viernes, 7 de septiembre de 2018

RUTA POR FUENTIDUEÑA DE TAJO


Tierras de frontera.

El río Tajo a su paso por el Sur de la Comunidad de Madrid, hace de frontera natural entre la Meseta, y el valle del mismo río.
Allá por el lejano siglo XII marcaba la línea fronteriza entre los reinos musulmanes y cristianos, manteniéndose casi de manera estable, salvo algunas incursiones de ambos bandos, la división entre la España musulmana y cristiana.
En esta divisoria fronteriza, las huestes cristianas, construyeron numerosos castillos y fortalezas a lo largo del valle del río. Hoy podemos disfrutar de este interesante legado histórico cultural, aunque desgraciadamente, algunas de estas construcciones están actualmente muy deterioradas.
Entorno a la Comarca de las Vegas tenemos varios ejemplos de estos baluartes como el Castillo de Albuer en Villamanrique de Tajo, el Castillo de Santiago en Fuentidueña de Tajo, la Ermita de la Virgen de Alarilla (antigua fortaleza musulmana), también en Fuentidueña, o el Castillo de Oreja, en Ontígola, ya en tierras toledanas.

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(Castillo de Santiago, también llamado Torre de Doña Urraca o Torre de los Piquillos, en el pueblo de Fuentidueña de Tajo).

Aparte del valor cultural, histórico y arquitectónico que atesoran estas edificaciones, son lugares ideales para los aficionados a la ornitología.
Suelen estar construidas sobre cerros de yesos, escarpes, cercanas a algunos ríos, y los huecos de sus torreones, columnas y murallas son lugares ideales para que aniden una variada avifauna. Así no es extraño que podamos deleitarnos con la presencia de especies tan variopintas como grajillas occientales, mochuelos comunes, lechuzas comunes, gorriones morunos, cigüeñas blancas, vencejos comunes, cernícalos primillas o aviones roqueros.
Fuentidueña de Tajo, con apenas 2000 habitantes, es uno de los pueblos más atractivos de la Comarca de las Vegas. Eminentemente agrícola, posee un patrimonio histórico artístico variado e interesante, con restos de la Prehistoria, romanos, musulmanes, y arquitectura industrial del siglo XIX.
La riqueza natural no le va a la zaga, y en el entorno de su término municipal podemos encontrar tres ecosistemas muy importantes para las aves.
-Sotos y riberas del río Tajo. Sotos compuestos por vegetación de juncos, espadañas, sauces, chopos, fresnos, álamos, tarayes, en un excelente estado de conservación. En este ecosistema podremos avistar especies tan atrayentes como oropéndola, pico menor, tórtola común, pájaro moscón o escribano palustre.

(Sotos ribereños en el río Tajo a su paso por Fuentidueña de Tajo).

-Zonas de cultivo de secano y zonas de regadío. Avefrías, garcillas bueyeras, codornices, aguiluchos laguneros entre las más destacadas.
-Zonas esteparias y cantiles de yesos. La vegetación es xerófila y gipsófila. Adaptada a estos ambientes tan secos y salinos. Cogujadas montesinas, collalbas negras, milanos reales, búhos reales, o chovas piquirrojas, habitan en estos ambientes tan singulares.
A esta riqueza natural hay que añadir la Cañada Real Soriana Oriental, que a modo de corredor ecológico recorre parte del municipio, uniendo ecosistemas tan diversos como núcleos urbanos, sotos y riberas, zonas esteparias, zonas de cultivo, o montes de repoblación.
Ficha técnica de la ruta.
-Tipo de ruta: lineal, ida y vuelta.
-Punto de inicio y fin de ruta: Avenida de Elena Soriano, parada de autobús.
-Distancia: 11 kilómetros, ida y vuelta.
-Desnivel: punto más alto 597 metros. Punto más bajo 547 metros.
-Dificultad: baja. Sólo tenemos una pequeña pendiente antes de llegar a lo alto de la Ermita de la Virgen de la Alarilla.
-Duración: 3 horas y 30 minutos, con paradas para ver aves.

(Ruta lineal de 3 horas y 30 minutos de duración y de dificultad baja, por Fuentidueña de Tajo).

-Patrimonio cultural: Castillo de Santiago, también llamado Torre de los Piquillos o Torre de Doña Urraca, siglos XII-XVIII. Iglesia Santiago Apostol, siglos XII-XVII. Ermita Virgen de Alarilla. Puente metálico sobre el río Tajo, siglo XIX, Fuente Salobre o Fuente de la Dueña. Mirador de Doña Urraca.
-Patrimonio natural. Sotos y riberas del río Tajo. Estepas y cantiles yesíferos de Fuentidueña de Tajo. Cañada Real Soriana Oriental.
-Accesos a Fuentidueña de Tajo.
-En coche. A-3, salida 59, y luego tomar la M-831. 37 minutos desde Madrid.
-En autobús. Línea 352 Madrid (Ronda de Atocha)-Tarancón. 1 hora desde Madrid.
Línea 353 Madrid (Ronda de Atocha)-Santa Cruz de la Zarza. 1 hora desde Madrid.
-En bicicleta. Una buena opción es coger el tren de cercanías desde Aranjuez, y desde allí ir en bici hasta Fuentidueña. Aunque son casi 3 horas de recorrido, el perfil es prácticamente llano.
Recomendaciones para la ruta.
-Las mejores épocas para realizar la ruta son el otoño y la primavera.
-Extremaremos la precaución en la zona de cantiles yesíferos. No subiendo a ellos entre los meses de Febrero a Junio, para no molestar a las aves.
-No salirse de los caminos, en especial en las zonas de yesos, porque podemos provocar erosión, y puede haber zonas peligrosas por desprendimientos.
-Respetar el patrimonio histórico artístico, sobre todo cuando visitemos el Castillo de Santiago.
Este es el relato de una ruta que realicé la segunda semana del mes de Agosto de 2018.
Reconozco que esta ruta siempre me ha gustado hacerla en toño o en primavera. En otoño para disfrutar de la variedad cromática del bosque de ribera, y en primavera porque el Tajo baja con más caudal y forma interesantes saltos de agua.
Pero tenía curiosidad por visitar la zona en plena época estival, y ver cómo iba evolucionando la migración post-nupcial.
Era la segunda semana del mes de Agosto y ya algunas especies estivales nos habían abandonado para emigrar a sus cuarteles africanos, como era el caso de los vencejos comunes, que ya se marcharon de Madrid ciudad.
El autobús desde Madrid me dejó en plena Avenida de Elena Soriano, la arteria principal del pueblo, rodeada de bonitas casas de pueblo de estilo manchego.
Pronto comencé a descender hacia el río Tajo, por un coqueto paseo peatonal flanqueado por un gran maizal. Al sur ya se veían los cantiles que rodeaban al Tajo, y sobre uno de ellos la Ermita de la Virgen de Alarilla, uno de mis objetivos de la ruta, junto con el de ver y fotografiar la collalba gris.

(Vistas de la Ermita de la Virgen de la Alarilla desde el pueblo de Fuentidueña de Tajo).

Gorriones comunes me acompañaban en mi paseo por las cercanías del maizal.
Unos cuantos aviones zapadores hacían vuelos rasantes sobre el maizal para atiborrarse de mosquitos, y dos de ellos se posaron sobre un cable.

(Aviones zapadores. Riparia riparia).

Este festín era compartido con algunas golondrinas comunes, qué aún aguantarían un mes más antes de comenzar la migración.
Crucé el bello puente sobre el Tajo obra del arquitecto Eiffel, que se integra perfectamente en el paisaje. Aproveché para observar los atrayentes sotos del Tajo. Sólo pude observar varios ánades reales.
En vez de tomar la Cañada Real Soriana Oriental, cogí una pequeña vereda que bordeaba el soto, por un área recreativa.
Tras una buena formación de juncos, me paré justo a la orilla del río, donde una pequeña presa de piedras propiciaba que se formasen unos saltos de agua muy interesantes.

(Saltos de agua en el río Tajo a su paso por Fuentidueña de Tajo).

Seguí avanzando por el bosque de ribera compuesto por chopos, sauces, olmos y álamos entre otras especies.
El sol comenzaba a calentar con justicia, y las sobras de las copas de los árboles eran aprovechadas para tomar algo de fresco por  las palomas torcaces.  

(Paloma torcaz. Columba palumbus).

Al otro lado del camino, justo en frente de la cañada real, comencé a oír el inconfundible reclamo aflautado de la oropéndola europea.
Me pasé un buen rato rastreando por los prismáticos, hasta que voló sobre mi cabeza, y fue a posarse a un árbol cercano.

(Oropéndola europea. Oriolus oriolus).

La vereda poco a poco se pegaba a un pequeño canal, y comenzaba a subir una pequeña pendiente. Desde ella tenía una buena vista del soto del río.
La vereda poco a poco se iba ensanchando, hasta terminar en la cañada real.
Había mucho contraste de paisajes entre la margen izquierda del camino, y de su derecha. A la derecha comenzaba la zona esteparia, con pequeños cerros yesíferos, y a la derecha zonas no cultivadas de regadío, y el bosque de ribera.
Transitando por la cañada real, comenzaron a verse las primeras cogujadas comunes.
A la izquierda del camino, una gran cantera rompía la armonía paisajística.
Me acercaba cada vez más al cerro yesífero donde estaba la ermita.

(Cañada Real Soriana Oriental de camino a la Ermita de la Virgen de Alarilla).

En las zonas arbustivas de la zona esteparia comenzaron a verse los primeros fringílidos, uno de mis grupos de aves favoritas.
Primero hicieron acto de presencia los jilgueros, y al poco rato les tocó el turno a los pardillos comunes.

(Jilguero europeo. Carduelis carduelis).

Cuando ya echaba en falta ver alguna rapaz, en lo alto del cerro de la ermita, comenzó a planear un águila calzada. Otra especie que ya estaba en plena migración post-nupcial.
El camino comenzaba a descender ligeramente, y era rodeado por un gran cerro yesífero, con un gran espartal. En la vaguada del cerro, había una charca con bastante agua para la época del año en la que nos encontrábamos. Un auténtico oasis, para un medio tan estepario.
Estuve haciendo una espera en la charca, donde pude ver algunos conejos que bajaban a saciar su sed.

(Conejo. Oryctolagus cuniculus).

Cuando ya me disponía a subir el cerro de la ermita, sobre los sotos del Tajo, que me quedaban por debajo, pasó volando un milano negro.
En pocas semanas seguramente, estaría en Tarifa esperando su turno para cruzar el Estrecho.

(Milano negro. Milvus migrans).

La subida a la ermita tenía una pendiente, que puede resultar un poco tediosa, pero merece la pena el esfuerzo por las magníficas vistas que se ven desde su alto. Al llegar a la puerta de la ermita, me deleité con las vistas de los cuatro puntos cardinales que se veían desde allí. El Valle del Tajo, el pueblo de Fuentidueña, las estepas de la Cañada Real Soriana Oriental, e incluso las estribaciones del Sistema Ibérico.

(Vistas desde la Ermita de la Virgen de Alarilla).

El calor ya apretaba con justicia, así que decidí acelerar el paso, y coger al autobús de vuelta a Madrid a su hora.
En el  camino de vuelta sólo anoté como especie nueva, una tórtola turca, en el soto del río.

(Tórtola turca. Streptopelia decaocto).

Cuando llegué a la parada del autobús, y viendo que aún me sobraban 45 minutos, me animé a subir al Castillo de Santiago y hacer un último intento a la collalba negra, pues tenía la intuición de que allí la vería.
Tras pasar la pintoresca fuente salobre, subí al castillo, o las ruinas que quedan de él. A pesar de ello, no le restan un ápice de belleza.

(Fuente salobre).

Rodeé todo el castillo en busca de alguna nueva especie de ave, y lo único que encontré fueron dos palomas domésticas.
Subí las escaleras que me llevaban al mirador de Doña Urraca. Allí las vistas eran tan atractivas como las que vi en la Ermita de la Alarilla.

(Vistas desde el mirador de Doña Urraca).

Y justo cuando iba a bajar del castillo para coger el autobús de vuelta, apareció entre sus ruinas la deseada collalba negra.
Al principio pensé que se trataba de un colirrojo tizón pero su cola negra en forma de “T” la delató.
Estuve un buen rato fotografiándola, y como queriendo retarme, comenzó a ocultarse en varios rincones del castillo.

(Collalba negra. Oenanthe leucura).

Cuando ya tenía varias fotos, pensé que lo mejor era retirarse y dejarla tranquila como ama y señora del castillo.
¡A qué esperáis para calzaros las botas y los prismáticos, y disfrutar de este lugar tan interesante!.
¡Felices avistamientos!
© Rapha Ac.
Termino el relato con la lista de especies avistadas durante la ruta.
FAUNA DE FUENTIDUEÑA DE TAJO
AVES
MAMÍFEROS
Águila calzada
Conejo
Ánade real
Avión zapador
Cogujada común
Collalba negra
Golondrina común
Gorrión común
Jilguero europeo
Milano negro
Oropéndola europea
Paloma torcaz
Pardillo común
Tórtola turca


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