protegido”, y tras cruzarlo chocamos con la realidad de su protección sobre el papel. La entrada está muy descuidada, con mucha maleza y pequeños focos de acumulación de basura.
Tras esta triste imagen, me paré a observar un gran chopo seco para ir anotando las primeras especies. Allí, descansando, se mezclaban estorninos negros, pinzones comunes, y gorriones comunes.
Avanzando por estrecha vereda qué había entre unos grandes arbustos, comencé a barrer con mis prismáticos los cantiles yesíferos, colonizados por una gran masa de esparto.
Allí, volando, a modo de saltitos, un colirrojo tizón buscaba insectos en la espesura.
Según iba caminando, se me cruzaban a toda velocidad conejos, qué iban a refugiarse a la zona del carrizo.
Cambiando la ruta del camino esta vez decidí tomar el camino de la izquierda e ir al aparcamiento de la carretera a Ontígola. Allí ganaría altura y tendría una buena visión del humedal.

(El Mar de Ontígola es un antiguo embalse artificial qué data del siglo XVI).
En una mata cercana de un romero, un inquieto mosquitero común se escondía y salía del interior de sus ramas.
En una explanada, donde había dos grandes pinos carrascos, en sus taludes, se podían ver los agujeros de los nidos de abejarucos, qué serían colonizados cuando llegase la primavera.
Desde lo alto de la loma comencé a ver los primeros ánades reales y fochas comunes.

(Ánade real, anas platyrhynchos).
Comencé a bajar para tomar el camino de la derecha, en dirección a la torreta de observación. Junto a una gran retama qué estaba en la orilla del camino, salió un gran bando de jilgueros asustados por mi presencia. 
Debajo de un gran taray, aprovechando su sombra decidí hacer una espera, teniendo de frente la lámina de agua. Al llegar a las cercanías del árbol, salió volando un mirlo común.
Estuve un rato observando un pequeño grupo de cercetas comunes, haciéndolas una foto, qué ilustra este relato.

(Cerceta común, anas crecca).

Retomé el camino qué pasa junto a la vía del tren. Desde allí, tenía unas magníficas vistas de los coscojares del la finca del Regajal. Por encima de ellos pasó planeando una gran rapaz, qué cuando puede hacerme con los prismáticos, pude comprobar qué trataba de un busardo ratonero.
Desde lo alto de un talud tenía unas magníficas vistas de los cerros yesíferos qué rodean el humedal. Con los colores del atardecer, la vista, si cabe era aún más espectacular.

(Los cerros qué rodean el Mar de Ontígola son de materiales yesíferos y margosos, lo qué hace qué las aguas del humedal sean salobres).
Cuando me fui a pegar un poco más a la orilla del carrizo, un ave salió volando rápidamente, y me llevé un pequeño susto. Instintivamente encendí la cámara, pero ya era demasiado tarde. Por el aspecto parecía un rascón, pero se esfumó tan rápidamente, qué me fue imposible distinguir de qué especie se trataba.
Tras unos minutos de camino ya veía la torreta de observación. Después de subir los escalones de metal, tenía unas magníficas vistas de toda la laguna.
En la otra orilla qué daba a la carretera, había una concentración de varias especies, qué con los prismáticos comencé a identificar. Había cercetas comunes, cucharas europeos, ánades reales, y unos cuantos ejemplares de cormoranes comunes.
Ya se comenzaban a ver planear los primeros aguiluchos laguneros. En un rato de unos 15 minutos pude contar hasta 9 ejemplares.

(Aguilucho lagunero occidental, circus aeruginosus).
Entre el carrizo se veía una pequeña ave, qué subía y bajaba sin cesar. Tras graduar bien los prismáticos puede comprobar qué se trataba de una tarabilla común.
Otras especies mas esquivas comenzaban a dejar verse poco a poco. Así comenzaron a desfilar zampullines chicos, gallinetas comunes y algunas fochas más.

(Focha común, fulica atra).
Con mucha paciencia, y tras un buen barrido por toda la línea de carrizo pude observar al esquivo calamón.
Poco a poco comenzaba a caer el sol, y cientos de pequeños pajarillos comenzaban a caer raudos y veloces al carrizo, para descansar en sus dormideros.
Primero comenzaron a llegar gorriones comunes. Posteriormente entraron gorriones molineros, y poco después le tocó el turno a los trigueros.
Puse mi atención a un gran taray qué había justo debajo de la torreta de observación, y vi qué se posaba un pequeño pajarillo qué parecía ser un gorrión común. Justo cuando se quedó quieto en la rama, pude comprobar qué se trataba de un gorrión chillón.
La oscuridad comenzaba a ganar terreno y los últimas pajarillos qué vi entrar en el carrizal fueron un gran grupo de escribanos palustres, más hembras qué machos.
Antes de bajarme de la torreta disfruté de una bonita puesta de sol, con magníficas vistas al Sistema Central, con sus cumbres cubiertas de nieve, y las estribaciones de los Montes de Toledo.
El camino de vuelta a la salida del humedal no deparó grandes sorpresas. Antes de abandonarlo aproveché para observar los últimos rayos de sol sobre el carrizal, y poder sacar algunas fotos de esos atardeceres tan espectaculares.

(Atardecer en el carrizal del Mar de Ontígola).
¡A qué estais esperando para colgaros los prismáticos y la cámara de fotos, y disfrutar de este espacio natural tan interesante, y tan cercano a Madrid!.
¡Felices avistamientos!.
© Rafita Almenilla.
Termino añadiendo la lista de especies avistadas en el Mar de Ontígola.


FAUNA DEL MAR DE ONTIGOLA


AVES
MAMIFEROS


Aguilucho lagunero
Conejo
Anade real

Busardo ratonero

Calamón

Colirrojo tizón

Cormorán grande

Cuchara europeo

Escribano palustre

Estornino negro

Focha común

Gallineta común

Gorrión chillón

Gorrión común

Gorrión molinero

Jilguero

Mirlo común

Mosquitero común

Pinzón vulgar

Tarabilla común

Triguero

Zampullín chico

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